Durante estos 45 años se sucedieron más de 20 gobernadores o valíes.
El Emirato Independiente de Córdoba (756-929).
Fue un estado islámico en la península ibérica (Al-Ándalus) fundado por Abderramán I, un príncipe omeya que huyó de la masacre abasí en Oriente, logrando la independencia política de Damasco pero manteniendo la unidad religiosa, estableciéndose en Córdoba como centro de poder omeya en Occidente y sentando las bases para el posterior Califato de Córdoba, un período de gran esplendor cultural y político en la península.
Características Principales.
Independencia Política: A diferencia del emirato dependiente anterior, el emir de Córdoba gobernaba con poder ejecutivo, legislativo y judicial, sin reconocer la autoridad política de los califas abasíes.
Origen Omeya: Fue fundado por Abderramán I, el único superviviente de la dinastía omeya tras su derrocamiento en Oriente, estableciendo una dinastía propia en Al-Ándalus.
Capital: Córdoba se consolidó como la capital, convirtiéndose en una ciudad de gran desarrollo cultural, económico y arquitectónico, símbolo de la fortaleza del emirato.
Consolidación: Durante casi dos siglos, se consolidó el poder islámico en Hispania, integrando Al-Ándalus en el mundo islámico y experimentando una rápida islamización.
Transición: El emirato enfrentó desafíos como revueltas internas y conflictos con los reinos cristianos del norte, hasta que Abderramán III se proclamó califa en el 929, transformando el emirato en el Califato
de Córdoba, la etapa de máximo esplendor.
En resumen, el Emirato de Córdoba fue la primera fase de un poder omeya independiente en la península ibérica, un puente entre la administración dependiente inicial y el gran Califato que surgiría después, marcando un periodo crucial para la historia de Al-Ándalus.
Abderramán I (731-788).
Fue un príncipe omeya que huyó de la masacre de su familia por los abasíes en Damasco y se convirtió en el primer emir independiente de Córdoba (Al-Ándalus) en 756, fundando la dinastía omeya andalusí y estableciendo un estado musulmán poderoso en la península ibérica, consolidando la administración y comenzando la construcción de la Gran Mezquita de Córdoba.
Origen y huida:
Nació en Damasco, Siria, y era nieto del califa omeya Hisham.
Tras la caída de los omeyas ante los abasíes en el 750, huyó para salvar su vida, siendo el único superviviente de su linaje inmediato.
Viajó por Palestina y el norte de África hasta llegar a la península ibérica.
Llegada a Al-Ándalus y consolidación del poder:
En 755, desembarcó en la costa granadina y, con el apoyo de fuerzas locales, se proclamó emir.
En 756, derrotó al valí local en la Batalla de la Alameda, estableciendo su autoridad y fundando el Emirato Independiente de Córdoba, independiente del califato abasí de Oriente.
Legado:
Fundador de la dinastía Omeya en Al-Ándalus, que gobernaría la península durante más de dos siglos.
Organizador: Estructuró la administración, el ejército y la hacienda del nuevo estado.
Promotor cultural: Impulsó el comercio, la agricultura y fue un gran mecenas de las artes, además de ser poeta.
Constructor: Inició la construcción de la Gran Mezquita de Córdoba, símbolo de su poder y de la cultura andalusí.
Símbolo de Al-Ándalus: Su figura es clave para entender la estabilidad y el esplendor de Al-Ándalus durante siglos, ralentizando la reconquista cristiana.
Fue erigida inicialmente por Abderramán I en el año 785, comenzando la gran construcción sobre una antigua basílica visigoda, y a ella siguieron importantes ampliaciones por otros califas como Abderramán II y Alhakén II, quienes la consolidaron como la majestuosa mezquita que conocemos hoy, uniendo poder religioso y político en Al-Ándalus.
Fases principales de su construcción:
Abderramán I (siglo VIII): Inició la mezquita original, estableciendo las bases de su planta y el patio, simbolizando el poder del nuevo Emirato Independiente de Córdoba.
Hisham I (siglo VIII): Su hijo terminó las obras inacabadas y construyó el primer alminar (torre).
Abderramán II (siglo IX): Realizó la primera gran ampliación, extendiendo la sala de oración hacia el sur.
Alhakén II (siglo X): Ejecutó la segunda gran ampliación, añadiendo la deslumbrante Maxura (espacio reservado al califa) y la bóveda califal del mihrab, que son las partes más ornamentadas que se conservan.
Almanzor (finales del siglo X): Llevó a cabo la última gran ampliación, añadiendo ocho naves al lado oeste para dar cabida al crecimiento de la ciudad, lo que le dio un aspecto más militarizado.
Así, la mezquita es un edificio que creció a lo largo de tres siglos, reflejando la evolución del poder Omeya en la península ibérica.
Abderramán II (792–852).
