Antes de la aparición del islam, los habitantes de la península arábiga estaban divididos en tribus nómadas que se desplazaban por el gran desierto arábigo y se dedicaban a la ganadería y al comercio con caravanas. Tenían en común la lengua, y eran politeístas, es decir, adoraban a diversas divinidades. Los conflictos entre ellos eran frecuentes por el control de las rutas comerciales y de los oasis.
Al sur de la península, existía una región fértil (Yemen) en la que podía practicarse la agricultura. Entre esta región y las civilizaciones del Mediterráneo, se estableció una próspera ruta comercial. En el centro de esta ruta, se situaba la ciudad de La Meca.
El Imperio islámico aunó a todos aquellos territorios en los que el Islam era la principal religión y Mahoma su profeta. Se extendió rápidamente durante siglos gracias a la idea de la guerra santa, llegando incluso a penetrar en Europa desde su punto de partida en Arabia.
¿Cuándo comenzó el Imperio islámico?
Su arranque tuvo lugar en el año 622, justo cuando Mahoma organizó a sus soldados para así unificar la península arábiga. Se incluye dentro de la Edad Media.
¿Cuándo terminó el Imperio islámico?
Su fin aconteció en 1923, justo cuando desapareció el Imperio otomano. Tras la Primera Guerra Mundial, los revolucionarios abolieron el imperio y la figura del sultán, creándose la República de Turquía. Se prolongó, pues, hasta la Edad Contemporánea.
Ubicación geográfica del Imperio islámico.
Durante su época de mayor extensión, que tuvo lugar durante el califato omeya, el Imperio islámico ocupaba Arabia, Persia, Egipto, el Magreb e Hispania.
Origen del Islam.
Los árabes antes del Islam.
Eran politeístas y, por tanto, creían en distintos dioses. Además, estaban divididos en múltiples tribus que luchaban entre sí (es decir, no había un poder central que las organizara).
Nacimiento de Mahoma.
Mahoma nació en La Meca (Arabia) durante el año 570, concretamente en el seno de una familia de adinerados mercaderes. Fue el fundador del Islam, una religión monoteísta en la que Alá era su único dios.
Expansión del Islam.
Alrededor de los 40 años, Mahoma comenzó a predicar su religión. Sin embargo, sus creencias no fueron bien recibidas por los jefes tribales de La Meca.
En el año 622 huyó a Medina con sus seguidores, un suceso que se conoce como la Hégira de Mahoma. Sus adeptos se fueron incrementando y, siete años después, regresó a La Meca y la conquistó.
Antes de morir, algo que ocurrió en el año 632, ya dominaba la península arábiga. Tras su fallecimiento, se eligió a Abu Bakr as-Siddiq como califa y continuador de Mahoma, convirtiéndose así en el nuevo líder político y religioso de los musulmanes.
Comenzó entonces la yihad o guerra santa, que se inició contra las ciudades vecinas. Posteriormente se conquistó el Imperio persa y los musulmanes se adentraron en el norte de África y la península ibérica, con la que se hicieron en el año 711.
Prosiguieron entonces hacia Francia, donde fueron derrotados por los francos, precursores del Imperio carolingio.
Etapas y cronología del Imperio islámico.
Califato ortodoxo (632-661).
Fueron los sucesores del propio Mahoma, principalmente familiares y amigos.
El Califato Ortodoxo (o Rashidun, 632-661 d.C.) fue el primer gobierno islámico tras la muerte de Mahoma, centrado en Medina, liderado por cuatro califas "bien guiados" (Abu Bakr, Umar, Uthman, Ali), que unificaron la península arábiga y expandieron el Islam rápidamente conquistando territorios del Imperio Bizantino y Sasánida, estableciendo las bases del estado musulmán y dividiendo al islam en suníes y chiíes por la sucesión de Ali.
Características Clave:.
Sucesión de Mahoma:
La Mezquita de Córdoba.
Abderramán II (siglo IX): Realizó la primera gran ampliación, extendiendo la sala de oración hacia el sur.
Así, la mezquita es un edificio que creció a lo largo de tres siglos, reflejando la evolución del poder Omeya en la península ibérica.
Medina Azahara.
Fue una ciudad palatina, la capital administrativa y residencia del califa Abderramán III en el siglo X, construida a las afueras de Córdoba como símbolo del poder del Califato Omeya, destacando por su lujo, sofisticación arquitectónica y sus impresionantes jardines, aunque fue destruida durante una guerra civil apenas un siglo después de su creación.
Una ciudad palatina: Un complejo urbano que funcionaba como centro de gobierno, residencia real y símbolo de la grandeza del Califato de Córdoba.
Abderramán III, el primer califa omeya de Córdoba, alrededor del año 936.
¿Por qué se construyó?
Símbolo de poder: Para demostrar la riqueza y supremacía del nuevo califato independiente.
Destrucción: Sufrió graves daños durante la "Fitna" (guerra civil) a principios del siglo XI, lo que llevó al abandono y ruina de la ciudad.
Antigua aristocracia árabe: en este caso, hablamos de la parte aristocrática más antigua, que entra en Al-Andalus con la expansión de territorios musulmanes y acaba asentándose en la península. Tras la escisión ocuparan las tierras centrales como Zaragoza o Sevilla.
Existieron muchas maneras de administrar las regiones, y todas dependían de la personalidad de su taifa.
En algunos casos, el territorio taifa era incluso más grande que muchas de las coronas cristianas, abarcando diversas de las actuales provincias. Estos taifas poseían tal poder y tal economía que podían permitirse importar los mejores artistas y arquitectos de otras zonas. De aquí empieza a surgir una arquitectura que, por ejemplo, acabaría siendo el arte mudéjar, tan famoso en zonas como Teruel.
Sobre su cultura más o menos inclusiva con ciertos placeres no tan permitidos por el islam, también existieron diferencias. Algunos taifa fueron más radicales y otros más laxos, siempre dependía de la personalidad del “jefe”.
Otros taifas se volcaron más en expandir o en asegurar su poder. Por ello, la parte militar siempre estaba presente. En algunos casos, los reinos taifas siempre trataban de expandir sus territorios conquistando los de la taifa vecina, o luchando contra sus eternos enemigos: los cristianos.
¿Cómo se relacionan estos reinados Taifa?
Muchas veces entendemos la Edad Media como un periodo de múltiples guerras entre todos, y no vamos desencaminados. Sin embargo, volcamos nuestra atención en periodos bélicos porqué siempre tienen más historias que narrar o héroes y villanos que lucir.
En cambio, los periodos de comercio son más desapercibidos y anónimos. Un comerciante no destaca tanto como un guerrero y posiblemente se ha escrito menos sobre él. Sin embargo, no es menos importante, ya que las etapas de comercio y de trato entre vecinos también existieron.
