jueves, 15 de enero de 2026

EL IMPERIO ISLÁMICO.

 



 



Antes de la aparición del islam, los habitantes de la península arábiga estaban divididos en tribus nómadas que se desplazaban por el gran desierto arábigo y se dedicaban a la ganadería y al comercio con caravanas. Tenían en común la lengua, y eran politeístas, es decir, adoraban a diversas divinidades. Los conflictos entre ellos eran frecuentes por el control de las rutas comerciales y de los oasis.

Al sur de la península, existía una región fértil (Yemen) en la que podía practicarse la agricultura. Entre esta región y las civilizaciones del Mediterráneo, se estableció una próspera ruta comercial. En el centro de esta ruta, se situaba la ciudad de La Meca.


El Imperio islámico aunó a todos aquellos territorios en los que el Islam era la principal religión y Mahoma su profeta. Se extendió rápidamente durante siglos gracias a la idea de la guerra santa, llegando incluso a penetrar en Europa desde su punto de partida en Arabia.

En el siglo VII las enseñanzas de Mahoma en la península arábiga dieron lugar a una nueva religión: el islam. Tras su muerte (632) sus continuadores formaron un gran imperio que iba desde la India (por el este) y a la península ibérica (por el oeste en el año 711) a la que llamarán al-Ándalus (con capital en Córdoba). Detuvieron su expansión por Europa al ser vencidos por los fráncos (dirigidos por Carlos Martel) en la batalla de Poitiers (732). La máxima autoridad política y religiosa del imperio árabe fue el Califa. Se apoyaba en gobernantes regionales llamados emires o valíes. La primera dinastía (familia) gobernante fue la Omeya (con capital en Damasco) luego fue la Abasí (con capital en Bagdad) . Después vinieron los Fatimíes con Califato en Egipto y para finalizar con los Otomanos, dando por finalizado el Imperio Islámico en 1923.


¿Cuándo comenzó el Imperio islámico?

Su arranque tuvo lugar en el año 622, justo cuando Mahoma organizó a sus soldados para así unificar la península arábiga. Se incluye dentro de la Edad Media.


¿Cuándo terminó el Imperio islámico?

Su fin aconteció en 1923, justo cuando desapareció el Imperio otomano. Tras la Primera Guerra Mundial, los revolucionarios abolieron el imperio y la figura del sultán, creándose la República de Turquía. Se prolongó, pues, hasta la Edad Contemporánea.


Ubicación geográfica del Imperio islámico.

Durante su época de mayor extensión, que tuvo lugar durante el califato omeya, el Imperio islámico ocupaba Arabia, Persia, Egipto, el Magreb e Hispania.


Origen del Islam.

Los árabes antes del Islam.

Eran politeístas y, por tanto, creían en distintos dioses. Además, estaban divididos en múltiples tribus que luchaban entre sí (es decir, no había un poder central que las organizara).


Nacimiento de Mahoma.

Mahoma nació en La Meca (Arabia) durante el año 570, concretamente en el seno de una familia de adinerados mercaderes. Fue el fundador del Islam, una religión monoteísta en la que Alá era su único dios.



Expansión del Islam.

Alrededor de los 40 años, Mahoma comenzó a predicar su religión. Sin embargo, sus creencias no fueron bien recibidas por los jefes tribales de La Meca.

En el año 622 huyó a Medina con sus seguidores, un suceso que se conoce como la Hégira de Mahoma. Sus adeptos se fueron incrementando y, siete años después, regresó a La Meca y la conquistó.

Antes de morir, algo que ocurrió en el año 632, ya dominaba la península arábiga. Tras su fallecimiento, se eligió a Abu Bakr as-Siddiq como califa y continuador de Mahoma, convirtiéndose así en el nuevo líder político y religioso de los musulmanes.

Comenzó entonces la yihad o guerra santa, que se inició contra las ciudades vecinas. Posteriormente se conquistó el Imperio persa y los musulmanes se adentraron en el norte de África y la península ibérica, con la que se hicieron en el año 711.

Prosiguieron entonces hacia Francia, donde fueron derrotados por los francos, precursores del Imperio carolingio.



Etapas y cronología del Imperio islámico.


Califato ortodoxo (632-661).

Fueron los sucesores del propio Mahoma, principalmente familiares y amigos.

El Califato Ortodoxo (o Rashidun, 632-661 d.C.) fue el primer gobierno islámico tras la muerte de Mahoma, centrado en Medina, liderado por cuatro califas "bien guiados" (Abu Bakr, Umar, Uthman, Ali), que unificaron la península arábiga y expandieron el Islam rápidamente conquistando territorios del Imperio Bizantino y Sasánida, estableciendo las bases del estado musulmán y dividiendo al islam en suníes y chiíes por la sucesión de Ali.


Características Clave:.


Sucesión de Mahoma: 

Los primeros cuatro compañeros cercanos a Mahoma fueron elegidos como califas (sucesores) para liderar la comunidad musulmana.


Capital en Medina: 

Medina fue la sede del gobierno durante este período, aunque la expansión llevó el centro de poder hacia otras regiones.


Expansión Rápida: 

Bajo el liderazgo de estos califas, el ejército islámico conquistó extensos territorios, expandiendo el Islam desde Arabia hacia Oriente Medio y el norte de África.


Los Cuatro Califas:

Abu Bakr (632-634): Primer califa, sofocó revueltas y consolidó el control sobre Arabia.

Umar (634-644): Llevó a cabo grandes conquistas y organizó el estado musulmán.

Uthman (644-656): Culminó la expansión inicial, pero su asesinato marcó el inicio de divisiones internas.

Ali (656-661): Primo de Mahoma, su califato estuvo marcado por la guerra civil (Fitna) y fue asesinado, terminando esta etapa.

Origen del Cisma: La disputa sobre la sucesión de Ali llevó a la división entre suníes (que apoyaban a los primeros califas) y chiíes (que veían a Ali y sus descendientes como los legítimos sucesores).

El Califato Ortodoxo sentó las bases políticas y religiosas del mundo islámico antes de ser reemplazado por el Califato Omeya en 661.


El origen del problema entre chiitas y sunitas.

Este problema  se remonta a la disputa por la sucesión del Profeta Mahoma tras su muerte en el 632 d.C., una lucha de poder político sobre quién debía liderar la comunidad musulmana, no una diferencia teológica inicial. Los chiitas defendían que el liderazgo debía recaer en Ali, primo y yerno del Profeta, por ser de su linaje, mientras que los sunitas apoyaron la elección de Abu Bakr, considerándolo el más apto para dirigir, creando así dos facciones que derivaron en las ramas actuales del Islam.


Puntos Clave del Origen.

Disputa Sucesoria (632 d.C.): La cuestión central fue quién debía ser el califa (líder) después de Mahoma, generando una fractura política fundamental.


Liderazgo.

Chiitas (Shi'at Ali): "La facción de Ali", creían en un liderazgo hereditario y espiritual a través de los descendientes del Profeta.

Suníes (Ahl al-Sunnah): Apoyaron a los califas elegidos por consenso, defendiendo la tradición y la comunidad.

Desarrollo Posterior: Aunque empezó como una cuestión política, con el tiempo surgieron diferencias teológicas y legales, pero la raíz histórica es la sucesión de Mahoma.

Conflictos Actuales: Esta división histórica, aunque a veces politizada y manipulada por potencias regionales, sigue influyendo en conflictos en Oriente Medio, como en Irak, Siria y Yemen.

En resumen, la división nació de una cuestión política sobre la sucesión del Profeta Mahoma, y no de una disputa religiosa en sus inicios, marcando el futuro del Islam.


Califato omeya (661-750).

El Califato Omeya fue la primera dinastía hereditaria islámica, que trasladó la capital a Damasco, expandió enormemente el imperio hasta la Península Ibérica y el Cáucaso, centralizó la administración y dejó un gran legado cultural y arquitectónico (como Medina Azahara en Córdoba), pero cayó debido a conflictos internos y la Revolución Abasí, aunque una rama omeya resurgió en Al-Ándalus (756-1031).


Características Principales.

Origen: Fundado por Muawiya en 661 tras la primera guerra civil (Fitna).

Capital: Damasco, en Siria, reemplazando a Medina.

Expansión: Conquistó el Magreb, la Península Ibérica, Anatolia, Asia Central y partes de la India, alcanzando su máxima extensión territorial.

Gobierno: Estableció un sistema dinástico y hereditario, enfocado en la administración centralizada.

Legado: Impulsaron la cultura, la ciencia (medicina, astronomía, matemáticas) y la arquitectura, traduciendo textos clásicos.


Caída y Resurgimiento.

Caída en Oriente (750): Fue derrocado por la Revolución Abasí, que buscaba igualdad y buen gobierno.

Resurgimiento en Al-Ándalus (756-1031): Sobrevivientes omeyas establecieron un emirato y luego un califato independiente en la Península Ibérica, con Córdoba como capital, dejando joyas como La Mezquita de Córdoba.






 
Al-Ándalus fue el nombre que los musulmanes dieron a los territorios de la Península Ibérica bajo su dominio durante la Edad Media (711-1492), un período de casi ocho siglos de presencia islámica que dejó un rico legado cultural, científico y artístico, caracterizado por la convivencia de musulmanes, cristianos y judíos y su desarrollo en ciencia, filosofía y arte, culminando con la conquista de Granada por los Reyes Católicos.


Características principales.

Territorio: Inicialmente abarcó casi toda la península, incluso llegando más allá de los Pirineos, pero se fue reduciendo progresivamente con la Reconquista cristiana hacia el sur, hasta el Reino de Granada.

Cronología: Comenzó con la invasión musulmana en el 711 y terminó con la caída de Granada en 1492.

Organización política: Pasó por etapas como emirato dependiente, califato independiente (Califato de Córdoba, época de máximo esplendor) y luego se fragmentó en reinos de Taifas.

Legado: Impulsó avances en agricultura (regadío, nuevos cultivos), ciencia, filosofía, arte (Mezquita de Córdoba, Alhambra) y urbanismo, convirtiendo ciudades como Córdoba en grandes centros culturales y económicos.

Sociedad: Fue multicultural, con una jerarquía de árabes, bereberes, judíos y mozárabes (cristianos), destacando por la tolerancia y la transmisión de conocimiento.


Fin de Al-Ándalus.


El proceso finalizó en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos, poniendo fin a la presencia política musulmana en la península, aunque la expulsión definitiva de los moriscos se dio más tarde, en 1609.


Vamos a ver ahora, las etápas mas importantes en la Historia de Al-ándalus.



El Emirato Independiente de Córdoba (756-929).


Fue un estado islámico en la península ibérica (Al-Ándalus) fundado por Abderramán I, un príncipe omeya que huyó de la masacre abasí en Oriente, logrando la independencia política de Damasco pero manteniendo la unidad religiosa, estableciéndose en Córdoba como centro de poder omeya en Occidente y sentando las bases para el posterior Califato de Córdoba, un período de gran esplendor cultural y político en la península.


Características Principales.

Independencia Política: A diferencia del emirato dependiente anterior, el emir de Córdoba gobernaba con poder ejecutivo, legislativo y judicial, sin reconocer la autoridad política de los califas abasíes.


Origen Omeya: Fue fundado por Abderramán I, el único superviviente de la dinastía omeya tras su derrocamiento en Oriente, estableciendo una dinastía propia en Al-Ándalus.


Capital: Córdoba se consolidó como la capital, convirtiéndose en una ciudad de gran desarrollo cultural, económico y arquitectónico, símbolo de la fortaleza del emirato.


Consolidación: Durante casi dos siglos, se consolidó el poder islámico en Hispania, integrando Al-Ándalus en el mundo islámico y experimentando una rápida islamización.


Transición: El emirato enfrentó desafíos como revueltas internas y conflictos con los reinos cristianos del norte, hasta que Abderramán III se proclamó califa en el 929, transformando el emirato en el Califato
de Córdoba, la etapa de máximo esplendor.

En resumen, el Emirato de Córdoba fue la primera fase de un poder omeya independiente en la península ibérica, un puente entre la administración dependiente inicial y el gran Califato que surgiría después, marcando un periodo crucial para la historia de Al-Ándalus.


La Mezquita de Córdoba.

Fue erigida inicialmente por Abderramán I en el año 785, comenzando la gran construcción sobre una antigua basílica visigoda, y a ella siguieron importantes ampliaciones por otros califas como Abderramán II y Alhakén II, quienes la consolidaron como la majestuosa mezquita que conocemos hoy, uniendo poder religioso y político en Al-Ándalus.

Fases principales de su construcción: Abderramán I (siglo VIII): Inició la mezquita original, estableciendo las bases de su planta y el patio, simbolizando el poder del nuevo Emirato Independiente de Córdoba.

Hisham I (siglo VIII):  Su hijo terminó las obras inacabadas y construyó el primer alminar (torre).

Abderramán II (siglo IX): Realizó la primera gran ampliación, extendiendo la sala de oración hacia el sur.

Alhakén II (siglo X): Ejecutó la segunda gran ampliación, añadiendo la deslumbrante Maxura (espacio reservado al califa) y la bóveda califal del mihrab, que son las partes más ornamentadas que se conservan.

Almanzor (finales del siglo X): Llevó a cabo la última gran ampliación, añadiendo ocho naves al lado oeste para dar cabida al crecimiento de la ciudad, lo que le dio un aspecto más militarizado.

Así, la mezquita es un edificio que creció a lo largo de tres siglos, reflejando la evolución del poder Omeya en la península ibérica. 


Medina Azahara.