Fue el cuarto emir omeya de Córdoba, gobernando al-Ándalus entre el 822 y el 852. Su reinado es considerado un periodo de esplendor y consolidación del Emirato Independiente, a menudo descrito como una "luna de miel" cultural y administrativa, en la que convirtió a Córdoba en una potencia y un reflejo de la Bagdad abasí.
Principales logros y características de su reinado:
Organización del Estado: Fue el verdadero organizador del emirato independiente, centralizando el poder administrativo mediante la creación de una cancillería (diwan) y delegando funciones en visires.
Esplendor Cultural: Fomentó las artes, las letras y la cultura, atrayendo a sabios y poetas a su corte, lo que resultó en un renacimiento intelectual.
Obras Públicas: Amplió la Mezquita de Córdoba y mejoró las infraestructuras de la ciudad, convirtiéndola en una urbe sofisticada.
Defensa y Política Exterior: Repelió la invasión vikinga de 844 que atacó Sevilla, lo que le llevó a crear una flota naval estable. Mantuvo relaciones diplomáticas con Bizancio y el norte de África.
Política Fiscal: Reformó la economía, mejoró la recaudación de impuestos y consolidó el monopolio de la acuñación de moneda.
Islamización: Impulsó la rápida islamización de la península, reduciendo el número de cristianos en el territorio musulmán (mozárabes).
Su reinado marcó la transición de una administración militarizada a un estado más burocrático y cultural, dejando una estructura sólida para sus sucesores.
Califato de Córdoba.
Qué fue el califato de Córdoba y qué poder tenía?
El califato de Córdoba fue un período de la historia de Al-Ándalus en el que la ciudad de Córdoba, en la actual España, se convirtió en el centro político y cultural del mundo islámico occidental. Durante este tiempo, el califato de Córdoba alcanzó un poder y una influencia impresionantes, convirtiéndose en uno de los mayores imperios de su época.
El origen del califato.
El califato de Córdoba se estableció en el año 929 por Abderramán III, quien se proclamó califa, título que significa «sucesor» en árabe, en referencia a su sucesión directa del profeta Mahoma. Abderramán III unificó los diferentes reinos islámicos de la península ibérica bajo su liderazgo, creando así un estado centralizado y poderoso. Este logro fue especialmente notable, ya que en ese momento el mundo islámico estaba fragmentado en múltiples pequeños reinos.
El califato de Córdoba alcanzó su máximo poder durante el reinado de Abderramán III y su hijo Alhakén II. Durante este período, Córdoba se convirtió en una de las ciudades más avanzadas y prósperas del mundo, superando incluso a otras capitales islámicas como Bagdad y El Cairo. La ciudad contaba con impresionantes construcciones, como la Mezquita de Córdoba, y se convirtió en un importante centro intelectual y cultural.
El califato de Córdoba también ejerció un gran poder militar. Su ejército era temido y respetado en toda la región. Durante el reinado de Alhakén II, se llevaron a cabo importantes expediciones militares para expandir las fronteras del califato. Estas campañas militares llevaron al control de territorios tan distantes como el norte de África y la península itálica.
Centro económico y tolerancia religiosa.
Además de su poder militar y cultural, el califato de Córdoba también fue un importante centro económico. Córdoba era una ciudad próspera, con una economía basada en la agricultura, la industria y el comercio. La ciudad se convirtió en un importante centro de producción y comercio de bienes, como tejidos, cerámica y productos agrícolas. Por otro lado, gracias a su ubicación estratégica, Córdoba se beneficiaba del comercio con otras regiones del Mediterráneo y del mundo islámico..
El califato de Córdoba también fue conocido por su tolerancia religiosa y cultural. Aunque el islam era la religión oficial del califato, se permitía la práctica de otras religiones, como el judaísmo y el cristianismo. Esto atrajo a muchos eruditos y artistas de diferentes culturas y religiones, creando así una sociedad multicultural y diversa.
Abderramán III (891-961).
Fue el octavo emir independiente y el primer califa omeya de Córdoba, gobernando al-Ándalus entre 912 y 961. Consolidó el poder andalusí al unificar el territorio, proclamó el Califato en 929, fundó la ciudad palatina de Medina Azahara y condujo a la región a su máximo esplendor político y cultural.
Aspectos clave de su reinado:
Proclamación del Califato (929): Se autoproclamó califa, rompiendo la dependencia religiosa y política del califato abbasí de Bagdad, posicionándose como jefe supremo.
Pacificador y Conquistador: Pacificó el emirato andalusí, combatiendo rebeliones internas y conteniendo el avance de los reinos cristianos del norte.
Madinat al-Zahra: Construyó la espectacular ciudad palatina de Medina Azahara cerca de Córdoba (iniciada hacia el 936), que funcionó como centro administrativo y de representación de su poder.