Por ello, los reinos taifa podemos decir que son una mezcla entre las etapas más militares, de conquista y defensa entre reinos o contra cristianos, y etapas de comercio. También con reinos cristianos, pues entre musulmanes y cristianos hubo una gran actividad comercial de intercambio de bienes… y de cultura.
Y con los reinados cristianos, ¿Cómo es la relación?
En este caso hubo una evolución muy destacada. La historia empezó con un califato fuerte que se desmembró en reinos taifa. Sin embargo, estos seguían teniendo grandes territorios y capacidad militar para luchar y defender sus territorios, o incluso expandirlos. También eran conocidos por sus razias, donde una expedición musulmana se internaba en territorio cristiano para saquearlo o destruir poblaciones y luego retirarse a territorio musulmán.
Con el tiempo, los reinos taifa fueron debilitándose y necesitaron la ayuda (pagada) de mercenarios. Es conocida por todos la figura del famoso Cid. Este mercenario luchó a favor de los reinos musulmanes de la zona de Valencia (Peñíscola, por ejemplo).
Pero los reinos taifa siguieron debilitándose hasta el punto de ser “rehenes” de estos propios mercenarios o de reinos cristianos y tener que pagar tributo para mantener su territorio. Y sí, resulta curioso pensar que la reconquista cristiana pasó por una fase donde los seguidores de la cruz no avanzaban porqué los reinos musulmanes pagaban esta especie de alquiler. Hasta que los cristianos se sintieron fuertes y reconquistaron de verdad.
Origen: Tras una guerra civil (la Fitna de al-Ándalus), el Califato de Córdoba, que antes unificaba el poder musulmán, se desintegró a principios del siglo XI, dando lugar a esta fragmentación política.
Periodos: Hubo tres periodos principales de taifas: los primeros (siglo XI), los segundos (mediados del siglo XII, tras la caída de los almorávides) y los terceros (siglo XIII, tras la caída almohade).
Los Almorávides.
Los almorávides, auge y caída de un imperio | ¡O César o Nada!Los Almorávides fueron una dinastía bereber del noroeste de África que, desde finales del siglo XI hasta mediados del XII, fundó un vasto imperio que dominó el norte de África y gran parte de Al-Ándalus (la España musulmana), siendo conocidos como monjes-soldados por su riguroso islamismo y espíritu guerrero, invadiendo la península ibérica como respuesta a los reinos de Taifas.
¿Quiénes eran?
Origen: Tribus nómadas del desierto del Sahara y el Magreb, como los Zanhaga.
Su Final.
Declive: Su poder comenzó a decaer hacia 1145.
Capitales del Imperio Almohade:
El Imperio almohade tuvo dos capitales principales que funcionaban como los centros neurálgicos de sus vastos dominios en el Magreb y la península ibérica.
Marrakech (Marruecos): Fue la capital principal y espiritual de todo el imperio. Tras ser conquistada a los almorávides en 1147, se convirtió en la sede del califato y el centro desde donde se dirigían las campañas militares hacia África y Al-Ándalus.
Sevilla (España): Fue establecida como la capital administrativa y política de Al-Ándalus a partir de 1172. Debido a su ubicación estratégica y su conexión fluvial, los almohades la convirtieron en su residencia palaciega y base de operaciones en la península, impulsando grandes construcciones como la Giralda y el Real Alcázar de Sevilla.
Antes de la toma de Marrakech, el movimiento tuvo su centro de origen y capital inicial en Tinmel, una aldea en las montañas del Gran Atlas donde se encuentra el mausoleo de su fundador, Ibn Tumart.
Fundador: Muhammad ibn Tumart, un líder religioso del Alto Atlas, fundó el movimiento.
Una edad dorada.
Los sucesores de al-Mumin continuaron incrementando el poder almorávide en al-Ándalus, con un momento cumbre en 1195, cuando derrotaron a los castellanos en la batalla de Alarcos. Tras esta victoria, los almohades vivieron su época de mayor esplendor.
El desarrollo de la filosofía y las ciencias tuvieron exponentes como Ibn Tufail y Averroes. El impulso del arte se pudo palpar en la capital andalusí: en Sevilla se levantó la mezquita aljama y alminar que, tras la conquista cristiana, acabarían reformados en catedral y el campanario de la Giralda. Pero la edad dorada no pudo extenderse mucho en el tiempo. Diversas amenazas se cernían sobre los almohades.
El fin de los almohades.
En el norte de África se sucedían incursiones contra los almohades. En 1198 pactaron una tregua de diez años con Castilla. La intención era preparar un gran ejército para enfrentarse a los cristianos. Pero los reinos del norte peninsular tuvieron el mismo tiempo para prepararse, y lo hicieron mejor, espoleados por la derrota en Alarcos. La caída de los almohades no se hizo esperar tras la tregua:
“En julio de 1212 un ejército conjunto de León, Castilla, Navarra y Aragón avanzó hacia el sur desde Toledo y se enfrentó a los almohades en Las Navas de Tolosa. Los almohades sufrieron tal derrota que su poder en España quedó prácticamente aniquilado”.
En resumen: Los almohades establecieron un vigoroso imperio que se extendía desde el centro de Portugal, la mitad sur de la península Ibérica llegando hasta Trípoli (Libia). El dominio de los almohades, que desembarcaron en Al-Andalus en el año 1145, empezó a debilitarse tras la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212 donde una coalición de reinos cristianos de la Península provocó la derrota del imperio almohade y marcó el principio del fin de la supremacía islámica en la Península Ibérica. Como consecuencia de la decadencia del imperio almohade, la taifa de Granada se reconstituyó como Reino plenamente independiente, formando el reino nazarí de Granada.
El Reino Nazarí de Granada (1238-1492).
Fundación: Creado por Muhammad I (Alhamar) alrededor de 1238, tras la caída almohade, inicialmente desde Jaén y luego consolidado en Granada.
Dinastía: Gobernado por la dinastía Nazarí (Banu Nasr), de origen árabe.
Capital: Granada, con la Alhambra como centro del poder y residencia real.
La Alhambra de Granada.
Origen: Inició como una fortaleza militar, y los sultanes nazaríes la transformaron en una ciudadela completa.
En resumen, la Alhambra fue un centro de poder político y cultural islámico que se adaptó a la realeza cristiana, conservando su belleza y legado como un testimonio invaluable de la historia y el arte.
Guerra de Granada: Los Reyes Católicos (Isabel y Fernando) asediaron el reino durante años.