Fue una ciudad palatina, la capital administrativa y residencia del califa Abderramán III en el siglo X, construida a las afueras de Córdoba como símbolo del poder del Califato Omeya, destacando por su lujo, sofisticación arquitectónica y sus impresionantes jardines, aunque fue destruida durante una guerra civil apenas un siglo después de su creación.


¿Qué fue?

Una ciudad palatina: Un complejo urbano que funcionaba como centro de gobierno, residencia real y símbolo de la grandeza del Califato de Córdoba.

Una obra maestra arquitectónica: Diseñada para impresionar, utilizaba mármoles, oro y piedras preciosas, con fuentes, jardines y una organización en terrazas para separar las zonas.


¿Quién la mandó construir?

Abderramán III, el primer califa omeya de Córdoba, alrededor del año 936.


¿Por qué se construyó?

Símbolo de poder: Para demostrar la riqueza y supremacía del nuevo califato independiente.

Centro administrativo: Para albergar el gobierno civil y militar, además de la residencia del califa.


¿Qué pasó con ella?

Destrucción: Sufrió graves daños durante la "Fitna" (guerra civil) a principios del siglo XI, lo que llevó al abandono y ruina de la ciudad.

Redescubrimiento: Fue redescubierta en el siglo XX, y hoy es un importante yacimiento arqueológico y Patrimonio de la Humanidad, con extensas excavaciones en curso.

En resumen: Medina Azahara fue una deslumbrante "ciudad brillante" (su significado en árabe) que representó el apogeo del Califato de Córdoba, pero cuya vida fue corta, terminando trágicamente con la fragmentación del califato.


 
Califato de Córdoba.


Qué fue el califato de Córdoba y qué poder tenía?

El califato de Córdoba fue un período de la historia de Al-Ándalus en el que la ciudad de Córdoba, en la actual España, se convirtió en el centro político y cultural del mundo islámico occidental. Durante este tiempo, el califato de Córdoba alcanzó un poder y una influencia impresionantes, convirtiéndose en uno de los mayores imperios de su época.


El origen del califato.

El califato de Córdoba se estableció en el año 929 por Abderramán III, quien se proclamó califa, título que significa «sucesor» en árabe, en referencia a su sucesión directa del profeta Mahoma. Abderramán III unificó los diferentes reinos islámicos de la península ibérica bajo su liderazgo, creando así un estado centralizado y poderoso. Este logro fue especialmente notable, ya que en ese momento el mundo islámico estaba fragmentado en múltiples pequeños reinos.

El califato de Córdoba alcanzó su máximo poder durante el reinado de Abderramán III y su hijo Alhakén II. Durante este período, Córdoba se convirtió en una de las ciudades más avanzadas y prósperas del mundo, superando incluso a otras capitales islámicas como Bagdad y El Cairo. La ciudad contaba con impresionantes construcciones, como la Mezquita de Córdoba, y se convirtió en un importante centro intelectual y cultural.

El califato de Córdoba también ejerció un gran poder militar. Su ejército era temido y respetado en toda la región. Durante el reinado de Alhakén II, se llevaron a cabo importantes expediciones militares para expandir las fronteras del califato. Estas campañas militares llevaron al control de territorios tan distantes como el norte de África y la península itálica.


Centro económico y tolerancia religiosa.

Además de su poder militar y cultural, el califato de Córdoba también fue un importante centro económico. Córdoba era una ciudad próspera, con una economía basada en la agricultura, la industria y el comercio. La ciudad se convirtió en un importante centro de producción y comercio de bienes, como tejidos, cerámica y productos agrícolas. Por otro lado, gracias a su ubicación estratégica, Córdoba se beneficiaba del comercio con otras regiones del Mediterráneo y del mundo islámico..

El califato de Córdoba también fue conocido por su tolerancia religiosa y cultural. Aunque el islam era la religión oficial del califato, se permitía la práctica de otras religiones, como el judaísmo y el cristianismo. Esto atrajo a muchos eruditos y artistas de diferentes culturas y religiones, creando así una sociedad multicultural y diversa.


Comienzo del declive.

Sin embargo, a pesar de su poder y éxito inicial, el califato de Córdoba comenzó a debilitarse a finales del siglo X debido a conflictos internos y luchas de poder. Las diferentes facciones dentro del califato comenzaron a luchar entre sí, debilitando así su unidad y capacidad de gobierno. Además, los reinos cristianos del norte de la península ibérica se aprovecharon de estas divisiones y comenzaron a reconquistar territorios perdidos.

Finalmente, en el año 1031, el califato de Córdoba se desintegró por completo y se convirtió en múltiples reinos taifas. Estos pequeños reinos fueron fácilmente conquistados por los reinos cristianos en los siglos siguientes, poniendo fin al dominio islámico en la península ibérica.


Origen y Duración:

Inicio (929): Abderramán III, emir desde 912, se autoproclama califa en 929, unificando el poder religioso y político.

Fin (1031): Tras la dictadura de Almanzor y la debilidad de los califas posteriores, el califato se desintegró en pequeños reinos llamados taifas.


Características Principales:

Esplendor Cultural: Córdoba se convirtió en un centro de civilización con grandes avances en ciencia, arte, literatura y filosofía, rivalizando con las grandes capitales orientales.

Poder Político y Militar: Ejerció hegemonía sobre la península y el norte de África, y fue una potencia militar y económica importante.

Desarrollo Urbanístico: Se impulsó la construcción de grandes obras, destacando la ampliación de la Mezquita de Córdoba y la construcción de la ciudad palatina de Madínat al-Zahra.

Convivencia y Tolerancia: Fue un periodo conocido por una relativa convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos, aunque con matices, promoviendo el saber y la cultura.


Legado:

Marcó el apogeo de la presencia islámica en la Península Ibérica, dejando una profunda huella cultural, artística e intelectual que influyó en la Europa medieval.



Reinos de Táifas. 


Nos encontramos en el año 1031 y el califato de Córdoba (el reino musulmán de Al-Andalus) sufre una grave crisis de poder. El resultado: el reino musulmán se acaba dividiendo en otros “pequeños” reinos, los llamados reinos Taifa. Y citamos “pequeños” entre comillas, porqué algunos agrupan varias provincias actuales, como Lleida, Tortosa y parte de Aragón.

Pero… ¿Por qué en la historia siempre se les ha acusado de ser uno de los peores capítulos del reinado musulmán? Pues posiblemente porqué la historia la escriben los ganadores, y en este caso ganaron los reinos cristianos. Hoy sabemos que no fue tan negra su historia, sino que más bien contribuyeron bastante en la cultura.

Vamos a desgranar este episodio histórico, poco conocido hoy en día, con algunos detalles que nos permitirán entender mejor nuestro pasado.


¿Quiénes son los reyes Taifa y cómo se hacen estos nuevos reinos?

Todo empieza con diversos golpes de poder en el califato de Córdoba, los cuales hacen que este pierda el auténtico control de su territorio y acabe fragmentándose en pequeños reinos.

Y aquí surgen tres tipos de reinos Taifa, los cuales se distribuyen en diferentes zonas:

Amiritas: son antiguos altos funcionarios del reino califa, incluso esclavos. Estos, al ser apartados del poder cuando se acaba con las antiguas estructuras, se desplazan al norte y oriente (zona de Catalunya i València), donde se hacen fuertes hasta fundar sus propios reinos.

Antigua aristocracia árabe: en este caso, hablamos de la parte aristocrática más antigua, que entra en Al-Andalus con la expansión de territorios musulmanes y acaba asentándose en la península. Tras la escisión ocuparan las tierras centrales como Zaragoza o Sevilla.

Aristocracia bereber: aristócratas como los anteriores, pero en este caso no tienen los orígenes en la península arábica sino en el norte de África. Ocuparan territorios más al oeste, como Badajoz.


¿Cómo los ven los antiguos califas?

En general, mal. Hay diversas crónicas donde queda constancia que la división del reino se ve como una señal de debilidad, más teniendo de amenaza a los vecinos a cristianos. Según citan, la proximidad cultural dividida en diversos reinos es un problema que los hace frágiles ante los vecinos cristianos.

Y algo de razón tenían: un reino dividido era mucho más débil que uno unido en esta lucha de religiones entre musulmanes y cristianos. La historia nos ha demostrado que la reconquista cristiana solo era realmente efectiva (terrenos no reconquistados por musulmanes al poco tiempo) cuando había división en el “reino” musulmán.


¿Cómo eran los reinados?

Existieron muchas maneras de administrar las regiones, y todas dependían de la personalidad de su taifa.

En algunos casos, el territorio taifa era incluso más grande que muchas de las coronas cristianas, abarcando diversas de las actuales provincias. Estos taifas poseían tal poder y tal economía que podían permitirse importar los mejores artistas y arquitectos de otras zonas. De aquí empieza a surgir una arquitectura que, por ejemplo, acabaría siendo el arte mudéjar, tan famoso en zonas como Teruel.

Sobre su cultura más o menos inclusiva con ciertos placeres no tan permitidos por el islam, también existieron diferencias. Algunos taifa fueron más radicales y otros más laxos, siempre dependía de la personalidad del “jefe”.

Otros taifas se volcaron más en expandir o en asegurar su poder. Por ello, la parte militar siempre estaba presente. En algunos casos, los reinos taifas siempre trataban de expandir sus territorios conquistando los de la taifa vecina, o luchando contra sus eternos enemigos: los cristianos.


¿Cómo se relacionan estos reinados Taifa?

Muchas veces entendemos la Edad Media como un periodo de múltiples guerras entre todos, y no vamos desencaminados. Sin embargo, volcamos nuestra atención en periodos bélicos porqué siempre tienen más historias que narrar o héroes y villanos que lucir.

En cambio, los periodos de comercio son más desapercibidos y anónimos. Un comerciante no destaca tanto como un guerrero y posiblemente se ha escrito menos sobre él. Sin embargo, no es menos importante, ya que las etapas de comercio y de trato entre vecinos también existieron.

Por ello, los reinos taifa podemos decir que son una mezcla entre las etapas más militares, de conquista y defensa entre reinos o contra cristianos, y etapas de comercio. También con reinos cristianos, pues entre musulmanes y cristianos hubo una gran actividad comercial de intercambio de bienes… y de cultura.


Y con los reinados cristianos, ¿Cómo es la relación?

En este caso hubo una evolución muy destacada. La historia empezó con un califato fuerte que se desmembró en reinos taifa. Sin embargo, estos seguían teniendo grandes territorios y capacidad militar para luchar y defender sus territorios, o incluso expandirlos. También eran conocidos por sus razias, donde una expedición musulmana se internaba en territorio cristiano para saquearlo o destruir poblaciones y luego retirarse a territorio musulmán.

Con el tiempo, los reinos taifa fueron debilitándose y necesitaron la ayuda (pagada) de mercenarios. Es conocida por todos la figura del famoso Cid. Este mercenario luchó a favor de los reinos musulmanes de la zona de Valencia (Peñíscola, por ejemplo).

Pero los reinos taifa siguieron debilitándose hasta el punto de ser “rehenes” de estos propios mercenarios o de reinos cristianos y tener que pagar tributo para mantener su territorio. Y sí, resulta curioso pensar que la reconquista cristiana pasó por una fase donde los seguidores de la cruz no avanzaban porqué los reinos musulmanes pagaban esta especie de alquiler. Hasta que los cristianos se sintieron fuertes y reconquistaron de verdad.


Contexto Histórico resumido.

Origen: Tras una guerra civil (la Fitna de al-Ándalus), el Califato de Córdoba, que antes unificaba el poder musulmán, se desintegró a principios del siglo XI, dando lugar a esta fragmentación política.
Periodos: Hubo tres periodos principales de taifas: los primeros (siglo XI), los segundos (mediados del siglo XII, tras la caída de los almorávides) y los terceros (siglo XIII, tras la caída almohade).

Fragmentación: División de Al-Ándalus en múltiples reinos independientes.

Debilidad: Políticamente más débiles, a pesar de que algunas ciudades se convirtieron en brillantes centros culturales y artísticos (Sevilla, Zaragoza, Toledo).

Parias: Pago de tributos a los reinos cristianos para asegurar su supervivencia.
Intervención Externa: Buscaron ayuda de imperios norteafricanos (almorávides y almohades) para defenderse de los cristianos.



Los Almorávides.


Los almorávides, auge y caída de un imperio | ¡O César o Nada!Los Almorávides fueron una dinastía bereber del noroeste de África que, desde finales del siglo XI hasta mediados del XII, fundó un vasto imperio que dominó el norte de África y gran parte de Al-Ándalus (la España musulmana), siendo conocidos como monjes-soldados por su riguroso islamismo y espíritu guerrero, invadiendo la península ibérica como respuesta a los reinos de Taifas.


¿Quiénes eran?

Origen: Tribus nómadas del desierto del Sahara y el Magreb, como los Zanhaga.


Ideología: Una interpretación muy estricta y ortodoxa del Islam, buscando un retorno a sus orígenes.

Líder: Fundados por Abd Allah ibn Yasin en 1042.

Nombre: Su nombre significa "los que habitan en un ribat", un puesto fronterizo fortificado.
Su Imperio y Expansión:

Creación: Formaron un poderoso imperio que abarcó desde el actual Marruecos hasta Mauritania, Argelia y el sur de la Península Ibérica.

Capital: Fundaron y establecieron Marrakech como su capital.

Llegada a España: Fueron llamados por los reinos de Taifas para frenar el avance cristiano, cruzando el Estrecho de Gibraltar.

Hitos en España: Derrotaron a Alfonso VI en la Batalla de Sagrajas (1086) y unificaron Al-Ándalus bajo su dominio, extendiéndose hasta controlar toda la España musulmana.