Apogeo Cultural y Económico: Su reinado marcó la etapa de mayor esplendor de al-Ándalus, caracterizado por una gran prosperidad económica, desarrollo administrativo y cultural.
Aspecto Físico: Descrito por las crónicas como un hombre de piel blanca, cabello rubio cobrizo y ojos azules, reflejando sus ascendencias de mujeres del norte.
Murió en 961 tras un largo reinado de 50 años, sucediéndole su hijo Al-Hakam II.
Medina Azahara.
Fue una ciudad palatina, la capital administrativa y residencia del califa Abderramán III en el siglo X, construida a las afueras de Córdoba como símbolo del poder del Califato Omeya, destacando por su lujo, sofisticación arquitectónica y sus impresionantes jardines, aunque fue destruida durante una guerra civil apenas un siglo después de su creación.
¿Qué fue?
Una ciudad palatina: Un complejo urbano que funcionaba como centro de gobierno, residencia real y símbolo de la grandeza del Califato de Córdoba.
Una obra maestra arquitectónica: Diseñada para impresionar, utilizaba mármoles, oro y piedras preciosas, con fuentes, jardines y una organización en terrazas para separar las zonas.
¿Quién la mandó construir?
Abderramán III, el primer califa omeya de Córdoba, alrededor del año 936.
¿Por qué se construyó?
Símbolo de poder: Para demostrar la riqueza y supremacía del nuevo califato independiente.
Centro administrativo: Para albergar el gobierno civil y militar, además de la residencia del califa.
¿Qué pasó con ella?
Destrucción: Sufrió graves daños durante la "Fitna" (guerra civil) a principios del siglo XI, lo que llevó al abandono y ruina de la ciudad.
Redescubrimiento: Fue redescubierta en el siglo XX, y hoy es un importante yacimiento arqueológico y Patrimonio de la Humanidad, con extensas excavaciones en curso.
En resumen: Medina Azahara fue una deslumbrante "ciudad brillante" (su significado en árabe) que representó el apogeo del Califato de Córdoba, pero cuya vida fue corta, terminando trágicamente con la fragmentación del califato.
Vamos ha recapitular a modo de resumen, lo que hemos escuchado hasta ahora sobre el Califato.
Inicio (929): Abderramán III, emir desde 912, se autoproclama califa en 929, unificando el poder religioso y político.
Fin (1031): Tras la dictadura de Almanzor y la debilidad de los califas posteriores, el califato se desintegró en pequeños reinos llamados taifas.
Características Principales:
Esplendor Cultural: Córdoba se convirtió en un centro de civilización con grandes avances en ciencia, arte, literatura y filosofía, rivalizando con las grandes capitales orientales.
Poder Político y Militar: Ejerció hegemonía sobre la península y el norte de África, y fue una potencia militar y económica importante.
Desarrollo Urbanístico: Se impulsó la construcción de grandes obras, destacando la ampliación de la Mezquita de Córdoba y la construcción de la ciudad palatina de Madínat al-Zahra.
Convivencia y Tolerancia: Fue un periodo conocido por una relativa convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos, aunque con matices, promoviendo el saber y la cultura.
Legado:
Marcó el apogeo de la presencia islámica en la Península Ibérica, dejando una profunda huella cultural, artística e intelectual que influyó en la Europa medieval.
Comienzo del declive.
Sin embargo, a pesar de su poder y éxito inicial, el califato de Córdoba comenzó a debilitarse a finales del siglo X debido a conflictos internos y luchas de poder. Las diferentes facciones dentro del califato comenzaron a luchar entre sí, debilitando así su unidad y capacidad de gobierno. Además, los reinos cristianos del norte de la península ibérica se aprovecharon de estas divisiones y comenzaron a reconquistar territorios perdidos.
Finalmente, en el año 1031, el califato de Córdoba se desintegró por completo y se convirtió en múltiples reinos taifas. Estos pequeños reinos fueron fácilmente conquistados por los reinos cristianos en los siglos siguientes, poniendo fin al dominio islámico en la península ibérica.
Almanzor (940 – 1002), cuyo nombre significa "el Victorioso" .
Fue el caudillo militar y dictador de Al-Ándalus durante el califato de Hisham II. Conocido por su invencibilidad, lideró más de 50 exitosas campañas contra los reinos cristianos del norte, saqueando ciudades clave como Barcelona y Santiago de Compostela, lo que marcó la cima del poder andalusí y el inicio del fin del califato.
Origen y ascenso: Nacido como Muhammad Ibn Abi Amir, estudió en Córdoba y ascendió rápidamente de funcionario a tesorero, general y finalmente regente del califa Hisham II.
Poder dictatorial: Tras eliminar a sus rivales políticos y militares, como el general Galib, tomó el control absoluto del califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte en 1002, dejando al califa Hisham II en un papel meramente simbólico.