En el siglo XV se inicia un período de debilidad a causa de las frecuentes luchas entre las familias nobles que querían el trono granadino. El último rey Nazarí de Granada fue Boabdil (Abu Abd Allah), hijo del rey de Granada Muley-Hacén (Abu-l-Hasan ‘Alí), que ascendió al trono en 1482 tras una revuelta popular. En 1483 fue hecho prisionero por las tropas de Fernando el Católico y en 1486 fue restituido como rey con la condición de pagar tributos a los Reyes Católicos. Poco despues estalló la guerra civil entre los partidarios de Boabdil y los de su tío el Zagal (Abu ‘Abd Allah Muhammad), lo que facilitó el avance cristiano hacia Granada. Sitiada por los ejércitos de los Reyes Católicos desde la primavera de 1491, Granada cayó el 2 de enero de 1492. Con la toma de Granada se culmina el proceso político-militar de la reconquista.
Amenaza Externa: La llegada de los turcos selyúcidas y las Cruzadas aumentaron la inestabilidad.
Intervención de Saladino: Saladino, un visir militar al servicio de los fatimíes, consolidó su poder y, tras la muerte del último califa fatimí, al-Adid, abolió la dinastía en 1171, transfiriendo el poder a la dinastía ayyubí.
Saladino (Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub) fue un legendario sultán kurdo de Egipto y Siria (siglo XII) que unificó el mundo musulmán para luchar contra las Cruzadas, destacando por su habilidad militar y diplomática, su generosidad y caballerosidad, y por reconquistar Jerusalén a los cristianos en 1187, convirtiéndose en una figura reverenciada tanto en el Islam como en Occidente. Fundó la dinastía ayubí y fue célebre por su respeto hacia sus enemigos, negociando tratados, como con Ricardo Corazón de León, y demostrando ser un gran líder político y militar.
Puntos Clave sobre Saladino.
Origen: De origen kurdo, nació en Tikrit (actual Irak) en 1137.
Su arranque tuvo lugar en el año 622, justo cuando Mahoma organizó a sus soldados para así unificar la península arábiga. Se incluye dentro de la Edad Media.
¿Cuándo terminó el Imperio islámico?
Su fin aconteció en 1923, justo cuando desapareció el Imperio otomano. Tras la Primera Guerra Mundial, los revolucionarios abolieron el imperio y la figura del sultán, creándose la República de Turquía. Se prolongó, pues, hasta la Edad Contemporánea.
Ubicación geográfica del Imperio islámico.
Durante su época de mayor extensión, que tuvo lugar durante el califato omeya, el Imperio islámico ocupaba Arabia, Persia, Egipto, el Magreb e Hispania.
Origen del Islam.
Los árabes antes del Islam.
Eran politeístas y, por tanto, creían en distintos dioses. Además, estaban divididos en múltiples tribus que luchaban entre sí (es decir, no había un poder central que las organizara).
Nacimiento de Mahoma.
Mahoma nació en La Meca (Arabia) durante el año 570, concretamente en el seno de una familia de adinerados mercaderes. Fue el fundador del Islam, una religión monoteísta en la que Alá era su único dios.
Expansión del Islam.
Alrededor de los 40 años, Mahoma comenzó a predicar su religión. Sin embargo, sus creencias no fueron bien recibidas por los jefes tribales de La Meca.
En el año 622 huyó a Medina con sus seguidores, un suceso que se conoce como la Hégira de Mahoma. Sus adeptos se fueron incrementando y, siete años después, regresó a La Meca y la conquistó.
Antes de morir, algo que ocurrió en el año 632, ya dominaba la península arábiga. Tras su fallecimiento, se eligió a Abu Bakr as-Siddiq como califa y continuador de Mahoma, convirtiéndose así en el nuevo líder político y religioso de los musulmanes.
Comenzó entonces la yihad o guerra santa, que se inició contra las ciudades vecinas. Posteriormente se conquistó el Imperio persa y los musulmanes se adentraron en el norte de África y la península ibérica, con la que se hicieron en el año 711.
Prosiguieron entonces hacia Francia, donde fueron derrotados por los francos, precursores del Imperio carolingio.
Etapas y cronología del Imperio islámico.
Califato ortodoxo (632-661).
Fueron los sucesores del propio Mahoma, principalmente familiares y amigos.
El Califato Ortodoxo (o Rashidun, 632-661 d.C.) fue el primer gobierno islámico tras la muerte de Mahoma, centrado en Medina, liderado por cuatro califas "bien guiados" (Abu Bakr, Umar, Uthman, Ali), que unificaron la península arábiga y expandieron el Islam rápidamente conquistando territorios del Imperio Bizantino y Sasánida, estableciendo las bases del estado musulmán y dividiendo al islam en suníes y chiíes por la sucesión de Ali.
Características Clave:.
Sucesión de Mahoma:
Los primeros cuatro compañeros cercanos a Mahoma fueron elegidos como califas (sucesores) para liderar la comunidad musulmana.
Capital en Medina:
Al-Ándalus fue el nombre que los musulmanes dieron a los territorios de la Península Ibérica bajo su dominio durante la Edad Media (711-1492), un período de casi ocho siglos de presencia islámica que dejó un rico legado cultural, científico y artístico, caracterizado por la convivencia de musulmanes, cristianos y judíos y su desarrollo en ciencia, filosofía y arte, culminando con la conquista de Granada por los Reyes Católicos.
Características principales.
Territorio: Inicialmente abarcó casi toda la península, incluso llegando más allá de los Pirineos, pero se fue reduciendo progresivamente con la Reconquista cristiana hacia el sur, hasta el Reino de Granada.
Cronología: Comenzó con la invasión musulmana en el 711 y terminó con la caída de Granada en 1492.
Organización política: Pasó por etapas como emirato dependiente, califato independiente (Califato de Córdoba, época de máximo esplendor) y luego se fragmentó en reinos de Taifas.
Legado: Impulsó avances en agricultura (regadío, nuevos cultivos), ciencia, filosofía, arte (Mezquita de Córdoba, Alhambra) y urbanismo, convirtiendo ciudades como Córdoba en grandes centros culturales y económicos.
Sociedad: Fue multicultural, con una jerarquía de árabes, bereberes, judíos y mozárabes (cristianos), destacando por la tolerancia y la transmisión de conocimiento.
Fin de Al-Ándalus.
El proceso finalizó en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos, poniendo fin a la presencia política musulmana en la península, aunque la expulsión definitiva de los moriscos se dio más tarde, en 1609.
Vamos a ver ahora, las etápas mas importantes en la Historia de Al-ándalus.
El Emirato Independiente de Córdoba (756-929).
Fue un estado islámico en la península ibérica (Al-Ándalus) fundado por Abderramán I, un príncipe omeya que huyó de la masacre abasí en Oriente, logrando la independencia política de Damasco pero manteniendo la unidad religiosa, estableciéndose en Córdoba como centro de poder omeya en Occidente y sentando las bases para el posterior Califato de Córdoba, un período de gran esplendor cultural y político en la península.
Características Principales.