Su Final.

Declive: Su poder comenzó a decaer hacia 1145.


Sustitución: Fueron reemplazados por otra dinastía norteafricana, los Almohades, a mediados del siglo XII.



Los Almohades.


Los almohades fueron una dinastía bereber de origen marroquí que gobernó el norte de África y el sur de la Península Ibérica (Al-Ándalus) entre los siglos XII y XIII (aprox. 1147-1269), sucediendo a los almorávides. Su nombre significa "los que reconocen la unidad de Dios" (del árabe al-muwaḥḥidūn) y surgieron como un movimiento reformista islámico, liderado por Muhammad ibn Tumart, para restaurar la pureza del Islam frente a lo que consideraban la laxitud religiosa de sus predecesores.


Capitales del Imperio Almohade:

El Imperio almohade tuvo dos capitales principales que funcionaban como los centros neurálgicos de sus vastos dominios en el Magreb y la península ibérica.

Marrakech (Marruecos): Fue la capital principal y espiritual de todo el imperio. Tras ser conquistada a los almorávides en 1147, se convirtió en la sede del califato y el centro desde donde se dirigían las campañas militares hacia África y Al-Ándalus.

Sevilla (España): Fue establecida como la capital administrativa y política de Al-Ándalus a partir de 1172. Debido a su ubicación estratégica y su conexión fluvial, los almohades la convirtieron en su residencia palaciega y base de operaciones en la península, impulsando grandes construcciones como la Giralda y el Real Alcázar de Sevilla.

Antes de la toma de Marrakech, el movimiento tuvo su centro de origen y capital inicial en Tinmel, una aldea en las montañas del Gran Atlas donde se encuentra el mausoleo de su fundador, Ibn Tumart.


Origen y Ascenso:

Fundador: Muhammad ibn Tumart, un líder religioso del Alto Atlas, fundó el movimiento.


Ideología: Predicaban un retorno riguroso al Corán y la Sunna, oponiéndose a las interpretaciones más relajadas del Islam, e incluso al antropomorfismo que atribuían a Alá.

Conquista: Tras la muerte de Ibn Tumart, su discípulo Abd al-Mumin lideró las tribus bereberes, derrotó a los almorávides y estableció un califato que dominó el Magreb y Al-Ándalus.


Dominio y Características:

Extensión: Controlaron vastos territorios desde Marruecos hasta gran parte de la Península Ibérica.

Cultura y Arte: Impulsaron un importante desarrollo cultural, militar y artístico, con una fuerte impronta de ortodoxia religiosa.

Enfrentamiento con Cristianos: Fueron un gran poder en Al-Ándalus, enfrentándose a los reinos cristianos, aunque su poder decayó tras la Batalla de Las Navas de Tolosa (1212)


Una edad dorada.

Los sucesores de al-Mumin continuaron incrementando el poder almorávide en al-Ándalus, con un momento cumbre en 1195, cuando derrotaron a los castellanos en la batalla de Alarcos. Tras esta victoria, los almohades vivieron su época de mayor esplendor.

El desarrollo de la filosofía y las ciencias tuvieron exponentes como Ibn Tufail y Averroes. El impulso del arte se pudo palpar en la capital andalusí: en Sevilla se levantó la mezquita aljama y alminar que, tras la conquista cristiana, acabarían reformados en catedral y el campanario de la Giralda. Pero la edad dorada no pudo extenderse mucho en el tiempo. Diversas amenazas se cernían sobre los almohades.


El fin de los almohades.

En el norte de África se sucedían incursiones contra los almohades. En 1198 pactaron una tregua de diez años con Castilla. La intención era preparar un gran ejército para enfrentarse a los cristianos. Pero los reinos del norte peninsular tuvieron el mismo tiempo para prepararse, y lo hicieron mejor, espoleados por la derrota en Alarcos. La caída de los almohades no se hizo esperar tras la tregua:

“En julio de 1212 un ejército conjunto de León, Castilla, Navarra y Aragón avanzó hacia el sur desde Toledo y se enfrentó a los almohades en Las Navas de Tolosa. Los almohades sufrieron tal derrota que su poder en España quedó prácticamente aniquilado”.

En resumen:  Los almohades establecieron un vigoroso imperio que se extendía desde el centro de Portugal, la mitad sur de la península Ibérica llegando hasta Trípoli (Libia). El dominio de los almohades, que desembarcaron en Al-Andalus en el año 1145, empezó a debilitarse tras la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212 donde una coalición de reinos cristianos de la Península provocó la derrota del imperio almohade y marcó el principio del fin de la supremacía islámica en la Península Ibérica. Como consecuencia de la decadencia del imperio almohade, la taifa de Granada se reconstituyó como Reino plenamente independiente, formando el reino nazarí de Granada.



El Reino Nazarí de Granada (1238-1492).


 Fue el último estado musulmán en la Península Ibérica, fundado por la dinastía nazarí (Banu Nasr) y con capital en Granada, destacando por su fortaleza, la Alhambra, y su prolongada resistencia ante los reinos cristianos hasta su rendición final ante los Reyes Católicos en 1492, marcando el fin de al-Ándalus.


Características Principales.

Fundación: Creado por Muhammad I (Alhamar) alrededor de 1238, tras la caída almohade, inicialmente desde Jaén y luego consolidado en Granada.

Dinastía: Gobernado por la dinastía Nazarí (Banu Nasr), de origen árabe.
Capital: Granada, con la Alhambra como centro del poder y residencia real.

Duración: Existió durante más de dos siglos, siendo un estado muy longevo en la Edad Media.

Legado: Su patrimonio más conocido es la Alhambra y el Generalife, reflejo de su rica cultura.


La Alhambra de Granada.

Fue una impresionante ciudad palatina islámica construida por la dinastía nazarí (siglos XIII-XIV), funcionando como fortaleza, palacio real y centro administrativo, destacando por su exquisita arquitectura hispanomusulmana, patios, fuentes y jardines, y es hoy uno de los monumentos más visitados de España y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su nombre árabe, al-Hamrá, significa "la roja", por el color de sus muros, y se alza sobre la colina de la Sabika dominando Granada.


Elementos Clave.

Origen: Inició como una fortaleza militar, y los sultanes nazaríes la transformaron en una ciudadela completa.

Función: Fue la residencia oficial de los sultanes, su corte y gobierno, con palacios (Mexuar, Comares, Leones), mezquitas, cuarteles y baños.

Arquitectura: Es la máxima expresión del arte nazarí, famosa por sus intrincados detalles decorativos, azulejos, yeserías y la armonía con el entorno natural.

Post-Conquista: Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492, se convirtió en palacio real cristiano, con adiciones como el Palacio de Carlos V.

Hoy en Día: Es un complejo monumental gestionado por un Patronato y uno de los sitios turísticos más importantes de España, reconocido por la UNESCO desde 1984.

En resumen, la Alhambra fue un centro de poder político y cultural islámico que se adaptó a la realeza cristiana, conservando su belleza y legado como un testimonio invaluable de la historia y el arte.


Fin del Reino.

Guerra de Granada:
Los Reyes Católicos (Isabel y Fernando) asediaron el reino durante años.

Caída: El 2 de enero de 1492, su último rey, Muhámmad XII (Boabdil el Chico), entregó la ciudad, poniendo fin a la presencia musulmana en España.


Relevancia:

En el siglo XV se inicia un período de debilidad a causa de las frecuentes luchas entre las familias nobles que querían el trono granadino. El último rey Nazarí de Granada fue Boabdil (Abu Abd Allah), hijo del rey de Granada Muley-Hacén (Abu-l-Hasan ‘Alí), que ascendió al trono en 1482 tras una revuelta popular. En 1483 fue hecho prisionero por las tropas de Fernando el Católico y en 1486 fue restituido como rey con la condición de pagar tributos a los Reyes Católicos. Poco despues estalló la guerra civil entre los partidarios de Boabdil y los de su tío el Zagal (Abu ‘Abd Allah Muhammad), lo que facilitó el avance cristiano hacia Granada. Sitiada por los ejércitos de los Reyes Católicos desde la primavera de 1491, Granada cayó el 2 de enero de 1492. Con la toma de Granada se culmina el proceso político-militar de la reconquista.

Representó el último bastión de la civilización islámica en la península, conservando su independencia gracias a alianzas y su difícil equilibrio geopolítico, hasta su caída definitiva en 1492.

-------------------------------------------


Dejando ha un lado Al-ándalus, vamos a continuar con los siguientes Califatos que se fueron sucediendo en el Imperio Islámico.  Los Omeyas fueron desplazados por los Abasíes.    Veámos.



Califato abasí (750-1258).


El Califato Abasí fue una dinastía que gobernó gran parte del mundo islámico desde su capital en Bagdad, sucediendo a los Omeyas y marcando una "Edad de Oro" de la ciencia, cultura y prosperidad bajo califas como Harún al-Rashid, pero decayó políticamente, fragmentándose hasta su fin con la invasión mongola, aunque una línea "fantasma" continuó en El Cairo hasta 1517, cuando los otomanos tomaron el título.


Origen y Ascenso:

Derrocamiento Omeya: Los abasíes, descendientes de Abbas, tío de Mahoma, se levantaron contra los Omeyas, que gobernaban desde Damasco.

Fundación: Abu al-Abbas as-Saffah se convirtió en el primer califa abasí en 750.

Nueva Capital: Al-Mansur fundó Bagdad en 762, convirtiéndola en un centro mundial de civilización y conocimiento.


Apogeo (Edad de Oro):

Harún al-Rashid (786-809): Su reinado es famoso por la prosperidad y el fomento de las artes y ciencias, siendo inmortalizado en Las mil y una noches.

Avances: Se tradujeron obras clásicas, y hubo grandes logros en matemáticas, astronomía y medicina, enriqueciendo la cultura islámica con influencias persas y griegas.


Declive y Fragmentación:

Pérdida de Poder: A partir del siglo X, el poder real disminuyó ante el auge de dinastías locales y líderes militares (sultanes).

Independencias: Al-Ándalus (España) se independizó en 756, y surgieron estados autónomos en el Magreb y Persia.


Dependencia:

 Los abasíes se volvieron figuras espirituales, perdiendo control secular ante visires o dinastías como los Buyíes y luego los Selyúcidas.


Fin del Califato Abasí de Bagdad:

Conquista Mongol: En 1258, los mongoles saquearon Bagdad, matando al último califa abasí, Al-Musta'sim, poniendo fin al califato en Irak.


Legado:

Los abasíes establecieron un legado duradero en la cultura, ciencia y administración islámica, creando una era de esplendor intelectual que influenció a todo el mundo.



Califato fatimí (909-1171).


El Califato Fatimí fue un poderoso califato chiita ismailita, el único de la historia, con origen en el norte de África (Túnez) y que convirtió a Egipto en su centro, dominando en su apogeo gran parte del Mediterráneo, incluyendo partes del Magreb, Sicilia y el Levante, desafiando a los califatos sunitas abasí y omeya, y sentando las bases para el esplendor de El Cairo.


Características Principales:

Origen y Religión: Fundado por una dinastía de imanes ismaelitas que afirmaban descender de Fátima, la hija del Profeta Mahoma, de ahí su nombre "Fatimí".


Expansión: 

Comenzó en Ifriquía (actual Túnez) y conquistó Egipto en 969, fundando El Cairo como su capital. Su poder se extendió por vastas regiones del norte de África, Sicilia, el Levante y el Hiyaz.


Rivalidad con otros Califatos:

Buscaban reemplazar a los califas abasíes sunitas en Bagdad, considerados ilegítimos, y rivalizaron con los omeyas de Al-Ándalus.


Legado Cultural:

Bajo su gobierno, El Cairo se convirtió en un centro cultural, económico y religioso preeminente en el mundo islámico, destacando en arte, ciencia y filosofía.


Declive:

El faccionalismo político y militar, especialmente las luchas internas en el ejército, debilitaron el califato, aunque su dominio duró hasta 1171.

En resumen, fue una importante potencia islámica chiita que dominó el sur del Mediterráneo durante más de dos siglos, destacando por su singularidad como califato ismaelita y su gran desarrollo cultural y político, con Egipto como corazón de su imperio.



Los Ayyubíes : Saladino.

Fueron los Ayyubíes, liderados por Saladino (Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub), quienes sustituyeron a los fatimíes en Egipto en 1171, poniendo fin al califato chiita fatimí y restaurando el sunismo y la soberanía abasí en la región, estableciendo la dinastía ayyubí.


Contexto de la Caída Fatimí.

Declive Interno: A finales del siglo XI, la dinastía fatimí estaba debilitada por disputas internas y la creciente influencia de poderosos visires militares que controlaban a los califas, a menudo niños o figuras títeres.

Amenaza Externa: La llegada de los turcos selyúcidas y las Cruzadas aumentaron la inestabilidad.
Intervención de Saladino: Saladino, un visir militar al servicio de los fatimíes, consolidó su poder y, tras la muerte del último califa fatimí, al-Adid, abolió la dinastía en 1171, transfiriendo el poder a la dinastía ayyubí.

La Dinastía Ayyubí: Fundada por Saladino, la dinastía ayyubí (de origen kurdo) se convirtió en la nueva potencia en Egipto, marcando un cambio religioso y político significativo al reinstaurar el islam sunita y la autoridad del califato abasí de Bagdad.