Campañas militares (Aceifas): Realizó 56 campañas militares sin conocer la derrota, siendo el "azote de los cristianos". Entre sus acciones más famosas destacan el saqueo de Barcelona (985) y la destrucción de Santiago de Compostela (997), de donde se llevó las campanas de la catedral para la mezquita de Córdoba.
Final: Falleció en Medinaceli en 1002, posiblemente debido a una enfermedad, tras su última expedición. Tras su muerte, el Califato de Córdoba entró rápidamente en decadencia, desmoronándose en los reinos de taifas.
Su administración se caracterizó por una política de terror hacia los núcleos cristianos y una gran reforma del ejército, que pasó a depender más de mercenarios bereberes.
Para finalizar, vamos ha escuchar algunas curiosidades de este increíble personaje.
En el verano de 997, el ejército del caudillo asoló la ciudad de Santiago de Compostela. Quemó templos y destruyó todo a su paso, respetando solo la tumba del apóstol Santiago. Según la leyenda, los prisioneros cristianos fueron obligados a cargar con las campanas del templo de Santiago hasta Córdoba donde fueron empleadas como lámparas de la nueva ampliación de la Mezquita. También entre el mito y la realidad se dice que las campanas regresaron de forma idéntica a Santiago, dos siglos y medio después, está vez a manos de prisioneros musulmanes capturados por Fernando III «El Santo».
Por sus firmes creencias religiosas, Almanzor aplicó la idea de guerra santa o yihad con entusiasmo durante toda su vida. Se dice que mandaba recoger el polvo con el que sus ropas quedaban manchadas durante sus incursiones contra los cristianos para ser enterrado con ellas cuando le llegara el último día.
Uno de los históricos errores de Almanzor, y que probablemente cometió por sus creencias y supersticiones religiosas, fue respetar el sepulcro del apóstol Santiago, cuando tomó la ciudad en el año 997.
Si lo hubiera destruido la tumba y hecho desaparecer todo rastro de estas importantísimas reliquias, hubiera cortado la principal arteria dinamizadora de la que se proveía la España cristiana, tanto en el plano espiritual, económico y cultural, que era el Camino de Santiago.
Reinos de Táifas.
Tras la desaparición del Califato de Córdoba a comienzos del siglo XI, Al-Ándalus dejó de estar unificado políticamente. En su lugar surgieron numerosos pequeños Estados independientes conocidos como reinos de taifas. Este periodo comenzó en el año 1031 y supuso una etapa de fragmentación política y debilidad frente a los reinos cristianos.
La caída del Califato de Córdoba.
El Califato de Córdoba entró en crisis a finales del siglo X y comienzos del XI debido a luchas internas por el poder, conflictos entre familias nobles y la pérdida de autoridad del califa. Finalmente, en 1031, el califato desapareció oficialmente.
Como consecuencia, el territorio de Al-Ándalus se dividió en múltiples taifas, cada una gobernada por un rey independiente (rey taifa). Algunas de las más importantes fueron las taifas de Sevilla, Toledo, Zaragoza, Badajoz y Valencia.
Características de los reinos de Taifas.
Los reinos de taifas eran Estados políticamente débiles y con fronteras poco seguras. A menudo entraban en guerra entre ellos, lo que impedía una defensa común frente a los enemigos externos.
Para evitar ataques, muchas taifas pagaron parias, es decir, tributos en dinero o productos, a los reinos cristianos del norte. Este hecho fortaleció económicamente a los reinos cristianos y facilitó su expansión territorial.
A pesar de su debilidad militar, las taifas vivieron un gran desarrollo cultural. Las cortes taifas se convirtieron en centros de arte, poesía, ciencia y arquitectura, destacando ciudades como Sevilla, Zaragoza o Toledo.
Las taifas y el avance cristiano.
La división de Al-Ándalus facilitó el avance de los reinos cristianos. Un hecho clave fue la conquista de Toledo en 1085 por el rey Alfonso VI de Castilla, que supuso un duro golpe para los musulmanes peninsulares.
Ante esta amenaza, algunas taifas pidieron ayuda a los almorávides, un pueblo musulmán del norte de África, que cruzó el Estrecho y derrotó a los cristianos en la batalla de Sagrajas (1086). Poco después, los almorávides pusieron fin a las taifas e incorporaron Al-Ándalus a su imperio.
Vamos ha profundizar un poco mas, esta pequeña introducción que hemos escuchado. Veámos.
La crisis final del Califato (1008-1031).
Entre 1008 y 1031 una guerra civil (provocada por la auto-proclamación como califa de Abderramán Sanchuelo, hijo de Almanzor), en el transcurso de la cual se fueron sucediendo más de 15 califas. Un consejo de notables se reunió en Córdoba y se decidió la abolición del califato (Hisham III fue expulsado).