Independencia Política: A diferencia del emirato dependiente anterior, el emir de Córdoba gobernaba con poder ejecutivo, legislativo y judicial, sin reconocer la autoridad política de los califas abasíes.
Origen Omeya: Fue fundado por Abderramán I, el único superviviente de la dinastía omeya tras su derrocamiento en Oriente, estableciendo una dinastía propia en Al-Ándalus.
Capital: Córdoba se consolidó como la capital, convirtiéndose en una ciudad de gran desarrollo cultural, económico y arquitectónico, símbolo de la fortaleza del emirato.
Consolidación: Durante casi dos siglos, se consolidó el poder islámico en Hispania, integrando Al-Ándalus en el mundo islámico y experimentando una rápida islamización.
Transición: El emirato enfrentó desafíos como revueltas internas y conflictos con los reinos cristianos del norte, hasta que Abderramán III se proclamó califa en el 929, transformando el emirato en el Califato
de Córdoba, la etapa de máximo esplendor.
En resumen, el Emirato de Córdoba fue la primera fase de un poder omeya independiente en la península ibérica, un puente entre la administración dependiente inicial y el gran Califato que surgiría después, marcando un periodo crucial para la historia de Al-Ándalus.
Capital en Medina:
Medina fue la sede del gobierno durante este período, aunque la expansión llevó el centro de poder hacia otras regiones.
Expansión Rápida:
Expansión Rápida:
Bajo el liderazgo de estos califas, el ejército islámico conquistó extensos territorios, expandiendo el Islam desde Arabia hacia Oriente Medio y el norte de África.
Los Cuatro Califas:
Abu Bakr (632-634): Primer califa, sofocó revueltas y consolidó el control sobre Arabia.
Umar (634-644): Llevó a cabo grandes conquistas y organizó el estado musulmán.
Uthman (644-656): Culminó la expansión inicial, pero su asesinato marcó el inicio de divisiones internas.
Ali (656-661): Primo de Mahoma, su califato estuvo marcado por la guerra civil (Fitna) y fue asesinado, terminando esta etapa.
Origen del Cisma: La disputa sobre la sucesión de Ali llevó a la división entre suníes (que apoyaban a los primeros califas) y chiíes (que veían a Ali y sus descendientes como los legítimos sucesores).
El Califato Ortodoxo sentó las bases políticas y religiosas del mundo islámico antes de ser reemplazado por el Califato Omeya en 661.
Los Cuatro Califas:
Abu Bakr (632-634): Primer califa, sofocó revueltas y consolidó el control sobre Arabia.
Umar (634-644): Llevó a cabo grandes conquistas y organizó el estado musulmán.
Uthman (644-656): Culminó la expansión inicial, pero su asesinato marcó el inicio de divisiones internas.
Ali (656-661): Primo de Mahoma, su califato estuvo marcado por la guerra civil (Fitna) y fue asesinado, terminando esta etapa.
Origen del Cisma: La disputa sobre la sucesión de Ali llevó a la división entre suníes (que apoyaban a los primeros califas) y chiíes (que veían a Ali y sus descendientes como los legítimos sucesores).
El Califato Ortodoxo sentó las bases políticas y religiosas del mundo islámico antes de ser reemplazado por el Califato Omeya en 661.
Este problema se remonta a la disputa por la sucesión del Profeta Mahoma tras su muerte en el 632 d.C., una lucha de poder político sobre quién debía liderar la comunidad musulmana, no una diferencia teológica inicial. Los chiitas defendían que el liderazgo debía recaer en Ali, primo y yerno del Profeta, por ser de su linaje, mientras que los sunitas apoyaron la elección de Abu Bakr, considerándolo el más apto para dirigir, creando así dos facciones que derivaron en las ramas actuales del Islam.
Puntos Clave del Origen.
Disputa Sucesoria (632 d.C.): La cuestión central fue quién debía ser el califa (líder) después de Mahoma, generando una fractura política fundamental.
Liderazgo.
Chiitas (Shi'at Ali): "La facción de Ali", creían en un liderazgo hereditario y espiritual a través de los descendientes del Profeta.
Suníes (Ahl al-Sunnah): Apoyaron a los califas elegidos por consenso, defendiendo la tradición y la comunidad.
Desarrollo Posterior: Aunque empezó como una cuestión política, con el tiempo surgieron diferencias teológicas y legales, pero la raíz histórica es la sucesión de Mahoma.
Conflictos Actuales: Esta división histórica, aunque a veces politizada y manipulada por potencias regionales, sigue influyendo en conflictos en Oriente Medio, como en Irak, Siria y Yemen.
En resumen, la división nació de una cuestión política sobre la sucesión del Profeta Mahoma, y no de una disputa religiosa en sus inicios, marcando el futuro del Islam.
El Califato Omeya fue la primera dinastía hereditaria islámica, que trasladó la capital a Damasco, expandió enormemente el imperio hasta la Península Ibérica y el Cáucaso, centralizó la administración y dejó un gran legado cultural y arquitectónico (como Medina Azahara en Córdoba), pero cayó debido a conflictos internos y la Revolución Abasí, aunque una rama omeya resurgió en Al-Ándalus (756-1031).
Características Principales.
Origen: Fundado por Muawiya en 661 tras la primera guerra civil (Fitna).
Capital: Damasco, en Siria, reemplazando a Medina.
Expansión: Conquistó el Magreb, la Península Ibérica, Anatolia, Asia Central y partes de la India, alcanzando su máxima extensión territorial.
Gobierno: Estableció un sistema dinástico y hereditario, enfocado en la administración centralizada.
Legado: Impulsaron la cultura, la ciencia (medicina, astronomía, matemáticas) y la arquitectura, traduciendo textos clásicos.
Caída y Resurgimiento.
Caída en Oriente (750): Fue derrocado por la Revolución Abasí, que buscaba igualdad y buen gobierno.
Resurgimiento en Al-Ándalus (756-1031): Sobrevivientes omeyas establecieron un emirato y luego un califato independiente en la Península Ibérica, con Córdoba como capital, dejando joyas como La Mezquita de Córdoba.
Puntos Clave del Origen.
Disputa Sucesoria (632 d.C.): La cuestión central fue quién debía ser el califa (líder) después de Mahoma, generando una fractura política fundamental.
Liderazgo.
Chiitas (Shi'at Ali): "La facción de Ali", creían en un liderazgo hereditario y espiritual a través de los descendientes del Profeta.
Suníes (Ahl al-Sunnah): Apoyaron a los califas elegidos por consenso, defendiendo la tradición y la comunidad.
Desarrollo Posterior: Aunque empezó como una cuestión política, con el tiempo surgieron diferencias teológicas y legales, pero la raíz histórica es la sucesión de Mahoma.
Conflictos Actuales: Esta división histórica, aunque a veces politizada y manipulada por potencias regionales, sigue influyendo en conflictos en Oriente Medio, como en Irak, Siria y Yemen.