Quién fue Saladino:

Saladino (Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub) fue un legendario sultán kurdo de Egipto y Siria (siglo XII) que unificó el mundo musulmán para luchar contra las Cruzadas, destacando por su habilidad militar y diplomática, su generosidad y caballerosidad, y por reconquistar Jerusalén a los cristianos en 1187, convirtiéndose en una figura reverenciada tanto en el Islam como en Occidente. Fundó la dinastía ayubí y fue célebre por su respeto hacia sus enemigos, negociando tratados, como con Ricardo Corazón de León, y demostrando ser un gran líder político y militar.


Puntos Clave sobre Saladino.

Origen: De origen kurdo, nació en Tikrit (actual Irak) en 1137.

Ascenso al Poder: Comenzó su carrera bajo el mando de su tío y se convirtió en sultán de Egipto y Siria, unificando vastos territorios desde África hasta Asia.

Logro Principal: Su mayor hazaña fue la reconquista de Jerusalén en 1187 tras la decisiva Batalla de Hattin, lo que provocó la Tercera Cruzada.

Habilidades: Fue un estratega militar brillante, un administrador eficaz y un diplomático hábil, admirado por sus enemigos por su integridad y generosidad.

Legado: Es una de las figuras más famosas de la Edad Media, un héroe nacional en el mundo musulmán y una figura respetada en la cultura occidental por su ideal de caballería.

Muerte: Falleció en 1193 en Damasco, y su dinastía, los Ayyubíes, continuó gobernando durante un siglo más.


Imperio otomano (1299-1923).


Osmán I, líder de los otomanos, inició la expansión de su pueblo, convirtiéndolo en uno de los imperios más importantes de la historia. Capital: Estambul.

El Imperio Otomano fue un vasto imperio multiétnico gobernado por la dinastía osmanlí, que existió desde finales del siglo XIII hasta principios del siglo XX (1299-1922), surgiendo de Anatolia (actual Turquía) y expandiéndose por el sureste de Europa, el Cercano Oriente y el norte de África, convirtiéndose en una de las potencias más influyentes y duraderas de la historia mundial. Era un estado islámico y turco que controló el cruce entre Oriente y Occidente durante seis siglos, destacando por su poder militar, administración y rica cultura.


Origen y Expansión:

Fundación:

Nació de un pequeño principado turco en Anatolia, fundado por Osmán I (de ahí su nombre) tras la decadencia del Imperio Selyúcida.


Conquista Clave:

Su gran hito fue la toma de Constantinopla (la antigua capital bizantina) en 1453, marcando el fin del Imperio Bizantino y estableciendo una nueva capital.


Máximo Esplendor:

Entre los siglos XVI y XVII, se extendió por tres continentes, controlando vastas regiones que incluían Grecia, Hungría, Egipto, Siria, partes de Arabia y la costa norte de África, con Constantinopla como centro.


Características Principales:

Multiétnico y Multirreligioso: Aunque gobernado por turcos, abarcaba diversas etnias y religiones, integrando culturas de Europa, Asia y África.


Centro de Interacción:

Fue un puente crucial entre Oriente y Occidente, adoptando y adaptando tradiciones culturales, arquitectónicas y administrativas de imperios anteriores, como el Bizantino.


Legado Cultural:


Destacó en las artes, la orfebrería y la arquitectura, creando una identidad cultural otomana única.


Decadencia y Fin:

Factores: El auge de los nacionalismos, las derrotas militares y la interferencia de potencias europeas (Francia, Gran Bretaña, Rusia) llevaron a su debilitamiento.


Disolución:

Tras la Primera Guerra Mundial, los nacionalistas turcos abolieron el sultanato en 1922, dando paso a la moderna República de Turquía en 1923.


Fin al Imperio Islámico.

 El Imperio Otomano, un vasto estado multiétnico y multirreligioso, cuyo fin llegó tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, culminando con la abolición del Sultanato en 1922 y la proclamación de la República de Turquía en 1923, liderada por Mustafa Kemal Atatürk, quien también abolió el Califato en 1924, rompiendo los últimos vínculos institucionales con el viejo orden imperial y el califato.


Causas del colapso.

Decadencia interna: Problemas económicos, inestabilidad política y la dificultad para modernizar un imperio tan extenso.

Derrotas militares: Pérdidas territoriales significativas, especialmente en los Balcanes, que erosionaron su poder y economía.

Nacionalismos: Surgimiento de movimientos nacionalistas dentro del imperio y la presión de las potencias europeas.

Primera Guerra Mundial: La alianza con las Potencias Centrales (Alemania) fue desastrosa; la derrota implicó la pérdida de sus territorios árabes y la ocupación aliada.


El Fin del Imperio.

1922: La Gran Asamblea Nacional Turca abolió el Sultanato, y el último sultán, Mehmed VI, se exilió.

1923: Se proclamó la República de Turquía, un estado nacional secular en Anatolia, con Ankara como capital.

1924: Se abolió el Califato, eliminando el último vestigio de la autoridad religiosa otomana sobre el mundo musulmán (la Ummah).


Relación con el "Imperio Islámico".

El Imperio Otomano había sido el principal poder político y militar del mundo islámico durante siglos, ostentando el título de Califa, que unía autoridad política y espiritual para muchos musulmanes. Su caída significó el fin de esa estructura imperial centralizada y la emergencia de estados-nación modernos, marcando un punto de inflexión en la historia política del mundo islámico.


---------------------------------------------------------------------


Caractersticas generales del Imperio islámico.


Características políticas del Imperio islámico:

Dado que los califatos poseían una gran extensión, los califas procedieron a fraccionar el territorio en distintas provincias. A cargo de ellas estaban sus representantes políticos, militares y administrativos, que eran los siguientes:

Visires: se asemejaban a unos ministros y se ocupan de administrar grandes territorios.

Emires: ejercían de gobernadores de las provincias, siendo su poder político y militar.

Sultanes: representantes del califa y soberanos de los reinos islámicos. Con el paso del tiempo, este título también se usaría para referirse al propio emperador.

Cadíes: eran los jefes de las ciudades, estando a su cargo la política local, la justicia y los ritos religiosos.



Características sociales del Imperio islámico.

En las regiones del Imperio islámico existían unas clases sociales delimitadas de la siguiente forma:

Aristocracia: eran los gobernantes y los grandes terratenientes. Controlaban el poder político.

Notables: se trataba de una clase social muy amplia en la que se incluía a las familias adineradas de cada provincia. En este grupo estaban los terratenientes, los grandes mercaderes, los altos funcionarios de palacio y los artesanos.

Clases populares: eran la clase mayoritaria, destacando los agricultores y los colonos que trabajaban la tierra de los grandes terratenientes. Además, habría que mencionar a los pequeños artesanos, a los pastores y a los vendedores ambulantes.

Esclavos: se ocupaban de tareas del campo o de la casa de sus dueños.

Mujeres: estaban tuteladas por los hombres, bien fuera por el padre o por el esposo. Pemanecían en una parte de la casa denominada harén, y sólo podían salir acompañadas y con permiso. Su obligación era tener hijos, cuidarlos y atender el hogar familiar.

No obstante, también se podría hacer una distinción dependiendo de la religión y de los orígenes de las personas:

Musulmanes: los árabes y los sirios sólian acceder a los puestos políticos y eran grandes señores. Los bereberes, situados en el norte de África, llevaban una vida más humilde y solían ser pequeños señores. También habría que mencionar a los muladíes, que por lo general dejaban atrás el cristianismo y adoptaban el Islam como su religión.

Otras religiones: por un lado estaban los judíos y por otro los mozárabes, que eran los cristianos que vivían en al-Ándalus.



Características económicas del Imperio islámico.

El comercio era muy relevante, de ahí que existiera un gran control sobre las rutas comerciales, tanto del Mediterráneo como de aquellas otras que se dirigían a Oriente. Mientras que en las zonas rurales predominaba la agricultura, en las ciudades destacaban las manufacturas (es el caso de la artesanía).



Arquitectura árabe.

Las ciudades árabes poseían un trazado irregular y, en general, estaban amuralladas. El tamaño de las casas era pequeño, cubriéndose las ventanas con celosías que impedían que desde el exterior se pudiera observar lo que sucedía dentro. Respecto a las calles, eran estrechas y en algunos casos aparecían cubiertas de toldos.


Pero, ¿cuáles eran los edificios de mayor relevancia de las ciudades musulmanas? Los comentamos a continuación:

Alcázar: era el palacio en el que vivía la principal autoridad de la urbe. Solía situarse en un lugar elevado y estaba rodeado de murallas, acentuando así su carácter defensivo y de fortaleza. Todo este recinto era conocido como la alcazaba (ciudadela).

Mezquita: lugar en el que los fieles se reunían para orar. Para ello, se situaban mirando a la quibla, es decir, al muro que está orientado hacia La Meca. Destacar que también poseían un alminar o minarete desde el que se llamaba a la oración.

Zoco: era el mercado de la ciudad.

Baños públicos: tenían su origen en los baños romanos y eran conocidos por el nombre de hammam, tratándose además de un lugar de reunión social.

Alhóndigas: zona de almacenes en la que los mercaderes guardaban sus mercancías.

Arrabales: barrios periféricos que se encontraban más allá de las murallas.


Arte islámico.

Los estilos del arte musulmán eran variados, puesto que, al estar acostumbrados a la vida nómada y del desierto, adaptaban sus técnicas a las diversas regiones que conquistaban.

No obstante, una característica común era que en los palacios y en las mezquitas había muy pocas esculturas y pinturas. Esto se debía a que algunas corrientes del Islam prohiben las imágenes de Alá, Mahoma e incluso de personas o animales.

No es de extrañar que en la decoración predominaran los temas geométricos y vegetales, que se pintaban en mosaicos o se diseñaban directamente en azulejos y yeserías. También se usaba escritura caligráfica, tal y como sucedía en los muros de las mezquitas.

Otro elemento a destacar eran las cúpulas decoradas de mocárabes, que se asemejaban a las estalactitas y se confeccionaban de yeso.


Cultura árabe.

En la literatura destacó Las mil y una noches, una compilación de cuentos tradicionales del Oriente Medio que se cree que se llevó a cabo en el siglo IX (aunque algunas de estas historias se añadieron en siglos posteriores.

La filosofía también fue un campo en el que destacaron los árabes, siendo el cordobés Averroes uno de sus nombres más célebres (de hecho, contribuyó a difundir las ideas de Aristóteles).


Ciencia árabe.

Los árabes realizaron grandes aportaciones a las matemáticas. Por ejemplo, adoptaron el sistema de numeración de la India, que luego se expandió a Europa por medio de al-Ándalus (sucedió lo mismo con distintas palabras matemáticas, caso de álgebra, cero o cifra).

Respecto a la astronomía, crearon observatorios y defendieron teorías como la de que los planetas giraban alrededor de un determinado punto.

En lo que a la medicina se refiere, habría que destacar a Avicena, quien escribió textos como El libro de la curación o El canon de medicina.

Otro aspecto a destacar es la relevancia que tuvieron como difusores de algunos de los grandes inventos de la historia, caso de la brújula, la pólvora, el astrolabio, las norias de agua o la seda.



Fundamentos del Islam.


Qué significa el Islam.

El Islam quiere decir obediencia a Dios, siendo sus practicantes los musulmanes. Para ellos, al igual que Abraham, Moisés o Jesús, Mahoma es el profeta de Alá.


Los pilares del Islam.


Profesión de fe (sahada): no hay más dios que Alá, siendo Mahoma su mensajero.
Practicar el rezo cinco veces al día, a lo que se le conoce por el nombre de azalá.

Ramadán: en esta época, que dura un mes, los musulmanes tienen que ayunar durante el día y sólo pueden comer al caer la noche. No obstante, están dispensandos de hacerlo los enfermos, los débiles y los viajeros (que pueden practicarlo en otra ocasión).

Limosnas (zakat): deben realizarse para así ayudar a las personas más pobres de la comunidad.

Peregrinación a La Meca (hayy): ha de completarse al menos una vez en la vida.


El Corán.


El Corán es el libro sagrado del Islam. Según los musulmanes, contiene las palabras que Dios le dijo al propio Mahoma por medio del arcángel Gabriel, que se le apareció en la cueva de una montaña.

Se escribió tras su muerte y, por tanto, recoge las enseñanzas que transmitió este profeta. Sus preceptos indican que los fieles no deben comer cerdo o beber alcohol. De igual modo, se establecen las penas por las faltas o delitos cometidos y se permite la poligamia (la relación de un hombre con varias mujeres al mismo tiempo).

Está compuesto por 114 azoras o suras, es decir, capítulos, que a su vez se dividen en más de 6.000 aleyas (versículos).


Ramas del Islám.

Suníes: son los seguidores de los primeros califas y consideran que Mahoma es su único líder espiritual. Actualmente representan al 90% de la población musulmana.

Chiíes: Ali Ibn Abi Tálib estaba casado con Fátima, la hija de Mahoma. Era, por tanto, el yerno de este último. Aparte de califa también fue el primer imán, siendo para los chiíes el legítimo sucesor del profeta. Es una rama minoritaria, pues hoy en día sólo la siguen el 10% de los musulmanes.



sábado, 22 de marzo de 2025

INTRODUCCIÓN A LA EDAD MEDIA Y EL IMPERIO BIZANTINO PRE - MEDIEVAL.

 




Introducción :


Se conoce como Edad Media, medievo o época medieval al periodo histórico que se dio en el territorio occidental entre los siglos quinto y XV. Concretamente, su inicio viene marcado con la caída del imperio romano en el año 476 y finaliza con el descubrimiento de América en el año 1492.

Otras teorías históricas sitúan el fin de este periodo en el año 1453, con la caída del Imperio bizantino, la invención de la imprenta por Gutenberg y el fin de la Guerra de los Cien Años.