Las primeras taifas (1031- 1090).
La causa principal de la ruina del Califato fue la impotencia del poder central frente a los elementos étnicos llegados a Al-Andalus. Almanzor había conseguido controlarlos pero ni sus sucesores ni los últimos omeyas tuvieron poder suficiente.
Se crearon una multitud de pequeños estados basados en afinidades étnicas, taifas, el Califato se fragmentó en veintisiete reinos de taifas. Los más débiles fueron desapareciendo y fueron anexionados por los más poderosos.
Surgieron algunas grandes unidades territoriales: Sevilla (Almutamid), Zaragoza, Toledo, Badajoz, Denia-Baleares (eslavona)
La vida política interna taifa fue confusa y poco brillante, presentaba un conflicto perpetuo, intereses opuestos, rivalidades y enfrentamientos.
Su debilidad militar, debida a las continuas guerras con sus vecinos, les llevó a pagar parias a los distintos reinos cristianos y a la pérdida de territorios.
En mayo de 1085 el rey Alfonso VI ocupó pacíficamente Toledo. Los distintos reyes taifas encabezados por al-Mu`tamid solicitaron ayuda al sultán almorávide Yusuf Ibn Tasfin. Los almorávides eran muy diferentes de los príncipes musulmanes de Al-Andalus, practicaban un Islam muy estricto (doctrina maliki) y llevaban velo. En 1086 derrotaba a Alfonso en la batalla de Zallaqa y regresaba al Magreb.
El Imperio Almorávide.
Tras una nueva campaña frente a Aledo e indignado por el comportamiento irreligioso, corrupto e impío de los reyes taifas Yusuf regresó en 1090 para conquistar Al-Andalus. Sevilla caía en 1091, pese a la petición de ayuda de al-Mu`tamid a Alfonso VI, Badajoz 1094, Valencia en 1102, muerto ya el Cid y Zaragoza en 1110. Sus éxitos militares más importantes frente a los cristianos fueron las batallas de Sagrajas (1086) y de Uclés (1108).
Los almorávides, auge y caída de un imperio.
Los Almorávides fueron una dinastía bereber del noroeste de África que, desde finales del siglo XI hasta mediados del XII, fundó un vasto imperio que dominó el norte de África y gran parte de Al-Ándalus (la España musulmana), siendo conocidos como monjes-soldados por su riguroso islamismo y espíritu guerrero, invadiendo la península ibérica como respuesta a los reinos de Taifas.
¿Quiénes eran?
Origen: Tribus nómadas del desierto del Sahara y el Magreb, como los Zanhaga.
Ideología: Una interpretación muy estricta y ortodoxa del Islam, buscando un retorno a sus orígenes.
Líder: Fundados por Abd Allah ibn Yasin en 1042.
Nombre: Su nombre significa "los que habitan en un ribat", un puesto fronterizo fortificado.
Su Imperio y Expansión.
Creación: Formaron un poderoso imperio que abarcó desde el actual Marruecos hasta Mauritania, Argelia y el sur de la Península Ibérica.
Capital: Fundaron y establecieron Marrakech como su capital.
Llegada a España: Fueron llamados por los reinos de Taifas para frenar el avance cristiano, cruzando el Estrecho de Gibraltar.
Hitos en España: Derrotaron a Alfonso VI en la Batalla de Sagrajas (1086) y unificaron Al-Ándalus bajo su dominio, extendiéndose hasta controlar toda la España musulmana.
Su Final.
Declive: Su poder comenzó a decaer hacia 1145.
Sustitución: Fueron reemplazados por otra dinastía norteafricana, los Almohades, a mediados del siglo XII.
Las segundas Taifas (1145-1170).
El Imperio almorávide perdió su empuje inicial. Se perdió Zaragoza en 1118 y Tarragona, además Alfonso el Batallador recorría Andalucía. Pero el principal peligro provenía del Magreb donde otro pueblo, los almohades ocupaban la zona en 1143. Ante esta decadencia se produjeron una serie de revueltas y la nueva aparición de taifas, muchas de efímera duración. Además los reinos cristianos aprovechaban esta nueva debilidad musulmana para ampliar sus territorios Lérida 1149 o la breve conquista de Almería en 1147.
El Imperio Almohade.
Los almohades desembarcaron en Al-Andalus y lentamente sometieron a las taifas Sevilla 1147, Córdoba 1149, Badajoz 1159, Almería 1157, Murcia 1172, Santarem 1184, sobre todo la victoria de Alarcos de 1195, frente a Alfonso VIII de Castilla, y la incorporación de Mallorca en 1203.
Eligieron como nueva capital Sevilla, mientras Córdoba seguía siendo el principal foco cultural.