En resumen, la división nació de una cuestión política sobre la sucesión del Profeta Mahoma, y no de una disputa religiosa en sus inicios, marcando el futuro del Islam.
El Califato Omeya fue la primera dinastía hereditaria islámica, que trasladó la capital a Damasco, expandió enormemente el imperio hasta la Península Ibérica y el Cáucaso, centralizó la administración y dejó un gran legado cultural y arquitectónico (como Medina Azahara en Córdoba), pero cayó debido a conflictos internos y la Revolución Abasí, aunque una rama omeya resurgió en Al-Ándalus (756-1031).
Características Principales.
Origen: Fundado por Muawiya en 661 tras la primera guerra civil (Fitna).
Capital: Damasco, en Siria, reemplazando a Medina.
Expansión: Conquistó el Magreb, la Península Ibérica, Anatolia, Asia Central y partes de la India, alcanzando su máxima extensión territorial.
Gobierno: Estableció un sistema dinástico y hereditario, enfocado en la administración centralizada.
Legado: Impulsaron la cultura, la ciencia (medicina, astronomía, matemáticas) y la arquitectura, traduciendo textos clásicos.
Caída y Resurgimiento.
Caída en Oriente (750): Fue derrocado por la Revolución Abasí, que buscaba igualdad y buen gobierno.
Resurgimiento en Al-Ándalus (756-1031): Sobrevivientes omeyas establecieron un emirato y luego un califato independiente en la Península Ibérica, con Córdoba como capital, dejando joyas como La Mezquita de Córdoba.
Características principales.
Territorio: Inicialmente abarcó casi toda la península, incluso llegando más allá de los Pirineos, pero se fue reduciendo progresivamente con la Reconquista cristiana hacia el sur, hasta el Reino de Granada.
Cronología: Comenzó con la invasión musulmana en el 711 y terminó con la caída de Granada en 1492.
Organización política: Pasó por etapas como emirato dependiente, califato independiente (Califato de Córdoba, época de máximo esplendor) y luego se fragmentó en reinos de Taifas.
Legado: Impulsó avances en agricultura (regadío, nuevos cultivos), ciencia, filosofía, arte (Mezquita de Córdoba, Alhambra) y urbanismo, convirtiendo ciudades como Córdoba en grandes centros culturales y económicos.
Sociedad: Fue multicultural, con una jerarquía de árabes, bereberes, judíos y mozárabes (cristianos), destacando por la tolerancia y la transmisión de conocimiento.
Fin de Al-Ándalus.
El proceso finalizó en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos, poniendo fin a la presencia política musulmana en la península, aunque la expulsión definitiva de los moriscos se dio más tarde, en 1609.
Vamos a ver ahora, las etápas mas importantes en la Historia de Al-ándalus.
El Emirato Independiente de Córdoba (756-929).
Fue un estado islámico en la península ibérica (Al-Ándalus) fundado por Abderramán I, un príncipe omeya que huyó de la masacre abasí en Oriente, logrando la independencia política de Damasco pero manteniendo la unidad religiosa, estableciéndose en Córdoba como centro de poder omeya en Occidente y sentando las bases para el posterior Califato de Córdoba, un período de gran esplendor cultural y político en la península.
Características Principales.
Independencia Política: A diferencia del emirato dependiente anterior, el emir de Córdoba gobernaba con poder ejecutivo, legislativo y judicial, sin reconocer la autoridad política de los califas abasíes.
Origen Omeya: Fue fundado por Abderramán I, el único superviviente de la dinastía omeya tras su derrocamiento en Oriente, estableciendo una dinastía propia en Al-Ándalus.
Capital: Córdoba se consolidó como la capital, convirtiéndose en una ciudad de gran desarrollo cultural, económico y arquitectónico, símbolo de la fortaleza del emirato.
Consolidación: Durante casi dos siglos, se consolidó el poder islámico en Hispania, integrando Al-Ándalus en el mundo islámico y experimentando una rápida islamización.
Transición: El emirato enfrentó desafíos como revueltas internas y conflictos con los reinos cristianos del norte, hasta que Abderramán III se proclamó califa en el 929, transformando el emirato en el Califato
de Córdoba, la etapa de máximo esplendor.
En resumen, el Emirato de Córdoba fue la primera fase de un poder omeya independiente en la península ibérica, un puente entre la administración dependiente inicial y el gran Califato que surgiría después, marcando un periodo crucial para la historia de Al-Ándalus.
Fue erigida inicialmente por Abderramán I en el año 785, comenzando la gran construcción sobre una antigua basílica visigoda, y a ella siguieron importantes ampliaciones por otros califas como Abderramán II y Alhakén II, quienes la consolidaron como la majestuosa mezquita que conocemos hoy, uniendo poder religioso y político en Al-Ándalus.
Fases principales de su construcción: Abderramán I (siglo VIII): Inició la mezquita original, estableciendo las bases de su planta y el patio, simbolizando el poder del nuevo Emirato Independiente de Córdoba.
Hisham I (siglo VIII): Su hijo terminó las obras inacabadas y construyó el primer alminar (torre).
Abderramán II (siglo IX): Realizó la primera gran ampliación, extendiendo la sala de oración hacia el sur.
Alhakén II (siglo X): Ejecutó la segunda gran ampliación, añadiendo la deslumbrante Maxura (espacio reservado al califa) y la bóveda califal del mihrab, que son las partes más ornamentadas que se conservan.
Almanzor (finales del siglo X): Llevó a cabo la última gran ampliación, añadiendo ocho naves al lado oeste para dar cabida al crecimiento de la ciudad, lo que le dio un aspecto más militarizado.
Así, la mezquita es un edificio que creció a lo largo de tres siglos, reflejando la evolución del poder Omeya en la península ibérica.
Fue una ciudad palatina, la capital administrativa y residencia del califa Abderramán III en el siglo X, construida a las afueras de Córdoba como símbolo del poder del Califato Omeya, destacando por su lujo, sofisticación arquitectónica y sus impresionantes jardines, aunque fue destruida durante una guerra civil apenas un siglo después de su creación.
¿Qué fue?
Una ciudad palatina: Un complejo urbano que funcionaba como centro de gobierno, residencia real y símbolo de la grandeza del Califato de Córdoba.
Una obra maestra arquitectónica: Diseñada para impresionar, utilizaba mármoles, oro y piedras preciosas, con fuentes, jardines y una organización en terrazas para separar las zonas.
¿Quién la mandó construir?
Abderramán III, el primer califa omeya de Córdoba, alrededor del año 936.
¿Por qué se construyó?
Símbolo de poder: Para demostrar la riqueza y supremacía del nuevo califato independiente.
Centro administrativo: Para albergar el gobierno civil y militar, además de la residencia del califa.
¿Qué pasó con ella?