La Edad Media, situada entre la Edad Antigua y la Edad Moderna, comprende un total de 10 siglos de historia, un enorme periodo de tiempo que ha dado pie a dos divisiones temporales del medievo: la Alta Edad Media y la Baja Edad Media.


Alta Edad Media:

Esta etapa está comprendida entre los siglos quinto y décimo , lo que suponen cinco siglos caracterizados por varios hechos históricos importantes, destacando la lucha por la supremacía de los tres imperios coetáneos: el bizantino, el islámico y el carolingio.

Una mención especial al surgimiento de los monasterios apartir del siglo sexto en adelante.

Mientras el Imperio se caía a pedazos, unos pocos hombres decidieron alejarse de la violencia de la Edad Media y recogerse en lugares apartados. El monacato no es propio del cristianismo, puesto que se ha manifestado en otras culturas. Sin embargo, los monjes de la Edad Media, tomando el ejemplo de San Benito, tuvieron una muy importante función para sostener y preservar los restos culturales del Imperio Romano desaparecido. Su lema era Ora et Labora (reza y trabaja), y a esto se dedicaban los monjes todo el día. En los monasterios europeos se transcribieron y copiaron obras muy importantes de la actualidad. Estos lugares no solo fueron centros de oración, sino también centros de cultura, germen de lo que serían las universidades modernas. Sin la labor sacrificada de estos hombres no hubiéramos conocido obras como las de Aristóteles, Cicerón, Platón, Virgilio, Ovidio, Horacio…

En la Península Ibérica ha partir del siglo novéno, se creáron los Reinos Cristiános con la finalidad de recuperar los territorios que usurpó el Islám en el 711. A este procéso se le llamó, La Reconquista.


Baja Edad Media:

Los otros cinco siglos del medievo, los que van desde el X al XV, se conocen como Baja Edad Media, donde se dieron diferentes acontecimientos que han marcado el trascurrir de la historia occidental. De hecho, esta etapa se divide en otros subperiodos:

Plena Edad Media, del siglo XI al siglo XIII: estuvo marcado por la llegada del sistema feudal, el surgimiento de la burguesía y de las nuevas instituciones de poder.

Crisis de la Edad Media: son los dos últimos siglos el XIV y el XV, que supusieron la finalización progresiva de esta época, dando páso a la Edad Moderna. Pero ésto es otra Historia.

En esta nueva série de documentales que he titulado La Enigmática Edad Media, voy ha desarrollar toda esta introducción que hémos oído. Esperándo que séa de vuestro interés, voy ha comenzar con la fantástica Historia del Imperio Bizantíno. Escuchémos.












El Imperio Bizantino premedieval.


El Imperio Romano se dividió en el año 395 tras la muerte del emperador Teodosio, que legó a cada uno de sus dos hijos una de las partes: a Acadio, la parte oriental, con capital en Constantinopla, y a Honorio, la parte occidental, con capital en Rávena.

Esta división no fue arbitraria. La economía, sociedad, lengua, que en la zona oriental era predominantemente griega. La cultura e incluso los ritos litúrgicos se diferenciaban mucho en las dos áreas del antiguo imperio.

Con la caída en el 476 del Imperio Romano de Occidente, este territorio occidental se dividió en centros independientes de poder, los llamados reinos germánicos, y en consecuencia el Imperio de Oriente se convirtió en el único sucesor legítimo del Imperio Romano y principal potencia del Mediterráneo, tanto en el plano político como militar, económico y cultural.

Al Imperio de Oriente se le va a denominar Imperio Bizantino porque Constantinopla era una antigua colonia griega fundada en el Bósforo en el siglo VII llamada Bizancio.

Constantino creó sobre esta colonia una nueva ciudad a la que dio su nombre, convirtiéndola en el centro político y militar de la zona oriental del Imperio. Cuando éste se dividió, Constantinopla se convirtió en la capital del Imperio de Oriente, que por extensión de la palabra Bizancio fue denominado Imperio Bizantino.

Los propios soberanos germánicos del Mediterráneo occidental mantenían la convicción de que el emperador de Oriente era la autoridad suprema del poder legítimo y, por ello, los distintos reyes germánicos mantenían su lealtad a Oriente y se manifestaban vasallos del emperador.

El Imperio Bizantino, por su parte, seguía siendo el centro del mundo conocido, pero a pesar de haber superado la avalancha de las invasiones bárbaras sin sufrir grandes daños, puesto que las desviaron hacia occidente, era un imperio bastante desintegrado por la herejía monofisita.

Dicha herejía aseguraba que Cristo sólo tenía naturaleza divina. Este conflicto teológico estaba provocando grandes divisiones en el Imperio.

Esta desintegración del Imperio finalizó en el año 518 cuando Justino I accedió al trono imperial y especialmente con su sucesor, Justiniano, que accede al trono en el 527, momento en el que comienza la época de esplendor político y cultural del Imperio Bizantino.

En este momento los territorios del antiguo Imperio Romano estaban divididos en:

Imperio Romano de Oriente, presidido por Justiniano.

Reino de los Visigodos.

Reino de los Francos.

Reino de los Ostrogodos.

Reino de los Vándalos...


El Impulsor del Imperio, Justiniano, motivado por la idea de renovar el antiguo Imperio Romano, emprende la conquista del Mediterráneo occidental.

Como novedad, Justiniano concibe el Imperio Romano como un imperio Cristiano, de ahí su obsesión por librar a sus súbditos del poder de los cismáticos arrianos, que conlleva poner fin a la soberanía de los germanos.

En el ideal de Justiniano se ven unidos fe y política. De este modo, conquista Italia a los ostrogodos, África a los vándalos y una parte de Hispania, la Bética, a los visigodos.

Justiniano era un hombre de excelente formación de procedencia latina más que griega. Era un gobernante obsesionado por conseguir un poder ilimitado. Él a sí mismo se considera representante de Dios en la tierra, y asume en consecuencia tanto el poder político como el religioso.

Ël admite que existen dos instituciones de poder paralelas, el político y el religioso, que no deben interferirse, pero este deseo de poder le convierte en la práctica en un "rex-sacerdos", un rey sacerdote, un césar-papa, creando un sistema político-religioso llamado "cesaropapismo".

Aun siendo un hombre muy amable, aparece en público con un ceremonial tan grandioso y tan inaccesible que le convierte ante sus súbditos en el símbolo más evidente del poder absoluto. Se casó con Teodora, una actriz de teatro y prostituta de gran inteligencia, tanto que se convirtió junto a Justiniano en el gran poder del Imperio Bizantino.



La emperatriz Teodora: de supuesta prostituta a líder del Imperio Bizantino.


Defendió los derechos de las mujeres, promovió la cultura y participó en la política bizantina. Así fue la extraordinaria vida de Teodora

La figura de la emperatriz Teodora 500–548 después de Cristo, sigue siendo una de las más fascinantes e influyentes en la historia del Imperio Bizantino. La consorte del emperador Justiniano I (527-565) supo influir de manera determinante las políticas sociales y religiosas del imperio.

De orígenes humildes, se la acusó de arribista y prostituta por haber superado las barreras de género y clase de su época. Consiguió erigirse como una de las mujeres más poderosas de la historia bizantina, capaz de aplicar medidas revolucionarias en todos los ámbitos públicos. Te presentamos los puntos más relevantes del legado de la emperatriz Teodora.


Una mujer criticada por su poder.

El origen de Teodora resulta particularmente notable. Según las fuentes de la antigüedad, nació en el seno de una familia humilde. En su juventud y siguiendo los pasos de su madre, tuvo que ganarse la vida en el controvertido mundo del teatro y la farándula. Estas actividades, que a menudo incluían servicios sexuales, le procuraron las críticas de autores de su época. Procopio de Cesárea, un cronista contemporáneo, la acusó en su Historia secreta de explícita y procaz en el escenario.


La actriz que se batió por los derechos de la mujer.

Teodora se recuerda en la historia por su firme defensa de los derechos de las mujeres y los desfavorecidos. Implementó reformas que beneficiaban a grupos marginados, en especial a las mujeres y las exprostitutas. Así, la emperatriz impulsó leyes que prohibían el tráfico sexual y protegían a las mujeres de abusos en el matrimonio, situaciones de vulnerabilidad social que no se habían recogido en la legislación anterior. Estas reformas no solo mejoraron la situación legal de las mujeres en Bizancio, sino que sentaron precedente en materia de derechos humanos.

Historiadores como David Potter enfatizan que la intervención de Teodora en estos temas se adelantó a su tiempo. A través de su activismo, la emperatriz bizantina buscó crear un entorno donde las mujeres pudieran alcanzar una mayor autonomía a través de la protección de sus derechos básicos.


El papel de Teodora en la consolidación cultural bizantina.

Uno de los aspectos menos explorados del legado de Teodora concierne la influencia cultural que ejerció en la corte bizantina. Es probable que su experiencia personal en el mundo del teatro (un ámbito generalmente despreciado por las élites de Bizancio) le otorgase una sensibilidad particular hacia las artes. Se sabe que la emperatriz Teodora fue promotora de eventos teatrales. Se convirtió, además, en mecenas de artistas y literatos, quienes encontraron en su figura un respaldo sin precedentes. Gracias a su influencia, el teatro y otras actividades culturales se ganaron el respeto de la sociedad bizantina y sirvieron para difundir ideas y valores imperiales.

El interés de Teodora por la cultura y el arte también se manifestó en su proyecto de embellecimiento de la ciudad de Constantinopla, donde emprendió reformas arquitectónicas junto a Justiniano. Esta intervención consolidó la capital imperial como el centro cultural y espiritual del mundo bizantino.


El liderazgo de Teodora en la gestión de la Rebelión de Niká.

Teodora demostró sus dotes de líder al gestionar la crisis provocada durante la Rebelión de Niká del año 532 d.C. Este levantamiento popular puso en grave peligro la estabilidad del imperio y casi obligó a Justiniano a abandonar Constantinopla.

Teodora mostró una determinación férrea al oponerse a aceptar la huida como única posibilidad. Se considera que fue ella quien convenció a Justiniano a resistir, pronunciando una de sus frases más famosas: “La púrpura es el sudario más noble”. Esta muestra de fortaleza y convicción fue fundamental para que el emperador decidiera reprimir la revuelta y mantener el control de la ciudad.


Influencia religiosa: del monofisismo a su reconocimiento como santa.

Teodora ejerció, igualmente. una notable influencia en cuestiones religiosas. Apoyó el monofisismo, una doctrina cristiana que enfatizaba la naturaleza divina de Cristo en detrimento de su naturaleza humana. Esta convicción, que desafiaba la posición oficial establecida en el Concilio de Calcedonia, resultó controvertida en su época. Se estima que el respaldo que Teodora prestó a los monofisitas obedecía tanto a su fe personal como a una estrategia política para ganarse el apoyo a las provincias orientales del imperio, donde el monofisismo tenía una base importante de seguidores.

A pesar de sus orígenes humildes, la Iglesia Ortodoxa Oriental canonizó a Teodora, donde su memoria sigue siendo venerada. Algunas biografías subrayan esta dimensión contradictoria de Teodora como santa y pecadora, que resaltan tanto su vida mundana anterior a la corte como sus contribuciones espirituales.


Antes de seguir con el relato de Bizancio en época medieval, señalaré que en arquitectura, una mención aparte merece, la obra cumbre del emperador Justiniano en el periodo pre-medieval. Me refiéro naturalmente a Santa Sofía, Catedral cristiana primero, y Mezquita musulmana después. Veámos.



Historia de Santa Sofía : Consagración, primeros años y transformaciones.


Santa Sofía de Estambul, que data del año 537 d.C., es más que un edificio: es un narrador de historias. Con su elevada cúpula central, sus relucientes mosaicos y su intrincado trabajo en piedra, esta obra maestra bizantina ha vivido muchas vidas: primero iglesia, luego mezquita, más tarde museo y ahora mezquita de nuevo. A lo largo de 1.500 años, ha sido testigo del auge y la caída de imperios, y hoy se erige como un sorprendente símbolo de la singular mezcla de culturas orientales y occidentales de Estambul.

Santa Sofía sirvió de inspiración para la Mezquita Azul. Su magnífica cúpula dio lugar a la construcción de la otra mezquita emblemática de Estambul.

Santa Sofía se utilizó en su día como almacén militar durante el Imperio Otomano. Dentro de sus muros se almacenaban cañones y municiones.

Santa Sofía ha sufrido terremotos en numerosas ocasiones, lo que ha provocado grietas en su tejado y el derrumbe de sus semicúpulas. Ha sido reparada y restaurada varias veces a lo largo de su historia.


Cronología de Santa Sofía:

537 D.C: La actual Santa Sofía fue terminada bajo el emperador Justiniano I, marcando un hito en la arquitectura bizantina.

537-1204 D.C: El edificio fue la principal catedral ortodoxa oriental de Constantinopla.

1204-1261 D.C: Durante la ocupación latina de Constantinopla, Santa Sofía fue convertida en catedral católica romana.

1453-1934 D.C: Tras la conquista otomana, Santa Sofía funcionó como mezquita durante toda la época otomana y el primer periodo republicano.

1934 D.C: El gobierno turco, bajo Mustafa Kemal Atatürk, promulgó un decreto para convertir Santa Sofía en un museo.

1935-2020 D.C: Santa Sofía funcionó como museo, y durante este periodo se llevaron a cabo amplias obras de restauración y conservación.

2020 D.C: Santa Sofía fue reconsagrada como mezquita, continuando así su larga historia como hito religioso y cultural.



El Imperio Bizantino en época medieval .


