sábado, 21 de marzo de 2015

MISTERIOS DE BIZANCIO.





El arma más misteriosa y enigmática de la historia: 

EL Fuego Griego.


El Imperio Bizantino

Al morir el Emperador Romano Teodosio I en el 395 el Imperio es dividido en dos porciones. Una Occidental con capital en Roma y otra Oriental con capital en Constantinopla (la actual Estambul). A pesar de que Roma cayó ante los bárbaros en el año 476 su parte Oriental se mantuvo en existencia hasta el 1453. Si bien en un principio los Bizantinos eran culturalmente romanos, al estar dicho Imperio étnicamente compuesto por una amplia mayoría de griegos, con el tiempo se fue helenizando. Es por esta razón, refiriéndonos a su fuerte cultura greco-macedonica, que muy poca gente hoy en día asocia a los bizantinos con los romanos.

En la historia de la humanidad ningún arma fue tan misteriosa y trajo tantas victorias a sus poseedores como el Fuego Griego. El Fuego Griego se basaba en una sustancia extremadamente inflamable que, según varios recuentos de la época, ardía hasta debajo del agua. Era el arma más mortífera de las flotas y ejércitos de asedio bizantinos y sus enemigos temblaban con solo nombrarla. Tal ventaja le otorgaba al Imperio que esta se mantenía con el mayor de los secretos, tan bien guardada fue su fórmula que al día de hoy es un misterio y nadie sabe como reproducirla.
En un principio el Fuego Griego era arrojado desde las embarcaciones bizantinas hacia el área donde se encontraban los navíos enemigos. Solo bastaba una flecha en llamas para que el área, tanto barcos como la superficie misma del agua, se convirtan en un ardiente infierno. Literalmente no había flota enemiga que pudiera soportar un ataque con esta letal sustancia ya que según varios recuentos de diferentes bandos de la época, el Fuego Griego no solo flotaba en el agua sino que además se adhería a su víctima (muy similar al napalm de las bombas de hoy en día). Con el tiempo, se fue adaptando a catapultas y herramientas de asedio siendo utilizado para amedrentar a las tropas defensoras de fortalezas y ciudadelas. Pero más impresionantemente aun a mediados de la Edad Media, valga la redundancia, un arma portátil fue adoptada: el primer lanzallamas de la historia. Se utilizaba un bastón con forma de garra el cual estaba conectado a un tanque con la sustancia mediante una manguera. Al acercarse las tropas enemigas un sistema manual hacía de bomba y por la garra del bastón salía un rocio de Fuego Griego el cual, al ser prendido con una antorcha o flecha ardiente, aterraba a los contrincantes.



Qué era el Fuego Griego

Nadie lo sabe a ciencia cierta. Solo se sabe que fue inventado en el 670 por Callicinus en Constantinopla. Callicinus era un arquitecto de Heliopolis en la provincia de Judea 
(aunque varios historiadores fechan el descubrimiento varios siglos antes en Alejandría, esta discrepancia radica en que existen registros del 400 antes de Cristo mencionando una sustancia similar). Al mostrarle a la junta de generales la capacidad de su descubrimiento, éstos decidieron guardarla bajo el mayor de los secretos, asesinando a cualquiera que conociera su composición y limitando la elaboración a un selecto grupo de alquimistas de confianza que trabajaban bajo estricto control del Imperio. El secreto se mantuvo tan bien que al día de hoy nadie sabe de qué estaba compuesto.

Su comportamiento era similar al napalm flotaba en el agua y hasta ardía debajo de esta, se adhería a la víctima y era prácticamente imposible de apagar, incluso al cubrirlo con arena si esta era removida continuaba ardiendo. Tras varias investigaciones se dedujo que consistía en un liquido inflamable basado en un compuesto de hidrocarburos de baja densidad. Hoy en día hay dos sugerencias sobre su posible composición: algunos, como la NASA, sugieren que podría haber estado compuesto de nitrato de potasio en estado mineral, sulfuro y petróleo; mientras que otros piensan en un compuesto de nitrato de potasio combinado con petróleo. Sin embargo, estas son solo suposiciones y su verdadera fórmula ha muerto junto al Imperio Bizantino.

En algunos sectores de la ciencia mas atrevida, se piensa que la tecnología empleada para fabricar el Fuego Griego era extraterestre.