Destrucción: Sufrió graves daños durante la "Fitna" (guerra civil) a principios del siglo XI, lo que llevó al abandono y ruina de la ciudad.
Redescubrimiento: Fue redescubierta en el siglo XX, y hoy es un importante yacimiento arqueológico y Patrimonio de la Humanidad, con extensas excavaciones en curso.
En resumen: Medina Azahara fue una deslumbrante "ciudad brillante" (su significado en árabe) que representó el apogeo del Califato de Córdoba, pero cuya vida fue corta, terminando trágicamente con la fragmentación del califato.
Inicio (929): Abderramán III, emir desde 912, se autoproclama califa en 929, unificando el poder religioso y político.
Fin (1031): Tras la dictadura de Almanzor y la debilidad de los califas posteriores, el califato se desintegró en pequeños reinos llamados taifas.
Características Principales:
Esplendor Cultural: Córdoba se convirtió en un centro de civilización con grandes avances en ciencia, arte, literatura y filosofía, rivalizando con las grandes capitales orientales.
Desarrollo Urbanístico: Se impulsó la construcción de grandes obras, destacando la ampliación de la Mezquita de Córdoba y la construcción de la ciudad palatina de Madínat al-Zahra.
Convivencia y Tolerancia: Fue un periodo conocido por una relativa convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos, aunque con matices, promoviendo el saber y la cultura.
Legado:
Marcó el apogeo de la presencia islámica en la Península Ibérica, dejando una profunda huella cultural, artística e intelectual que influyó en la Europa medieval.
Reinos de Táifas.
Nos encontramos en el año 1031 y el califato de Córdoba (el reino musulmán de Al-Andalus) sufre una grave crisis de poder. El resultado: el reino musulmán se acaba dividiendo en otros “pequeños” reinos, los llamados reinos Taifa. Y citamos “pequeños” entre comillas, porqué algunos agrupan varias provincias actuales, como Lleida, Tortosa y parte de Aragón.
Pero… ¿Por qué en la historia siempre se les ha acusado de ser uno de los peores capítulos del reinado musulmán? Pues posiblemente porqué la historia la escriben los ganadores, y en este caso ganaron los reinos cristianos. Hoy sabemos que no fue tan negra su historia, sino que más bien contribuyeron bastante en la cultura.
Vamos a desgranar este episodio histórico, poco conocido hoy en día, con algunos detalles que nos permitirán entender mejor nuestro pasado.
¿Quiénes son los reyes Taifa y cómo se hacen estos nuevos reinos?
Todo empieza con diversos golpes de poder en el califato de Córdoba, los cuales hacen que este pierda el auténtico control de su territorio y acabe fragmentándose en pequeños reinos.
Y aquí surgen tres tipos de reinos Taifa, los cuales se distribuyen en diferentes zonas:
Amiritas: son antiguos altos funcionarios del reino califa, incluso esclavos. Estos, al ser apartados del poder cuando se acaba con las antiguas estructuras, se desplazan al norte y oriente (zona de Catalunya i València), donde se hacen fuertes hasta fundar sus propios reinos.
Califato de Córdoba.
Qué fue el califato de Córdoba y qué poder tenía?
El califato de Córdoba fue un período de la historia de Al-Ándalus en el que la ciudad de Córdoba, en la actual España, se convirtió en el centro político y cultural del mundo islámico occidental. Durante este tiempo, el califato de Córdoba alcanzó un poder y una influencia impresionantes, convirtiéndose en uno de los mayores imperios de su época.
El origen del califato.
El califato de Córdoba se estableció en el año 929 por Abderramán III, quien se proclamó califa, título que significa «sucesor» en árabe, en referencia a su sucesión directa del profeta Mahoma. Abderramán III unificó los diferentes reinos islámicos de la península ibérica bajo su liderazgo, creando así un estado centralizado y poderoso. Este logro fue especialmente notable, ya que en ese momento el mundo islámico estaba fragmentado en múltiples pequeños reinos.
El califato de Córdoba alcanzó su máximo poder durante el reinado de Abderramán III y su hijo Alhakén II. Durante este período, Córdoba se convirtió en una de las ciudades más avanzadas y prósperas del mundo, superando incluso a otras capitales islámicas como Bagdad y El Cairo. La ciudad contaba con impresionantes construcciones, como la Mezquita de Córdoba, y se convirtió en un importante centro intelectual y cultural.
El califato de Córdoba también ejerció un gran poder militar. Su ejército era temido y respetado en toda la región. Durante el reinado de Alhakén II, se llevaron a cabo importantes expediciones militares para expandir las fronteras del califato. Estas campañas militares llevaron al control de territorios tan distantes como el norte de África y la península itálica.
Centro económico y tolerancia religiosa.
Además de su poder militar y cultural, el califato de Córdoba también fue un importante centro económico. Córdoba era una ciudad próspera, con una economía basada en la agricultura, la industria y el comercio. La ciudad se convirtió en un importante centro de producción y comercio de bienes, como tejidos, cerámica y productos agrícolas. Por otro lado, gracias a su ubicación estratégica, Córdoba se beneficiaba del comercio con otras regiones del Mediterráneo y del mundo islámico..
El califato de Córdoba también fue conocido por su tolerancia religiosa y cultural. Aunque el islam era la religión oficial del califato, se permitía la práctica de otras religiones, como el judaísmo y el cristianismo. Esto atrajo a muchos eruditos y artistas de diferentes culturas y religiones, creando así una sociedad multicultural y diversa.
Comienzo del declive.
Sin embargo, a pesar de su poder y éxito inicial, el califato de Córdoba comenzó a debilitarse a finales del siglo X debido a conflictos internos y luchas de poder. Las diferentes facciones dentro del califato comenzaron a luchar entre sí, debilitando así su unidad y capacidad de gobierno. Además, los reinos cristianos del norte de la península ibérica se aprovecharon de estas divisiones y comenzaron a reconquistar territorios perdidos.
Finalmente, en el año 1031, el califato de Córdoba se desintegró por completo y se convirtió en múltiples reinos taifas. Estos pequeños reinos fueron fácilmente conquistados por los reinos cristianos en los siglos siguientes, poniendo fin al dominio islámico en la península ibérica.
El califato de Córdoba fue un período de la historia de Al-Ándalus en el que la ciudad de Córdoba, en la actual España, se convirtió en el centro político y cultural del mundo islámico occidental. Durante este tiempo, el califato de Córdoba alcanzó un poder y una influencia impresionantes, convirtiéndose en uno de los mayores imperios de su época.
El origen del califato.
El califato de Córdoba se estableció en el año 929 por Abderramán III, quien se proclamó califa, título que significa «sucesor» en árabe, en referencia a su sucesión directa del profeta Mahoma. Abderramán III unificó los diferentes reinos islámicos de la península ibérica bajo su liderazgo, creando así un estado centralizado y poderoso. Este logro fue especialmente notable, ya que en ese momento el mundo islámico estaba fragmentado en múltiples pequeños reinos.