A partir de la segunda mitad del siglo IX el imperio bizantino alcanza su máxima expansión desde Justiniano. Habían perdido, por supuesto, el Mediterráneo occidental pero se habían asentado y logrado el dominio sobre los Balcanes, hecho retroceder a los musulmanes hasta Palestina y reconquistado Creta y Chipre. Llegan a dominar incluso la Italia del sur, aunque los árabes tuvieron el dominio de Sicilia desde el 827.

Bizancio se convierte, por tanto, de nuevo en una civilización cristiana que irradia por el sur de Italia, por la zona de Venecia a través de las relaciones comerciales, por la corte de los emperadores germanos a través de alianzas matrimoniales, por los Balcanes, Rusia (gracias a la actividad misionera de Cirilo y de Metodio en los países eslavos).

Se trata de una cultura asentada fundamentalmente en bases de la antigüedad aunque profundamente cristianizada. Al igual que en el periodo de Justiniano, tanto la cultura como el arte siguen siendo signos externos del poder imperial.

La Iglesia, por su parte, se encuentra en vías de separación de Roma. A mediados del siglo IX, Focio, patriarca de Constantinopla, establece ya la independencia de su sede respecto a Roma, aunque el cisma definitivo llegó en el 1054 cuando Miguel Cerulario, también patriarca de Constantinopla, se negó a reconocer la autoridad de los legados del papa León IX y funda la iglesia ortodoxa griega.

Esta fue la culminación de las diferencias religiosas, políticas y culturales que existían entre Roma y el Imperio de Oriente, aunque ésta escisión no se refleje en el arte.


Organización política del Imperio bizantino.

En Bizancio, se utilizaba el término griego basileus (que significa “rey”) para definir al emperador. El cargo no era hereditario, sino que se definía mediante un procedimiento de selección en el que intervenía el Senado, el ejército y representantes del pueblo. Con el tiempo, este procedimiento comenzó a tener rasgos religiosos y la figura del basileus obtuvo carácter divino.

Por otro lado, el gobierno bizantino era autocrático: el basileus imponía su poder sobre todos los asuntos de la vida de sus ciudadanos. Se situaba a la cabeza de la administración y el ejército, creaba las leyes y las hacía poner por escrito, y era el juez supremo en los asuntos más importantes.

Para la administración del Imperio, el basileus disponía de un grupo de funcionarios que constituían una burocracia organizada de forma jerárquica.


Cuántos Emperadores hubo en Bizancio.

A lo largo de los 1058 años de historia del Imperio Bizantino (330-1453), se contabilizan aproximadamente 76 emperadores soberanos y 3 emperatrices reinantes, sumando un total de 79 monarcas principales, o más de 100 si se incluyen coemperadores menores. El título Basileus (rey/emperador en griego) fue adoptado oficialmente por Heraclio en el siglo VII.
Primer emperador: Constantino I el Grande (aunque formalmente el Imperio Bizantino se consolida posteriormente, él fundó Constantinopla).
Último emperador: Constantino XI Paleólogo, fallecido en la caída de la ciudad en 1453.
Emperadores destacados: Justiniano I (reconquista territorial), Heraclio (helenización), Basilio II (apogeo macedonio).
La cifra puede variar según los historiadores incluyan o no a coemperadores o usurpadores efímeros.


Economía del Imperio bizantino.

En las monedas bizantinas se utilizaban símbolos imperiales y religiosos.
La economía bizantina se sustentaba en la producción agrícola, el comercio y la recolección de impuestos.

La mayoría de la población era campesina. Los principales productos agrícolas en Bizancio fueron el trigo, las legumbres, la miel, el vino y los frutos secos.

Bizancio logró desarrollar el comercio a larga distancia con distintas regiones de Asia y del norte de África. Constantinopla, la capital del Imperio, se convirtió en el centro de grandes redes mercantiles. Los principales productos importados eran el trigo (como alimento para la población de las ciudades) y la seda (como artículo de lujo para las clases altas urbanas).

Además, el Estado bizantino cobraba impuestos a la mayoría de la población. La mayor parte de la recaudación tributaria se invertía en el ejército.


Sociedad del Imperio bizantino.

La población del Imperio era variada, y los historiadores estiman que en su época de apogeo alcanzó los 34 millones de habitantes.

La mayoría de la población era campesina y había grandes desigualdades en relación a la posesión de la tierra. Algunos tenían pequeñas parcelas para el cultivo, lo que les permitía mantener la subsistencia familiar y pagar los impuestos estatales. Otros, no poseían tierras y trabajaban en campos ajenos a cambio de un salario. Además, había grandes terratenientes que, con el tiempo, fueron incorporando parcelas de campesinos empobrecidos.


Religión en el Imperio bizantino

En el siglo VIII, los iconoclastas destruyeron las representaciones religiosas de las iglesias.
La mayoría de la población practicaba la religión cristiana. El cristianismo en Bizancio tuvo sus particularidades y, con el tiempo, se fue diferenciando del cristianismo occidental, cuyo centro de poder era Roma.

En Bizancio se dio una disputa entre diferentes corrientes de interpretación religiosa. La mayoría de las iglesias estaban decoradas con imágenes en las que se representaba a Cristo, a la Virgen y a los santos en escenas bíblicas. A comienzos del siglo VIII d. C., un grupo de creyentes, conocidos como iconoclastas, empezaron a oponerse a la representación de imágenes religiosas porque consideraban que era una práctica pagana.

Entre 720 y 843 d. C., los emperadores bizantinos adoptaron la tendencia iconoclasta: prohibieron y destruyeron las representaciones religiosas y las reemplazaron por cruces. Sin embargo, a mediados del siglo IX, se impuso de nuevo la utilización de representaciones religiosas.

Por otro lado, hacia el siglo XI, se produjo el “Gran Cisma” dentro de la Iglesia cristiana, y las Iglesias de Oriente y Occidente quedaron como instituciones separadas. La Iglesia bizantina adquirió el nombre de Iglesia ortodoxa: los bizantinos consideraban que seguían la doctrina cristiana con más fidelidad que los cristianos occidentales. Sin bien la diferencia entre ambas iglesias se fundamentaba en cuestiones de doctrina (es decir, sobre cómo interpretar y practicar la fe cristiana), las razones de la separación fueron eminentemente políticas.



Los aportes de Bizancio.


Durante un milenio Bizancio fue el baluarte de la cristiandad contra las hordas nómadas, los persas, los árabes y los turcos. Si bien la cultura bizantina careció de la originalidad de las culturas clásicas griega y romana, fue una cultura altamente desarrollada que durante largo tiempo fue superior a la civilización de la Europa medieval.

Bizancio, situada entre Europa y Asia, fue el más importante centro comercial de la temprana Edad Media. A Bizancio acudían comerciantes de todos los países. Una moneda estable basada en el oro favoreció el intercambio.

A través del Mar Negro, Bizancio se comunicaba con Rusia. Se intercambiaban vinos, sedas y otros productos de lujo por pieles, pescado y miel. A través de las estepas y los desiertos de Asia Central las caravanas traían especias, perfumes, piedras preciosas y otras mercaderías codiciadas del Lejano Oriente.

Las actividades económicas eran rígidamente controladas por la autoridad pública. El Estado establecía las normas para la industria, fijaba los precios y jornales, controlaba las condiciones de trabajo y la calidad de los productos y reglamentaba la exportación. La industria más importante era la textil.

A diferencia del régimen feudal en Europa Occidental y Central que se caracterizaba por la fragmentación y dispersión del poder público, el Estado bizantino estaba completamente centralizado.

El jefe supremo del Imperio Bizantino era el emperador (basileus), que dirigía el ejército, la administración, y tenia el poder religioso.

Cada emperador tenía la potestad de elegir a su sucesor, al que asociaba a las tareas de gobierno confiriéndole el título de césar. En algún momento de la historia de Bizancio (concretamente, durante el reinado de Romano Lecapeno) llegó a haber hasta cinco césares simultáneos.

El sucesor no era necesariamente hijo del emperador. En muchos casos, la sucesión fue de tío a sobrino (Justiniano, por ejemplo, sucedió a su tío Justino I y fue sucedido por su sobrino Justino II).

Otros pesonajes llegaron a la dignidad imperial a través del matrimonio, como Nicéforo II o Romano IV Diógenes.



Arte Bizantino Medieval.


Contextualización:

El arte bizantino, que floreció entre los siglos IV y XV, es una de las expresiones más ricas del arte cristiano oriental. Originado en el Imperio Bizantino, con epicentro en Constantinopla (actual Estambul), esta forma de arte refleja una profunda integración entre la religión cristiana y la cultura romana. En una época en que la Iglesia desempeñaba un papel central en la vida pública y privada, el arte bizantino no solo servía como medio de adoración, sino también como un poderoso vehículo de enseñanza religiosa y expresión espiritual. La arquitectura, con sus majestuosas cúpulas y mosaicos resplandecientes, y la pintura, con íconos sagrados de profunda expresividad, son marcas registradas de este estilo artístico.

Una de las curiosidades más fascinantes sobre el arte bizantino es el uso extensivo de mosaicos para decorar iglesias y otros edificios importantes. Estos mosaicos, hechos de pequeños trozos de vidrio de colores y dorados, no solo creaban imágenes deslumbrantes, sino que también reflejaban la luz de una manera que daba la impresión de que las figuras sagradas estaban iluminadas por una luz divina. Esta técnica todavía se utiliza hoy en día y se puede ver en muchas iglesias alrededor del mundo.

A partir del siglo IV surge esta corriente artistica como continuación del arte paleocristiano y que encuentra sus orígenes en el estilo oriental helenístico. En resumen, el arte bizantino es un conglomerado de los estilos griegos, helenísticos, romanos y orientales.


Arquitectura Bizantina:

La arquitectura bizantina es notable por sus grandiosas cúpulas, arcos elegantes y el uso extensivo de mosaicos. Estos elementos reflejan la influencia de la religión cristiana, destacando la Hagia Sophia en Constantinopla, que simboliza la fusión de la técnica arquitectónica romana con la espiritualidad cristiana. La cúpula central de la Hagia Sophia, por ejemplo, fue una innovación que dio una sensación de elevación y trascendencia, representando el cielo en la Tierra.

Además de las cúpulas, la arquitectura bizantina se caracteriza por plantas en cruz griega, donde los brazos de la cruz son de igual longitud. Esta estructura permite una distribución armoniosa del peso de las cúpulas, creando espacios internos amplios y iluminados. Los arcos y bóvedas también son elementos comunes, proporcionando estabilidad y estética al mismo tiempo.

Los mosaicos desempeñan un papel central en la decoración de los edificios bizantinos, cubriendo paredes, techos y pisos con representaciones de figuras sagradas y escenas religiosas. Estos mosaicos no solo decoraban los espacios, sino que también servían como una forma de enseñar e inspirar a los fieles. La luz natural que entraba por los vitrales reflejaba en las teselas doradas de los mosaicos, creando un ambiente de luminosidad divina.


Pinturas e Íconos:

La pintura bizantina es famosa por sus íconos, que son imágenes sagradas de santos, ángeles y figuras bíblicas. Estos íconos no son solo obras de arte, sino objetos de devoción y veneración. Creados con la técnica de la encáustica, que utiliza cera caliente mezclada con pigmentos, los íconos poseen una durabilidad y una profundidad de color impresionantes.

Los íconos bizantinos son caracterizados por un estilo hierático y frontal, donde las figuras son representadas de frente, con expresiones serenas y ojos grandes que parecen seguir al observador. Este estilo busca transmitir una sensación de divinidad y eternidad, diferenciando las figuras sagradas de las representaciones más naturalistas encontradas en otras tradiciones artísticas.

Además de su función espiritual, los íconos también servían como herramientas pedagógicas. En una época en que la mayoría de las personas era analfabeta, estas imágenes ayudaban a transmitir historias y enseñanzas religiosas de forma accesible e impactante. Los íconos eran frecuentemente colocados en lugares de destaque en las iglesias, facilitando la meditación y la oración de los fieles.

Íconos son imágenes sagradas de santos y figuras bíblicas.

Técnica de la encáustica para durabilidad y profundidad de color.

Estilo hierático y frontal para transmitir divinidad.


Mosaicos Bizantinos:

Los mosaicos son una de las formas de arte más emblemáticas de la tradición bizantina. Hechos de pequeños trozos de vidrio coloreado y dorado, conocidos como teselas, estos mosaicos decoraban las paredes, techos y pisos de las iglesias, creando imágenes deslumbrantes que impresionaban e inspiraban a los fieles. La técnica de mosaico permite una gran durabilidad y resistencia a las inclemencias, lo que contribuyó a la preservación de muchas de estas obras hasta los días actuales.

Los mosaicos bizantinos frecuentemente representaban figuras sagradas, escenas bíblicas y motivos decorativos complejos. La luz natural que entraba por los vitrales reflejaba en las teselas doradas, creando un efecto de brillo y luminosidad que parecía dar vida a las imágenes. Este juego de luz y color no solo embellecía los espacios, sino que también transmitía una sensación de presencia divina.

Ejemplos notables de mosaicos bizantinos pueden encontrarse en la Basílica de San Vital en Rávena, Italia, donde las representaciones de figuras como el Emperador Justiniano y la Emperatriz Teodora son especialmente conocidas por su complejidad y belleza. Estos mosaicos son importantes no solo por su calidad artística, sino también por su valor histórico, proporcionando información sobre la sociedad y la cultura bizantinas.