Las ruinas del olvidado puerto bizantino delatan misterios por resolver

En un dique del puerto del Imperio Bizantino descubierto tras una sequía, cerca de Estambul, los arqueólogos excavaron lo que fue un antiguo centro floreciente. Pero, ¿cómo encaja esto en una ciudad de 1.600 años de antiguedad.

Ocultas durante un milenio, tuvo que ocurrir una grave sequía en el siglo XXI para revelar las ruinas de una ciudad portuaria perdida hace mucho tiempo. Cinco años después de que los arqueólogos descubrieran los cuatro kilómetros de largo de su malecón en un lago contaminado a 20 kilómetros de Estambul, ellos continúan desenterrando Bathonea, que está produciendo una gran cantidad de raros artefactos y una arquitectura que abarca mil años de la era bizantina. Las excavaciones de este año duplicaron prácticamente el tamaño conocido de Bathonea, reforzando la idea de que se trataba de una ciudad rica y bien conectada, con un puerto completamente equipado del que se nutrían allá por el siglo XI, cuando un terremoto la destruyó en gran parte. Bathonea es un raro e importante hallazgo, ya que poco queda en Bizancio (ahora la moderna ciudad de Estambul) de aquellos primeros siglos bizantinos, o del Imperio Romano de Oriente. El antiguo centro urbano se ha reconstruido encima tantas veces en sus 1.600 años de historia que ha dejado mucho detrás. Situada en una larga península de cultivos sobre el lago Kucukcekmece, que una vez fue una entrada en el Mar de Mármara, Bathonea reapareció en 2007 cuando una sequía redujo drásticamentte el agua del lago, dejando al descubierto partes de la muralla. Y al final resultó ser casi la mitad de la longitud del muro que alguna vez rodeó a Constantinopla (así fue rebautizada Bizancio por Constantino el Grande). El tamaño de la pared sugería que Bathonea era un puerto de seguridad importante para buques que se dirigían a Constantinopla, a comienzos del siglo IV, y el por qué la ciudad se fue convirtiendo en la sede del poder del Imperio Romano de Oriente. En años anteriores, los arqueólogos, dirigidos por Sengül Aydingün, de la Universidad Kocaeli, descubrieron algunos de esos diques rompeolas, una villa de varios pisos o palacio, una enorme cisterna, las bases redondas de un templo griego, y los últimos restos de una iglesia bizantina y el cementerio. Cerca de allí, los caminos de piedra se cruzan entre sí, sobre 1.500 años de historia. En 2012 se descubrió un gran edificio de varios pisos y una serie de pequeñas habitaciones al lado de la villa, cuyos artefactos indican un monasterio con talleres para la fabricación de metal, joyería y vidrio que comenzó su producción en el siglo IV. Los moldes de joyería que descubrieron nos ofrecen la primera evidencia arqueológica de la producción de joyas en Constantinopla, una tradición conocida a partir de las fuentes históricas. Otra clave fue encontrar, excepcionalmente conservadas, dos partes de la red de canales de agua subterráneos de cientos de metros de largo que mantenían la cisterna de Bathonea y sus edificios anexos con suministro de agua dulce. Otra cosa que hallaron fue un escondido edificio helenístico visto entre las estructuras decimonónicas y una carretera que lo conecta a un puerto del siglo II antes de nuestra era, y que ofrece aún más pruebas de los primeros días de Bathonea. 


El enorme terremoto del siglo XI parece que pudo destruir gran parte de Bathonea. Los arqueólogos siguen encontrando muros derribados de todos los edificios (incluso uno que mató a los tres hombres descubiertos bajo los escombros). Sin embargo, a juzgar por la cerámica encontrada, algunos residentes se ganaban la vida en Bathonea en fechas tan tardías como el siglo XII. Quedan muchas preguntas: ¿Cuál era la conexión de Bathonea con Constantinopla? ¿Quién vivía allí? Si era un puerto importante habitado por ricos y poderosos, la región fue refugio bien conocido por la élite de Constantinopla durante siglos, ¿por qué no aparecen en las conocidas fuentes históricas? (Su nombre es un marcador de posición, inspirado en dos referencias distintas de hace ocho siglos) ¿Y cuál fue su relación con Rhegion, un imperio local sito al otro lado del lago, en el Mar de Mármara? Para tratar de responder a estas preguntas, Aydingün y su equipo, se centrarán en la excavación este año en la punta de la península, donde el radar ha detectado que puede haber estructuras bajo tierra. También esperan reiniciar la exploración submarina. En 2008 se descubrió un edificio que pudo haber sido un faro. La tradición local sostiene que se trata de un minarete mágico que se eleva para advertir a los pobladores cercanos cuando pecan demasiado.

domingo, 15 de marzo de 2015

HISTORIA DE AL-ANDALUS.