El califato de Córdoba alcanzó su máximo poder durante el reinado de Abderramán III y su hijo Alhakén II. Durante este período, Córdoba se convirtió en una de las ciudades más avanzadas y prósperas del mundo, superando incluso a otras capitales islámicas como Bagdad y El Cairo. La ciudad contaba con impresionantes construcciones, como la Mezquita de Córdoba, y se convirtió en un importante centro intelectual y cultural.
El califato de Córdoba también ejerció un gran poder militar. Su ejército era temido y respetado en toda la región. Durante el reinado de Alhakén II, se llevaron a cabo importantes expediciones militares para expandir las fronteras del califato. Estas campañas militares llevaron al control de territorios tan distantes como el norte de África y la península itálica.
Centro económico y tolerancia religiosa.
Además de su poder militar y cultural, el califato de Córdoba también fue un importante centro económico. Córdoba era una ciudad próspera, con una economía basada en la agricultura, la industria y el comercio. La ciudad se convirtió en un importante centro de producción y comercio de bienes, como tejidos, cerámica y productos agrícolas. Por otro lado, gracias a su ubicación estratégica, Córdoba se beneficiaba del comercio con otras regiones del Mediterráneo y del mundo islámico..
El califato de Córdoba también fue conocido por su tolerancia religiosa y cultural. Aunque el islam era la religión oficial del califato, se permitía la práctica de otras religiones, como el judaísmo y el cristianismo. Esto atrajo a muchos eruditos y artistas de diferentes culturas y religiones, creando así una sociedad multicultural y diversa.
Comienzo del declive.
Sin embargo, a pesar de su poder y éxito inicial, el califato de Córdoba comenzó a debilitarse a finales del siglo X debido a conflictos internos y luchas de poder. Las diferentes facciones dentro del califato comenzaron a luchar entre sí, debilitando así su unidad y capacidad de gobierno. Además, los reinos cristianos del norte de la península ibérica se aprovecharon de estas divisiones y comenzaron a reconquistar territorios perdidos.
Finalmente, en el año 1031, el califato de Córdoba se desintegró por completo y se convirtió en múltiples reinos taifas. Estos pequeños reinos fueron fácilmente conquistados por los reinos cristianos en los siglos siguientes, poniendo fin al dominio islámico en la península ibérica.
Origen y Duración:
Inicio (929): Abderramán III, emir desde 912, se autoproclama califa en 929, unificando el poder religioso y político.
Fin (1031): Tras la dictadura de Almanzor y la debilidad de los califas posteriores, el califato se desintegró en pequeños reinos llamados taifas.
Características Principales:
Esplendor Cultural: Córdoba se convirtió en un centro de civilización con grandes avances en ciencia, arte, literatura y filosofía, rivalizando con las grandes capitales orientales.
Poder Político y Militar: Ejerció hegemonía sobre la península y el norte de África, y fue una potencia militar y económica importante.
Desarrollo Urbanístico: Se impulsó la construcción de grandes obras, destacando la ampliación de la Mezquita de Córdoba y la construcción de la ciudad palatina de Madínat al-Zahra.
Convivencia y Tolerancia: Fue un periodo conocido por una relativa convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos, aunque con matices, promoviendo el saber y la cultura.
Legado:
Marcó el apogeo de la presencia islámica en la Península Ibérica, dejando una profunda huella cultural, artística e intelectual que influyó en la Europa medieval.
Pero… ¿Por qué en la historia siempre se les ha acusado de ser uno de los peores capítulos del reinado musulmán? Pues posiblemente porqué la historia la escriben los ganadores, y en este caso ganaron los reinos cristianos. Hoy sabemos que no fue tan negra su historia, sino que más bien contribuyeron bastante en la cultura.
Vamos a desgranar este episodio histórico, poco conocido hoy en día, con algunos detalles que nos permitirán entender mejor nuestro pasado.
¿Quiénes son los reyes Taifa y cómo se hacen estos nuevos reinos?
Todo empieza con diversos golpes de poder en el califato de Córdoba, los cuales hacen que este pierda el auténtico control de su territorio y acabe fragmentándose en pequeños reinos.
Y aquí surgen tres tipos de reinos Taifa, los cuales se distribuyen en diferentes zonas:
Amiritas: son antiguos altos funcionarios del reino califa, incluso esclavos. Estos, al ser apartados del poder cuando se acaba con las antiguas estructuras, se desplazan al norte y oriente (zona de Catalunya i València), donde se hacen fuertes hasta fundar sus propios reinos.
Antigua aristocracia árabe: en este caso, hablamos de la parte aristocrática más antigua, que entra en Al-Andalus con la expansión de territorios musulmanes y acaba asentándose en la península. Tras la escisión ocuparan las tierras centrales como Zaragoza o Sevilla.
Aristocracia bereber: aristócratas como los anteriores, pero en este caso no tienen los orígenes en la península arábica sino en el norte de África. Ocuparan territorios más al oeste, como Badajoz.
¿Cómo los ven los antiguos califas?
En general, mal. Hay diversas crónicas donde queda constancia que la división del reino se ve como una señal de debilidad, más teniendo de amenaza a los vecinos a cristianos. Según citan, la proximidad cultural dividida en diversos reinos es un problema que los hace frágiles ante los vecinos cristianos.
Y algo de razón tenían: un reino dividido era mucho más débil que uno unido en esta lucha de religiones entre musulmanes y cristianos. La historia nos ha demostrado que la reconquista cristiana solo era realmente efectiva (terrenos no reconquistados por musulmanes al poco tiempo) cuando había división en el “reino” musulmán.
¿Cómo eran los reinados?
¿Cómo los ven los antiguos califas?
En general, mal. Hay diversas crónicas donde queda constancia que la división del reino se ve como una señal de debilidad, más teniendo de amenaza a los vecinos a cristianos. Según citan, la proximidad cultural dividida en diversos reinos es un problema que los hace frágiles ante los vecinos cristianos.
Y algo de razón tenían: un reino dividido era mucho más débil que uno unido en esta lucha de religiones entre musulmanes y cristianos. La historia nos ha demostrado que la reconquista cristiana solo era realmente efectiva (terrenos no reconquistados por musulmanes al poco tiempo) cuando había división en el “reino” musulmán.
¿Cómo eran los reinados?
Existieron muchas maneras de administrar las regiones, y todas dependían de la personalidad de su taifa.
En algunos casos, el territorio taifa era incluso más grande que muchas de las coronas cristianas, abarcando diversas de las actuales provincias. Estos taifas poseían tal poder y tal economía que podían permitirse importar los mejores artistas y arquitectos de otras zonas. De aquí empieza a surgir una arquitectura que, por ejemplo, acabaría siendo el arte mudéjar, tan famoso en zonas como Teruel.