Sin embargo en 1211 el arzobispo de Toledo conseguía del papa Inocencio III la proclamación de la Cruzada. Como consecuencia de ello se producía la victoria cristiana en Las Navas de Tolosa en 1212. Pese a que los almohades mantuvieron su poder cerca de dos decenios más se llegaría a unas terceras taifas.
Los Almohades.
Los almohades fueron una dinastía bereber de origen marroquí que gobernó el norte de África y el sur de la Península Ibérica (Al-Ándalus) entre los siglos XII y XIII (aprox. 1147-1269), sucediendo a los almorávides. Su nombre significa "los que reconocen la unidad de Dios" (del árabe al-muwaḥḥidūn) y surgieron como un movimiento reformista islámico, liderado por Muhammad ibn Tumart, para restaurar la pureza del Islam frente a lo que consideraban la laxitud religiosa de sus predecesores.
Capitales del Imperio Almohade.
El Imperio almohade tuvo dos capitales principales que funcionaban como los centros neurálgicos de sus vastos dominios en el Magreb y la península ibérica.
Marrakech (Marruecos): Fue la capital principal y espiritual de todo el imperio. Tras ser conquistada a los almorávides en 1147, se convirtió en la sede del califato y el centro desde donde se dirigían las campañas militares hacia África y Al-Ándalus.
Sevilla (España): Fue establecida como la capital administrativa y política de Al-Ándalus a partir de 1172. Debido a su ubicación estratégica y su conexión fluvial, los almohades la convirtieron en su residencia palaciega y base de operaciones en la península, impulsando grandes construcciones como la Giralda y el Real Alcázar de Sevilla.
Antes de la toma de Marrakech, el movimiento tuvo su centro de origen y capital inicial en Tinmel, una aldea en las montañas del Gran Atlas donde se encuentra el mausoleo de su fundador, Ibn Tumart.
Origen y Ascenso.
Fundador: Muhammad ibn Tumart, un líder religioso del Alto Atlas, fundó el movimiento.
Ideología: Predicaban un retorno riguroso al Corán y la Sunna, oponiéndose a las interpretaciones más relajadas del Islam, e incluso al antropomorfismo que atribuían a Alá.
Conquista: Tras la muerte de Ibn Tumart, su discípulo Abd al-Mumin lideró las tribus bereberes, derrotó a los almorávides y estableció un califato que dominó el Magreb y Al-Ándalus.
Dominio y Características.
Extensión: Controlaron vastos territorios desde Marruecos hasta gran parte de la Península Ibérica.
Cultura y Arte: Impulsaron un importante desarrollo cultural, militar y artístico, con una fuerte impronta de ortodoxia religiosa.
Enfrentamiento con Cristianos: Fueron un gran poder en Al-Ándalus, enfrentándose a los reinos cristianos, aunque su poder decayó tras la Batalla de Las Navas de Tolosa (1212)
Una edad dorada.
Los sucesores de al-Mumin continuaron incrementando el poder almorávide en al-Ándalus, con un momento cumbre en 1195, cuando derrotaron a los castellanos en la batalla de Alarcos. Tras esta victoria, los almohades vivieron su época de mayor esplendor.
El desarrollo de la filosofía y las ciencias tuvieron exponentes como Ibn Tufail y Averroes. El impulso del arte se pudo palpar en la capital andalusí: en Sevilla se levantó la mezquita aljama y alminar que, tras la conquista cristiana, acabarían reformados en catedral y el campanario de la Giralda. Pero la edad dorada no pudo extenderse mucho en el tiempo. Diversas amenazas se cernían sobre los almohades.
El fin de los almohades.
En el norte de África se sucedían incursiones contra los almohades. En 1198 pactaron una tregua de diez años con Castilla. La intención era preparar un gran ejército para enfrentarse a los cristianos. Pero los reinos del norte peninsular tuvieron el mismo tiempo para prepararse, y lo hicieron mejor, espoleados por la derrota en Alarcos. La caída de los almohades no se hizo esperar tras la tregua:
“En julio de 1212 un ejército conjunto de León, Castilla, Navarra y Aragón avanzó hacia el sur desde Toledo y se enfrentó a los almohades en Las Navas de Tolosa. Los almohades sufrieron tal derrota que su poder en España quedó prácticamente aniquilado”.
En resumen: Los almohades establecieron un vigoroso imperio que se extendía desde el centro de Portugal, la mitad sur de la península Ibérica llegando hasta Trípoli (Libia). El dominio de los almohades, que desembarcaron en Al-Andalus en el año 1145, empezó a debilitarse tras la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212 donde una coalición de reinos cristianos de la Península provocó la derrota del imperio almohade y marcó el principio del fin de la supremacía islámica en la Península Ibérica. Como consecuencia de la decadencia del imperio almohade, la taifa de Granada se reconstituyó como Reino plenamente independiente, formando el reino nazarí de Granada.