¿Quienes eran los muladías, mozárabes, mudéjares y moriscos?.



Con estos cuatro nombres se definen a los cristianos o a los musulmanes de la Península Ibérica según habitasen los unos en los territorios de los otros conservando o no su religión, desde inicios del siglo VIII y hasta inicios del siglo XVII en caso de los moriscos.

A continuación describo a cada uno de ellos.



Muladíes.


Nombre dado a los cristianos que se convirtieron al Islam después de la conquista musulmana del año 711.

Los muladíes constituyeron el grupo mayoritario de la población musulmana de Al-Andalus porque, aunque éstos no persiguieron a los cristianos ni trataron de atraerlos a su fe, la mayor parte de la población adoptó la religión islámica. Ésta conversión masiva se explica por las ventajas económicas y sociales que comportaban el ser musulmán. Para los nobles hispanovisigodos significaba la posibilidad de mantener sus propiedades y su posición de preeminencia; para el resto de la población significaba librarse del pago de los impuestos personal y territorial, que afectaba a los no musulmanes. La arabización de los muladíes fue tan profunda que externamente no era fácil distinguirlos de los árabes de nacimiento. Sin embargo, en la práctica las diferencias entre viejos y nuevos musulmanes se fueron acentuando como consecuencia de la política nacionalista practicada por los dirigentes omeyas. Esta discriminación propició la aparición de sublevaciones y revueltas en las que se mezclaban factores sociales y políticos. Los principales focos de disidencia se localizaron en las Marcas fronterizas, aunque a finales del siglo IX se extendieron por la mayor parte de los territorios de Al-Andalus. En las ciudades de Zaragoza, Toledo y Mérida el descontento de los muladíes se transformó en movimientos independistas dirigidos por las autoridades locales. Las revueltas sociales desembocaron en una sublevación general de los muladíes contra la aristocracia árabe en el año 878. Desde la fortaleza de Bobastro, situada en la serranía de Ronda, Omar Ben Hafsun, se alzó como defensor de los muladíes y aglutinó a todos los rebeldes del sur de Andalucía. El movimiento comenzó a declinar tras la conversión al cristianismo del dirigente muladí en el año 899, pero hasta la época de Abd Al-Rhaman III no se consiguió su represión total.


Mozábares.

Nombre dado a los cristianos que vivían en los territorios dominados por los musulmanes tras la conquista de la Península Ibérica en el año 711.



Desde el primer momento los musulmanes mostraron un gran respeto hacia los cristianos, que eran, como ellos mismos y como los judíos, “gentes del Libro”, es decir, habían recibido la revelación divina. Como protegidos del Islam, se les garantizó la conservación de sus bienes y de sus derechos privados, así como la libertad para practicar su religión. A cambio de esta tolerancia, los cristianos tuvieron que aceptar el pago de ciertos impuestos y de la aceptación de una posición social inferior. Estaban obligados a pagar un tributo de carácter personal (yizya), que afectaba a los varones entre 20 y 50 años, y un impuesto territorial (yaray). La comunidad mozárabe conservó su organización política, eclesiástica y jurídica. Tenía sus propios condes, que eran los responsables de la comunidad ante la administración musulmana, sus jueces, que actuaban según las normas del derecho visigodo, sus recaudadores de impuestos y sus obispos. El Estado musulmán se reservó el derecho a intervenir en el nombramiento de las autoridades civiles y eclesiásticas cristianas además de convocar sus concilios. Durante el siglo VIII los musulmanes necesitaron la colaboración de los cristianos en las tareas de gobierno, por lo que no dudaron en utilizarlos como administradores y funcionarios, pero a medida que el dominio musulmán se hizo mayor los mozárabes fueron perdiendo influencia. En el siglo IX disminuyó la tolerancia de los dirigentes omeyas, debido a la participación de los mozárabes en los movimientos separatistas de las Marcas fronterizas y en las revueltas sociales. Esto hizo que el número de conversos a la religión árabe aumentara y que los que siguieron fieles al cristianismo se arabizaran para evitar su discriminación. Contra esa dependencia se levantaron, entre los años 851 y 859, los mozárabes más intransigentes, dirigidos por Eulogio de Córdoba. Buscaban de forma voluntaria el martirio, lo que se conseguía injuriando al Islam en público, algo castigado con la pena de muerte. Este movimiento dañó la convivencia entre cristianos y musulmanes, haciendo que muchos mozárabes emigrasen a los reinos hispanocristianos de norte y otros se hicieran musulmanes, con lo que a finales del siglo X la comunidad mozárabe era algo marginal en Al-Andalus. Más adelante, en los periodos de dominación de los almorávides y de los almohades, la situación de los cristianos incluso continuó deteriorándose.