Contexto Histórico y Cultural:

El arte bizantino se desarrolló dentro del contexto del Imperio Bizantino, uno de los imperios más duraderos e influyentes de la historia. Originado en la parte oriental del Imperio Romano, el Imperio Bizantino tuvo como capital Constantinopla, fundada por Constantino el Grande. El arte bizantino es una fusión de la herencia cultural romana con la espiritualidad cristiana, reflejando la importancia central de la religión en la vida pública y privada.

Constantinopla era no solo un centro político y económico, sino también un importante centro religioso y cultural. La ciudad albergaba numerosas iglesias y monasterios, donde el arte bizantino florecía. La Hagia Sophia, construida por el emperador Justiniano, es un ejemplo icónico de la grandiosidad e innovación de la arquitectura bizantina, simbolizando el poder y la gloria del Imperio Bizantino.

El arte bizantino servía múltiples propósitos, incluyendo la adoración religiosa, la educación de los fieles y la propaganda imperial. Las representaciones artísticas eran cuidadosamente elaboradas para transmitir mensajes de poder divino y legitimidad imperial. La simbología presente en las obras de arte, como el uso de colores y formas específicas, ayudaba a reforzar estos mensajes y a crear un ambiente de sacralidad y trascendencia.

Origen en el Imperio Bizantino, con capital en Constantinopla.

Fusión de la herencia romana con la espiritualidad cristiana.

Servía para adoración, educación y propaganda imperial.


Para Recordar:

Arte Bizantina: Estilo artístico que floreció en el Imperio Bizantino entre los siglos IV y XV, caracterizado por su rica integración de elementos cristianos y romanos.

Arquitectura: Estructura y diseño de edificios, notablemente iglesias, con cúpulas majestuosas y el uso de mosaicos.

Pinturas: Representaciones artísticas en superficies, incluyendo íconos religiosos creados con la técnica de la encáustica.

Mosaicos: Imágenes creadas con pequeños trozos de vidrio de colores y dorados, usados extensivamente en la decoración de iglesias.

Íconos: Imágenes sagradas de figuras religiosas, utilizadas para adoración y enseñanza religiosa.

Encáustica: Técnica de pintura que utiliza cera caliente mezclada con pigmentos.

Imperio Bizantino: Estado que sucedió a la parte oriental del Imperio Romano, con capital en Constantinopla.

Constantnopla: Capital del Imperio Bizantino, actualmente conocida como Estambul.

Hagia Sophia: Iglesia icónica de Constantinopla, ejemplo de innovación en la arquitectura bizantina.

Basílica de San Vital: Iglesia en Rávena, Italia, conocida por sus mosaicos bizantinos bien preservados.

Cúpulas: Estructuras arquitectónicas redondeadas que son características de los edificios bizantinos.

Religión Cristiana: Principal influencia en el arte bizantino, reflejada en sus representaciones artísticas.

Cultura Romana: Elemento cultural integrado al arte bizantino.

Propaganda Imperial: Uso del arte para transmitir mensajes de poder y legitimidad imperial.

Simbología Espiritual: Uso de colores y formas en el arte bizantino para transmitir significados religiosos.


Conclusión:

El arte bizantino, que se desarrolló entre los siglos IV y XV, es una expresión rica del arte cristiano oriental, combinando la espiritualidad cristiana con la herencia cultural romana. La arquitectura bizantina, ejemplificada por la Hagia Sophia en Constantinopla, es notable por sus grandiosas cúpulas y el uso extensivo de mosaicos que creaban ambientes de luminosidad divina. Además, la pintura bizantina, con sus íconos religiosos creados por la técnica de la encáustica, desempeñó un papel central en la devoción y educación religiosa.

Los mosaicos bizantinos, hechos de teselas de vidrio de colores y dorados, no solo decoraban iglesias, sino que también transmitían una sensación de presencia divina a través del juego de luz y color. La Basílica de San Vital, en Rávena, es un ejemplo icónico de estos mosaicos. El contexto histórico del Imperio Bizantino, con su capital en Constantinopla, destacó el arte como un medio de adoración, enseñanza religiosa y propaganda imperial.

El estudio del arte bizantino es crucial para comprender la intersección entre religión, cultura y política en la historia. A través del análisis de la arquitectura, pinturas y mosaicos, podemos apreciar cómo el arte reflejaba y reforzaba los valores espirituales e imperiales del Imperio Bizantino. Este conocimiento enriquece nuestra comprensión de la historia del arte y de las influencias culturales que aún resuenan en los días actuales.



Curiosidades sobre Bizancio.


En este capítulo voy ha contároas, varias  Curiosidades sobre Bizancio  que quizás no conozcáis.  Vamos a verlo. 

1.  Bizancio fue una antigua ciudad griega fundada por colonos griegos de Megara en 657 antes de Cristo. La ciudad fue reconstruida y re-inaugurada como la nueva capital del Imperio Bizantino por el emperador Constantino I en el año 330 dC y posteriormente rebautizada Constantinopla en su honor.

2.  En 476 dC el Imperio Romano de Occidente cayó y el Imperio de Oriente sobrevivió como lo que hoy conocemos como el Imperio Bizantino.

3.   Byzantion estaba preparado para ser nombrado después de Byzas, el líder de los colonos Megarean y fundador de la ciudad. La forma "Bizancio" es una latinización del Byzantion griego.

4.  Sin embargo, "bizantina" es un término del siglo XIX que los historiadores modernos aplicaron a esta cultura. Bizantinos, por otro lado, se llamaban a sí mismos "romanos" desde el principio del Imperio Bizantino en el año 330 dC hasta que cayó a los otomanos en 1453.

5.  Los bizantinos fueron los primeros en tratar el romero para darle sabor al cordero asado . También fueron los primeros en utilizar el azafrán en la cocina. Estos compuestos aromáticos, bien conocidos en el mundo antiguo, anteriormente no habían sido considerados como ingredientes alimentarios.

6.  A los bizantinos les gustaban dulces y postres más que nada. Había platos que reconocemos hoy en día como postres como grouta, una especie de frumenty, endulzado con miel y salpicado de semillas de algarrobo o pasas, y a los bizantinos les encantaba comer arroz con leche servido con miel y canela.L a mermelada de membrillo era conocida desde la antigüedad, por los griegos y los romanos, pero en el Imperio Bizantino otras jaleas y conservas hicieron su aparición, así, sobre la base de la pera, cítrico y limón. La creciente disponibilidad de azúcar ayudó a la inventiva de la repostería. El Rose azúcar, un dulce popular medieval, que seguramente pudo haberse originado en Bizancio.

7.  Vinos con sabor, una variante de la conditum (vino con especias) romana, se hizo popular, al igual que los refrescos con sabor, que se consumen en los días de ayuno. Las versiones que fueron aromatizadas con masilla, anís, rosa, y el ajenjo eran especialmente populares; estas eran ancestros del mastikha, vermut, ajenjo, y ouzo en la Grecia moderna.

8.   Los bizantinos disfrutaron de mariscos, en concreto de un plato muy popular que llamaron "botargo", que fue salado huevas de mújol. En el siglo XII los bizantinos estaban familiarizados con el caviar también.

9.  Crímenes dentro de la corte.

Si bien el emperador elegía a su sucesor, fueron muchos los que llegaron al poder al ser proclamados emperadores por el ejército (como Heraclio o Alejo I Comneno), o gracias a las intrigas cortesanas, a veces aderezadas con numerosos crímenes. Para evitar que los emperadores depuestos y sus familiares reivindicaran el trono eran con frecuencia cegados y, en ocasiones, castrados, y confinados en monasterios. Un caso peculiar es el de Justiniano II, llamado Rhinotmetos ('Nariz cortada'), a quien el usurpador Leoncio cortó la nariz y envió al destierro, aunque recuperaríaposteriormente su trono. Estos crímenes atroces fueron sumamente frecuentes en la historia del Imperio Bizantino, especialmente en las épocas de inestabilidad política.

El emperador bizantino gozaba de un poder absoluto; sin embargo, de hecho, su autoridad estaba limitada por la tradición y los emperadores más débiles fueron dominados a menudo por algún ministro poderoso o un ambicioso patriarca. La administración pública fue, en general, eficiente y honrada.

Uno de los mayores problemas políticos se derivó de la falta de una sucesión legal al trono. Las disputas por la sucesión llenan las hojas de la historia de Bizancio. De los 109 emperadores que hubo entre 395 y 1453, sólo 34 murieron de muerte natural.

La vida en la ciudad de Bizancio era agitada y accidentada. El público se excitaba con las carreras de caballos en el hipódromo. Las disputas teológicas se transformaron a menudo en violentas y sangrientas riñas.

Florecieron la teología y la historiografía. Procopio escribió una notable historia sobre el gobierno de Justiniano. Existían excelentes bibliotecas públicas y privadas. Con ocasión del saqueo de Bizancio por los cruzados en 1204 y los turcos en 1453 se perdieron innumerables y valiosísimos manuscritos. Sin embargo, muchas obras de los autores clásicos se salvaron y contribuyeron al renacimiento de las letras en Occidente en el siglo XV.
 

10.  El enigma del fuego griego.

Fíjate en esa imagen. Claramente muestra a un hombre de la tripulación del barco de la izquierda disparando fuego contra el barco de la derecha.

Es una ilustración que aparece en el Skylitzes Matritensis, un manuscrito de la "Sinopsis de la historia" de Juan Escilitzes, que abarca los reinados de los emperadores bizantinos desde la muerte de Nicéforo I en 811 hasta la deposición de Miguel IV en 1057.


Pero… ¿Qué era?  El Fuego Griégo.

En pocas palabras, era un arma química. Y Tomás el Eslavo no fue el primero en sentir su ardor.
El empleo de materiales incendiarios en la guerra es de larga data.
Varios escritors de la antigüedad hablan de flechas encendidas, braseros de fuego y de sustancias como nafta, azufre y carbón.
Más tarde, se empezaron a usar el salitre y la trementina.

Al resultado de esas mezclas los Cruzados le llamaban "fuego griego" o "fuego salvaje".
Por la descripción de sus efectos, se piensa que debía tener petróleo, probablemente nafta, un aceite crudo ligero altamente inflamable.
También se cree que contenía otro elemento que se usaba en la época: resina de pino.
Las historias cuentan que la sustancia se pegaba a la piel o la ropa y resulta que la resina de pino es pegajosa. Además, habría hecho que la mezcla ardiera por más tiempo y a más alta temperatura.
Al parecer, las llamas sólo se podían apagar con orina, arena y vinagre.
Y decimos "debía" y "al parecer" porque aunque se sabe que existió, el arte de componer la mezcla fue un secreto tan bien guardado -de hecho era un secreto de Estado que debías llevarte a tu tumba- que su composición precisa se perdió con el tiempo.

 
Lo que se sabe.

Las historias sobre el fuego griego son tan fabulosas que bordean el terreno de la ficción pero sabemos que su efecto era devastador: una vez encendida, la misteriosa solución era capaz de engullir un barco y su tripulación en cuestión de minutos.
Calínico de Heliópolis, un refugiado judío en el Imperio Bizantino, fue quien "inventó el arte de proyectar fuego líquido" durante el mandato de Constantino IV (668-685).
La sustancia se podía lanzar con cubos, granadas o disparar a través de tubos; espontáneamente se prendía en llamas que no se podían extinguir con agua.

Es más, ardía sobre el agua.

Y el hecho de que lo pudieran lanzar valiéndose -irónicamente- de la tecnología que los romanos utilizaban para apagar incendios -bombas de aire manuales- implicaba que la feroz mezcla podía viajar encendida hasta donde estaba su objetivo a la manera de un lanzallamas moderno.
Con esos artilugios montados en las próas, los barcos griegos causaron estragos a la flota árabe que atacó Constantinopla en 673.
El fuego griego también fue empleado más adelante por Leo III el Isaurio contra un ataque árabe en 717 y por Romano I Lecapeno contra una flota rusa en el siglo X.



11.  Diferencias entre la Iglesia católica y la ortodoxa 


Una tarde de verano de 1054, después de ua discusión subida de tono con el patriarca de Constantinopla, el representante del Papa, el cardenal Humbert, entró en Hagia Sophia, principal lugar de culto de la ciudad, colocó un documento en el altar y salió de allí rápidamente.

Se trataba de una notificación de excomunión destinada a los miembros de la Iglesia, que en virtud del documento, veían cerrada su ruta al paraíso. Existe un consenso general en que este radical gesto marcó el comienzo del Gran Cisma, el momento en que la Iglesia, unida en los primeros 1.000 años de Cristianismo, se divide dando paso a la Iglesia ortodoxa y a la Iglesia católica romana.

 El momento considerado comúnmente como un punto de inflexión, fue el último paso de una fractura creciente entre el este y el oeste. La excomunión fue más bien el síntoma de las dificultades que se habían ido desarrollando con el tiempo.


Jerarquía.

Tanto la Iglesia católica occidental como la ortodoxa oriental organizan a sus representantes espirituales en tres categorías principales: obispos, sacerdotes y diáconos. La mayor diferencia entre ambas es el estatus del Papa católico romano. En la historia de la cristiandad, el obispo de Roma tuvo desde muy pronto una posición de honor basada en el significado de la ciudad y la historia.


Creéncias.

Las creencias de la Iglesia católica romana figuran en un documento de un solo volumen conocido como el Catecismo, lo que no es el caso de la Iglesia oriental.

Sin embargo, ambas se adhieren a las decisiones tomadas por los primeros Siete Concilios Ecuménicos que unieron a sus principales representantes entre 325 y 787 para acordar principios clave tales como:

Las tres formas de Dios – "El Padre" en el cielo, "El Hijo, Jesucristo" en la tierra y "El Espíritu Santo", que es la presencia de Dios en todas partes.