Las terceras taifas (1227-1266).
Las terceras taifas (aproximadamente 1224 - 1265) fueron pequeños reinos independientes surgidos en al-Ándalus tras el colapso del imperio almohade después de la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Marcados por la rápida expansión cristiana, taifas como Murcia, Valencia y Arjona fueron pronto conquistadas o sometidas, perdurando solo el reino nazarí de Granada.
Contexto y Características.
Periodo: Aproximadamente entre 1224 (caída del poder almohade) y 1265-1266 (conquista de Murcia).
Contexto: Desintegración almohade post-Navas de Tolosa (1212), facilitando el avance de Castilla y Aragón.
Debilidad: A diferencia de las primeras taifas, estas fueron efímeras, asediadas y sometidas rápidamente a tributos (parias) por los reyes cristianos.
Principales Terceras Taifas.
Taifa de Arjona-Granada (1232-1492): Fundada por Ibn Hud y luego por Muhammad ben Nasr, es la única que sobrevive, convirtiéndose en el Reino Nazarí de Granada.
Taifa de Murcia (1228-1266): Liderada inicialmente por Ibn Hud, fue un foco de resistencia central hasta que pasó a ser vasalla y luego anexionada por Castilla.
Taifa de Valencia (1228-1238): Conquistada por Jaime I de Aragón.
Taifa de Niebla (1234-1262): Controlada por Ibn Mahfuz, conquistada por Castilla.
Taifa de Menorca (1228-1287): La última en caer, bajo protectorado aragonés.
Otras: Baeza (1224-1226), Málaga (1229-1238), Orihuela (1239-1250).
Final del periodo.
El avance cristiano, liderado por Fernando III de Castilla (Córdoba 1236, Sevilla 1248) y Jaime I de Aragón (Valencia 1238), desmanteló la mayoría de estos reinos, consolidando la superioridad cristiana en la península.
El Reino Nazarí de Granada (1238-1492).
El reino de Granada fue el único reino musulmán de la península Ibérica que existió como entidad política independiente en dos periodos distintos de la historia de al-Ándalus.
Tras la desaparición del califato de Córdoba (1031) surgió como reino taifa bajo la soberanía berebere de los Ziríes, hasta que en el año 1090 fue conquistado por los almorávides.
El reino Nazarí de Granada se volvió a formar tras el hundimiento del Imperio Almohade. Su fundador, Muhamad I (1237-1273), que pertenecía a la familia árabe de los Banu Nasr (de ahí el nombre Nazarí o Nazarita), fijó su residencia en la Alhambra. Aparte de la capital, sus enclaves más importantes fueron Málaga y Almería. Finalmente, el emir granadino se convirtió en tributario de los reyes castellanos para mantener su independencia.
Entre las razones de su supervivencia a lo largo de más de 200 años se encuentran las barreras montañosas (Sistema Penibético) que lo protegían, la ayuda de los benimerines, guerreros musulmanes llegados de África, y las crisis políticas y guerras civiles de el reino de Castilla durante el siglo XIV.
En el siglo XV se inicia un período de debilidad a causa de las frecuentes luchas entre las familias nobles que querían el trono granadino. El último rey Nazarí de Granada fue Boabdil (Abu Abd Allah), hijo del rey de Granada Muley-Hacén (Abu-l-Hasan ‘Alí), que ascendió al trono en 1482 tras una revuelta popular. En 1483 fue hecho prisionero por las tropas de Fernando el Católico y en 1486 fue restituido como rey con la condición de pagar tributos a los Reyes Católicos.
Poco despues estalló la guerra civil entre los partidarios de Boabdil y los de su tío el Zagal (Abu ‘Abd Allah Muhammad), lo que facilitó el avance cristiano hacia Granada.
Sitiada por los ejércitos de los Reyes Católicos desde la primavera de 1491, Granada cayó el 2 de enero de 1492. Con la toma de Granada se culmina el proceso político-militar de la reconquista.
Características Principales.
Fundación: Creado por Muhammad I (Alhamar) alrededor de 1238, tras la caída almohade, inicialmente desde Jaén y luego consolidado en Granada.
Dinastía: Gobernado por la dinastía Nazarí (Banu Nasr), de origen árabe.
Capital: Granada, con la Alhambra como centro del poder y residencia real.
Duración: Existió durante más de dos siglos, siendo un estado muy longevo en la Edad Media.
Legado: Su patrimonio más conocido es la Alhambra y el Generalife, reflejo de su rica cultura.
Historia de la Alhambra de Granada.
La historia de la Alhambra está ligada al lugar geográfico donde se encuentra, Granada; sobre una colina rocosa de difícil acceso, en los márgenes del río Darro, protegida por las montañas y rodeada de bosque, entre los barrios más antiguos de la ciudad, la Alhambra se levanta como un castillo imponente de tonos rojizos en sus murallas que ocultan al exterior la belleza delicada de su interior.