Mudéjares.

Nombre dado a los musulmanes que permanecieron en los territorios ocupados por los cristianos durante el periodo de la reconquista.



Los acuerdos pactados con las poblaciones de Al-Andalus vencidas variaron según la forma en que fueron ocupadas, pero en general se garantizó la permanencia de los musulmanes y se les permitió conservar su religión, costumbres, organización y derecho, aunque las obligaciones tributarias que mantenían con la antigua administración fueron transferidas al nuevo poder. Esta actitud de los monarcas cristianos se producía, principalmente, por la necesidad de no despoblar y mantener la vida económica de los territorios ocupados. Sin embargo, a medida que la dominación se hacía efectiva, iban aumentando en número y su condición se fue deteriorando. La presencia de mudéjares fue grande en los reinos de la Corona de Aragón, particularmente en Valencia. En su mayoría eran campesinos que dependían jurisdiccionalmente de los nobles. En la Corona de Castilla la comunidad mudéjar estuvo formada por pequeños campesinos y, sobre todo, artesanos, que vivían agrupados en barrios propios, llamados aljamas. Sin embargo, el incumplimiento de los compromisos contraídos en las capitulaciones provocó la salida de numerosos musulmanes hacia Granada, expulsados por el rey Alfonso X después de la sublevación del año 1264. Durante el siglo XV las disposiciones legales se hicieron más restrictivas, pero a diferencia de los judíos, los mudéjares no despertaron el recelo de las masas populares cristianas. A pesar de todo, su situación se complicó después de la conquista del reino nazarí de Granada en el año 1492. Aprovechando la sublevación que protagonizaron los musulmanes granadinos en el año 1498, los Reyes Católicos obligaron a todos los mudéjares a convertirse al cristianismo. Los que tomaron esa opción pudieron quedarse en sus hogares y se les pasó a conocer como moriscos. Aunque finalmente en el año 1609 los moriscos fueron expulsados de España por el rey Felipe III. Emigraron principalmente al norte de África, en donde acabaron integrándose.


Moriscos.

Nombre dado a los musulmanes que permanecieron en España una vez finalizada la conquista cristiana de todos los territorios peninsulares.



La conquista del reino musulmán de Granada en el año 1492 supuso la incorporación de miles de familias de esta religión a la cultura cristiana, las cuales se sumaron a la ya voluminosa población de origen musulmán que vivía en los reinos cristianos desde lejanos tiempos de la Edad Media. A principios del siglo XVI los moriscos estaban repartidos por cuatro grandes áreas: reino de Valencia, valle del Ebro, tierras de Murcia y reino de Granada. Se mostraron muy tenaces en su resistencia a abandonar su religión y cultura. Supusieron además un peligro potencial al ser vistos como un apoyo firme y favorable a las ofensivas del imperio musulmán en el mediterráneo español. Formaban, por otro lado, comunidades muy cerradas, con un elevado número de población y con una importancia económica notable. Todo ello hizo que las relaciones entre la mayoría cristiana y la minoría musulmana fueran siempre difíciles, hecho puesto en evidencia durante la rebelión de los moriscos en las Alpujarras (1568-1570), que tuvo como consecuencia la dispersión forzosa por tierras de Castilla de los musulmanes granadinos. Las medidas políticas que llevaron a cabo los reyes durante el siglo XVI para superar esta situación, siendo muy variadas, no dieron sin embargo los resultados deseados. En el año 1609, el rey Felipe III acabó por ordenar la expulsión de todos los moriscos de España, alrededor de trescientos mil, lo que supuso una fractura extraordinaria en todos los niveles y la evidencia de un fracaso.

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