La capacidad de Jesucristo de ser divino y humano al mismo tiempo.

El carácter especial de María como la madre de Dios
 
El uso de iconos en la adoración.

Sin embargo, los católicos romanos y los ortodoxos discrepan sobre la naturaleza de la relación del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo. También tienen diferentes teorías sobre el significado de la Pascua, la festividad que marca la muerte y la reencarnación de Jesucristo. Para los católicos romanos, Jesús salvó al hombre y le permitió llegar al cielo sacrificando su vida en la cruz.


Liturgia.

La riqueza de las prácticas espirituales de las Iglesias occidental y oriental es tal, que desafía la categorización. No obstante, se podrían destacar algunas diferencias: mientras que los católicos romanos tienden a usar estatuas para representar a los santos, la Iglesia ortodoxa tiene una rica tradición iconográfica y pictórica.

Los católicos romanos tienden a arrodillarse en la oración, mientras que los fieles ortodoxos suelen estar de pie. Los fieles de la Iglesia occidental, normalmente, sólo reciben el pan eucarístico, que no es fragmento de un solo pan sino una hostia consagrada; en la Iglesia ortodoxa la comunión es con pan y vino, los fieles reciben del sacerdote o del Obispo un trocito de pan y vino.

Otra diferencia de mayor calado reside en el celibato; la Iglesia romana exige el celibato a su clero, mientras que muchas parroquias ortodoxas la feligresía exige que el párroco sea un hombre casado.


Calendario.

Hasta 1923, todas las Iglesias orientales utilizaron el calendario juliano antiguo (introducido por Julio César en el año 45 a.C) que en la actualidad va 13 días por detrás del "nuevo" calendario católico romano (introducido por Papa Gregorio XIII en 1582). Esto se tradujo en que las festividades eclesiásticas en el este y en el oeste se celebraban en fechas diferentes. Muchas Iglesias ortodoxas han adoptado desde entonces el nuevo calendario, lo que significa que ahora las fiestas coinciden, excepto la Pascua, que se sigue calculando según el calendario antiguo.

Espiritual y teológicamente, hay muchos más puntos que unen a las Iglesias occidental y oriental que líneas divisorias. A través de los siglos, se han realizado numerosos intentos de acabar con estas últimas… es probable que los esfuerzos en ese sentido continúen durante el tercer milenio.


--------------------------------------------

Este capítulo es el último que hablo sobre el Imperio bizantino. En él vamos ha escuchar, como se produjo la Toma de Constantinopla en el año 1453 por los Turcos otomános, poniéndo el fin ha   Bizancio y a la Edad Media también.
En los siguientes episodios nos introducirémos en el Imperio Islámico, por supuesto,  cargado de increíbles acontecimientos.
Pero ahóra volvémos a Bizancio.  Escuchémos.

----------------------------------------------


La caída de Constantinopla en 1453, el fin de la Edad Media.


La larga lucha entre los otomanos y el Imperio bizantino concluyó el 29 de mayo de 1453, cuando Constantinopla fue conquistada por las tropas de Mehmed II al término de uno de los mayores asedios de la historia. El hecho marcó el fin de la Edad Media y produjo una gran conmoción en la cristiandad. En cierto modo, cabría decir que la caída de Constantinopla causó en su tiempo un impacto comparable al que los hechos del 11-S de 2001 han tenido en nuestra época.




En la primavera de 1453, un enorme ejército otomano convergió sobre los muros de la ciudad cristiana de Constantinopla para asestar el golpe de gracia al moribundo Imperio bizantino.

Desde hacía más de un siglo, los otomanos, un pueblo turco originario de Asia central, habían avanzado firmemente, arrebatando territorio, mano de obra y recursos a los bizantinos grecoparlantes, hasta que lo único que quedó de Bizancio fue la propia Constantinopla, su capital. Ahora, el sultán Mehmed II pretendía conquistar la ciudad para el Islam. Tras las murallas esperaba Constantino XI, que se había pasado la vida resistiendo a los otomanos y estaba decidido a combatir hasta el fin.

El emperador bizantino se enfrentaba a un ejército compuesto por un mínimo de cien mil hombres. En comparación, las fuerzas bizantinas eran escasas —unas fuerzas mixtas de 8.000 soldados entre griegos, venecianos y genoveses, más algunos de Aragón y Castilla—, y la defensa organizada por el soberano se veía menoscabada por las disputas religiosas históricas entre la población griega ortodoxa y los católicos fieles al papa.



Las murallas más poderosas.

La principal baza de Constantino era la propia ciudad. Con forma aproximada de triángulo y un perímetro de diecinueve kilómetros, dos de sus lados estaban rodeados por agua y el tercero, de seis kilómetros de longitud, estaba protegido por las fortificaciones más formidables del mundo medieval. La muralla de Teodosio se alzaba desde el siglo V y estaba compuesta por cinco estratos defensivos: una doble muralla con 192 torres, un foso y dos zonas expuestas que el enemigo debía cruzar bajo un fuego intenso.


En sus 1.100 años de historia, la ciudad había vivido veintiséis asedios, y ningún atacante había logrado superar aquellas murallas; en 1204, los cruzados conquistaron Constantinopla asaltando las murallas marítimas, no las teodosianas. Además, Constantino estaba encantado porque un genovés especialista en asedios, Giovanni Giustiniani, había llegado para dirigir las operaciones defensivas.


Desde las murallas, los defensores de la ciudad veían el campamento otomano a sus pies, extendiéndose de costa a costa; un espectáculo imponente de millares de hombres, tiendas, animales y provisiones. Lo más alarmante era que el enemigo había desplazado un número de cañones sin precedentes. Mehmed había reunido 70 de ellos, incluido un supercañón enorme, bautizado como Basílica, que fue transportado desde la ciudad de Edirne, a 225 kilómetros de distancia, y que estaba diseñado tanto para bombardear las murallas como para aterrorizar a la población. El 12 de abril, los cañones comenzaron a tronar. La guerra había empezado.


El castigo de la artillería.

El efecto de los bombardeos fue devastador. Las murallas que habían resistido siglos de ataques empezaron a desmoronarse. Para los defensores, los efectos psicológicos del bombardeo fueron tan graves como sus daños materiales. El ruido y la vibración de las baterías de cañones, las nubes de humo y los demoledores impactos en las murallas consternaban a los más curtidos defensores. La población civil lo consideró una señal del Apocalipsis y corrió a rezar a las iglesias. De repente, parecía que las grandes murallas que habían defendido la ciudad durante un millar de años habían quedado obsoletas.

El bombardeo se prolongó durante días. Sin embargo, tras la conmoción inicial, los defensores recobraron el ánimo y Giustiniani improvisó una solución ingeniosa frente al poder destructivo de los cañones.

Ayudado por el pueblo, construyó barreras improvisadas con piedras, matorrales y mucha tierra, culminadas con barriles llenos de más tierra para las almenas. Los terraplenes resultantes neutralizaban asombrosamente bien el impacto de los proyectiles de piedra, que eran amortiguados por la tierra, como cuando se lanzan piedras contra el barro. Pequeños grupos de asalto actuaban de noche, retirando los cascotes caídos para evitar que los otomanos construyeran un puente. Cuando éstos lanzaban algún ataque sorpresa, eran acribillados con arcos, ballestas y armas de mano primitivas.

Mehmed necesitaba actuar con rapidez. No podía mantener a su gran ejército indefinidamente ante las murallas. Sus tropas no habían llegado allí impulsadas sólo por el espíritu del yihad, sino también con la intención de saquear una ciudad considerada inmensamente rica. Las esperanzas de Constantino XI se concentraban en la llegada de una flota de apoyo desde Italia. Sin embargo, lo que el 12 de abril contemplaron los defensores de la ciudad fue una imponente flota otomana recién construida y enviada para bloquear las vías marítimas de suministro de la capital bizantina.

Una semana después, tres grandes veleros genoveses arribaron por la desembocadura del Bósforo, cargados de provisiones y de hombres. Era evidente que tendrían que abrirse paso combatiendo. La nueva flota otomana, formada por galeras bajas y rápidas, corrió a interceptarlos, pero desde las cubiertas y mástiles de los altos veleros cayó sobre las naves otomanas una formidable lluvia de flechas que les impidió abordarlos. Desde la orilla, Mehmed vio con rabia e impotencia cómo su flota era humillada por aquellos barcos, que pudieron entrar en el puerto bizantino del Cuerno de Oro, que se cerraba con una gran cadena.

En la guerra psicológica, los cristianos interpretaron estos sucesos como una señal divina de su próxima victoria mientras que los ánimos decayeron en el campamento otomano. Pese a ello, los cañones seguían disparando. Los defensores trabajaban sin descanso para reparar sus murallas y los otomanos lanzaban ataques nocturnos que eran repelidos, aunque a cada asalto el número de defensores iba menguando y aumentaba el cansancio.

Mehmed, aún dolido por la derrota naval, estaba decidido a neutralizar la flota cristiana del Cuerno de Oro. Sus naves realizaron varias incursiones con la intención de romper la cadena y atacar el puerto, sin éxito. Aun así, tenía la enorme ventaja de disponer de una cantidad ingente de hombres y resolvió el problema con un plan audaz. En gran secreto, instaló un camino de rodillos de madera engrasados desde su puerto hasta la parte alta del Cuerno de Oro y lo usó para trasladar, por tierra y en plena noche, 70 embarcaciones de su flota. La mañana del 22 de abril, los defensores de Constantinopla vieron horrorizados que las galeras otomanas eran echadas al agua, listas para acechar a la flota cristiana.


El asalto final.

Quedaba claro que aquella batalla iba a librarse a muerte y que el asedio se aproximaba a un punto crítico. La atmósfera en ambos bandos era febril. La población de Constantinopla estaba alarmada porque una vieja profecía decía que la ciudad jamás podría ser tomada con luna creciente; por eso, la noche del 24 de mayo, cuando la luna empezó a menguar, el miedo se apoderó de la gente.

Los que contemplaban la luna aquella noche quedaron perplejos porque sólo tenía una parte visible, consecuencia de un eclipse parcial, lo que interpretaron como un terrible presagio, lo que supuso un duro revés para los esfuerzos de Constantino por mantener la moral de los sitiados. Al día siguiente ordenó sacar en procesión el icono más sagrado de la Virgen que había en la ciudad, para levantar los ánimos. Sin embargo, las cosas empeoraron. Una violenta tempestad sorprendió a quienes participaban en el ritual, y el icono resbaló de hombros de los porteadores y cayó al fango, lo que terminó con la procesión.

La mañana siguiente se vieron extraños efectos de luz alrededor de la cúpula central de Santa Sofía. Los aterrorizados habitantes creyeron que Dios había abandonado definitivamente su ciudad. Una delegación visitó al emperador para suplicarle que huyera y que or

El 27 de mayo, Mehmed se preparó para el asalto definitivo, mentalizando a sus hombres para una batalla a vida o muerte. Durante tres noches seguidas ordenó que encendieran hogueras a lo largo de la línea del frente. Desde las murallas, los defensores podían ver un anillo de llamas ante el campamento enemigo, mientras oían rítmicos cantos. Los cristianos colocaron sus iconos en las murallas para elevar su moral y rogar protección divina. La tarde del 28 de mayo, todos se congregaron en Santa Sofía por última vez, en una demostración de unidad que por fin concilió a ortodoxos y católicos. Todos se abrazaron y regresaron a sus puestos. Constantino y Giustiniani colocaron a sus tropas entre la muralla interior y la exterior, y cerraron las puertas de la ciudad. No podían retroceder. Gran parte de la población civil se reunió en la vasta iglesia de Santa Sofía para rezar.

Antes del amanecer del 29 de mayo, entre el ruido de tambores, cuernos y campanadas, los otomanos empezaron a lanzar constantes ataques en oleadas. Todos caían al pie de las murallas. Los defensores se mantuvieron firmes durante horas, pero el peso del número empezaba a decantar la balanza.


Un desenlace trágico.

Fue la mala suerte lo que al final resquebrajó la defensa cristiana. Tras días combatiendo, Giustiniani resultó gravemente herido y, viendo que no podía seguir luchando, pidió a Constantino permiso para retirarse. El emperador aceptó a regañadientes. Cuando los soldados vieron que su gran comandante abandonaba la batalla, su moral se derrumbó. Todos echaron a correr hacia las puertas de la ciudad y los otomanos pudieron atravesar las murallas y asaltar las calles, asesinando y saqueando. Abrieron las puertas de Santa Sofía a la fuerza y todos los que estaban en su interior fueron esclavizados. Mehmed hizo una entrada triunfal en la ciudad. Constantino debió de caer en combate; su cuerpo jamás fue encontrado.

El asedio y la toma de Constantinopla marcaron el final de la Edad Media. Supusieron el fin del mundo clásico, la llegada definitiva de los otomanos a la arena europea y el avance de la tecnología de la pólvora. La aflicción embargó a toda la Cristiandad. Constantinopla había sido la ciudad fundacional del cristianismo, la creían eterna. Los relatos de la época evidencian que la gente recordaba dónde se encontraba cuando se enteró del desastre. "¿Qué es esa execrable noticia que nos llega sobre Constantinopla? —escribió el erudito Eneas Silvio Piccolomini al papa—. Me tiembla la mano mientras escribo". En cierto modo, cabría decir que la caída de Constantinopla causó en su tiempo un impacto comparable al que los hechos del 11-S de 2001 han tenido en nuestra época.










EL IMPERIO ISLÁMICO.

    Antes de la aparición del islam, los habitantes de la península arábiga estaban divididos en tribus nómadas que se desplazaban por el gr...