Concebida como zona militar al principio, la Alhambra pasa a ser residencia real y de la corte de Granada, a mediados del s XIII, tras el establecimiento del reino nazarí y la construcción del primer palacio, por el rey fundador Mohammed ibn Yusuf ben Nasr, más conocido por Alhamar.
A lo largo de los s. XIII, XIV y XV, la fortaleza se convierte en una ciudadela de altas murallas y torres defensivas, que alberga dos zonas principales: la zona militar o Alcazaba, cuartel de la guardia real, y la medina o ciudad palatina, donde se encuentran los célebres Palacios Nazaríes y los restos de las casas de nobles y plebeyos que habitaron allí. El Palacio de Carlos V, (que se construye después de la toma de la ciudad en 1492 por los Reyes Católicos), también está en la medina.
El conjunto monumental cuenta también con un palacio independiente frente a la Alhambra, rodeado de huertas y jardines, que fue solaz de los reyes granadinos, el Generalife.
El nombre Alhambra tiene sus orígenes en una palabra árabe que significa "castillo rojo o bermellón", debido quizás al tono de color de las torres y muros que rodean completamente la colina de La Sabica, que bajo la luz de las estrellas es de color plateado, pero bajo la luz del sol adquiere un tono dorado. Aunque existe una explicación más poética, narrada por los cronistas musulmanes que hablan de la construcción de la Alhambra "bajo la luz de las antorchas". Creada originalmente con propósitos militares, la Alhambra era una alcazaba (fortín), un alcázar (palacio) y una pequeña medina (ciudad), todo al mismo tiempo. Este triple carácter nos ayuda a comprender las numerosas características de éste monumento.
No existe ninguna referencia de la Alhambra como residencia de reyes hasta el siglo XIII, aunque la fortificación existe desde el siglo IX. Los primeros reyes de Granada, los Ziritas, tenían sus castillos y palacios en las colinas de Albaicín, y nada queda de ellos. Los monarcas Ziries fueron con toda probabilidad los emires que construyeron la Alhambra, comenzando en 1238.
El fundador de la dinastía, Muhammed Al-Ahmar, comenzó con la restauración del antiguo fortín. Su trabajo fue completado por su hijo Muhammed II, cuyos sucesores inmediatos continuaron con las reparaciones. La construcción de los palacios (llamado Casa Real Vieja) data del siglo XIV, y es la obra de dos grandes reyes: Yusuf I y Muhammed V. Al primero se le adjudica, entre otros, el Cuarto de Comares, la Puerta de la Justicia, los Baños y algunas torres. Su hijo, Muhammed V, completó el embellecimiento de los palacios con la Sala de los Leones, además de otros cuartos y fortificaciones.
La Alhambra se convirtió en una corte cristiana en 1492 cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada. Más tarde, se construyeron varias estructuras para albergar a ciudadanos prominentes, cuarteles militares, una Iglesia y un Monasterio Franciscano.
La Alhambra de Granada fue una impresionante ciudad palatina islámica construida por la dinastía nazarí (siglos XIII-XIV), funcionando como fortaleza, palacio real y centro administrativo, destacando por su exquisita arquitectura hispanomusulmana, patios, fuentes y jardines, y es hoy uno de los monumentos más visitados de España y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su nombre árabe, al-Hamrá, significa "la roja", por el color de sus muros, y se alza sobre la colina de la Sabika dominando Granada.
Elementos Clave.
Origen: Inició como una fortaleza militar, y los sultanes nazaríes la transformaron en una ciudadela completa.
Función: Fue la residencia oficial de los sultanes, su corte y gobierno, con palacios (Mexuar, Comares, Leones), mezquitas, cuarteles y baños.
Arquitectura: Es la máxima expresión del arte nazarí, famosa por sus intrincados detalles decorativos, azulejos, yeserías y la armonía con el entorno natural.
Post-Conquista: Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492, se convirtió en palacio real cristiano, con adiciones como el Palacio de Carlos V.
Hoy en Día: Es un complejo monumental gestionado por un Patronato y uno de los sitios turísticos más importantes de España, reconocido por la UNESCO desde 1984.
En resumen, la Alhambra fue un centro de poder político y cultural islámico que se adaptó a la realeza cristiana, conservando su belleza y legado como un testimonio invaluable de la historia y el arte.
Fin del Reino.
Guerra de Granada: Los Reyes Católicos (Isabel y Fernando) asediaron el reino durante años.
Caída: El 2 de enero de 1492, su último rey, Muhámmad XII (Boabdil el Chico), entregó la ciudad, poniendo fin a la presencia musulmana en España.
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Vamos ha escuchar ahora, unas pinceladas biográficas sobre el último Sultán Nazarí de Granada. Veámos.