Sobre su cultura más o menos inclusiva con ciertos placeres no tan permitidos por el islam, también existieron diferencias. Algunos taifa fueron más radicales y otros más laxos, siempre dependía de la personalidad del “jefe”.
Otros taifas se volcaron más en expandir o en asegurar su poder. Por ello, la parte militar siempre estaba presente. En algunos casos, los reinos taifas siempre trataban de expandir sus territorios conquistando los de la taifa vecina, o luchando contra sus eternos enemigos: los cristianos.
¿Cómo se relacionan estos reinados Taifa?
Muchas veces entendemos la Edad Media como un periodo de múltiples guerras entre todos, y no vamos desencaminados. Sin embargo, volcamos nuestra atención en periodos bélicos porqué siempre tienen más historias que narrar o héroes y villanos que lucir.
En cambio, los periodos de comercio son más desapercibidos y anónimos. Un comerciante no destaca tanto como un guerrero y posiblemente se ha escrito menos sobre él. Sin embargo, no es menos importante, ya que las etapas de comercio y de trato entre vecinos también existieron.
Por ello, los reinos taifa podemos decir que son una mezcla entre las etapas más militares, de conquista y defensa entre reinos o contra cristianos, y etapas de comercio. También con reinos cristianos, pues entre musulmanes y cristianos hubo una gran actividad comercial de intercambio de bienes… y de cultura.
Y con los reinados cristianos, ¿Cómo es la relación?
En este caso hubo una evolución muy destacada. La historia empezó con un califato fuerte que se desmembró en reinos taifa. Sin embargo, estos seguían teniendo grandes territorios y capacidad militar para luchar y defender sus territorios, o incluso expandirlos. También eran conocidos por sus razias, donde una expedición musulmana se internaba en territorio cristiano para saquearlo o destruir poblaciones y luego retirarse a territorio musulmán.
Con el tiempo, los reinos taifa fueron debilitándose y necesitaron la ayuda (pagada) de mercenarios. Es conocida por todos la figura del famoso Cid. Este mercenario luchó a favor de los reinos musulmanes de la zona de Valencia (Peñíscola, por ejemplo).
Pero los reinos taifa siguieron debilitándose hasta el punto de ser “rehenes” de estos propios mercenarios o de reinos cristianos y tener que pagar tributo para mantener su territorio. Y sí, resulta curioso pensar que la reconquista cristiana pasó por una fase donde los seguidores de la cruz no avanzaban porqué los reinos musulmanes pagaban esta especie de alquiler. Hasta que los cristianos se sintieron fuertes y reconquistaron de verdad.
Contexto Histórico resumido.
Origen: Tras una guerra civil (la Fitna de al-Ándalus), el Califato de Córdoba, que antes unificaba el poder musulmán, se desintegró a principios del siglo XI, dando lugar a esta fragmentación política.
Periodos: Hubo tres periodos principales de taifas: los primeros (siglo XI), los segundos (mediados del siglo XII, tras la caída de los almorávides) y los terceros (siglo XIII, tras la caída almohade).
Fragmentación: División de Al-Ándalus en múltiples reinos independientes.
Debilidad: Políticamente más débiles, a pesar de que algunas ciudades se convirtieron en brillantes centros culturales y artísticos (Sevilla, Zaragoza, Toledo).
Parias: Pago de tributos a los reinos cristianos para asegurar su supervivencia.
Intervención Externa: Buscaron ayuda de imperios norteafricanos (almorávides y almohades) para defenderse de los cristianos.
Intervención Externa: Buscaron ayuda de imperios norteafricanos (almorávides y almohades) para defenderse de los cristianos.
Los Almorávides.
Los almorávides, auge y caída de un imperio | ¡O César o Nada!Los Almorávides fueron una dinastía bereber del noroeste de África que, desde finales del siglo XI hasta mediados del XII, fundó un vasto imperio que dominó el norte de África y gran parte de Al-Ándalus (la España musulmana), siendo conocidos como monjes-soldados por su riguroso islamismo y espíritu guerrero, invadiendo la península ibérica como respuesta a los reinos de Taifas.
¿Quiénes eran?
Origen: Tribus nómadas del desierto del Sahara y el Magreb, como los Zanhaga.
Ideología: Una interpretación muy estricta y ortodoxa del Islam, buscando un retorno a sus orígenes.
Líder: Fundados por Abd Allah ibn Yasin en 1042.
Nombre: Su nombre significa "los que habitan en un ribat", un puesto fronterizo fortificado.
Su Imperio y Expansión:
Su Imperio y Expansión:
Creación: Formaron un poderoso imperio que abarcó desde el actual Marruecos hasta Mauritania, Argelia y el sur de la Península Ibérica.
Capital: Fundaron y establecieron Marrakech como su capital.
Llegada a España: Fueron llamados por los reinos de Taifas para frenar el avance cristiano, cruzando el Estrecho de Gibraltar.
Hitos en España: Derrotaron a Alfonso VI en la Batalla de Sagrajas (1086) y unificaron Al-Ándalus bajo su dominio, extendiéndose hasta controlar toda la España musulmana.
Su Final.
Declive: Su poder comenzó a decaer hacia 1145.
Sustitución: Fueron reemplazados por otra dinastía norteafricana, los Almohades, a mediados del siglo XII.
Los Almohades.
Los almohades fueron una dinastía bereber de origen marroquí que gobernó el norte de África y el sur de la Península Ibérica (Al-Ándalus) entre los siglos XII y XIII (aprox. 1147-1269), sucediendo a los almorávides. Su nombre significa "los que reconocen la unidad de Dios" (del árabe al-muwaḥḥidūn) y surgieron como un movimiento reformista islámico, liderado por Muhammad ibn Tumart, para restaurar la pureza del Islam frente a lo que consideraban la laxitud religiosa de sus predecesores.
Los almohades fueron una dinastía bereber de origen marroquí que gobernó el norte de África y el sur de la Península Ibérica (Al-Ándalus) entre los siglos XII y XIII (aprox. 1147-1269), sucediendo a los almorávides. Su nombre significa "los que reconocen la unidad de Dios" (del árabe al-muwaḥḥidūn) y surgieron como un movimiento reformista islámico, liderado por Muhammad ibn Tumart, para restaurar la pureza del Islam frente a lo que consideraban la laxitud religiosa de sus predecesores.
Capitales del Imperio Almohade:
El Imperio almohade tuvo dos capitales principales que funcionaban como los centros neurálgicos de sus vastos dominios en el Magreb y la península ibérica.
Marrakech (Marruecos): Fue la capital principal y espiritual de todo el imperio. Tras ser conquistada a los almorávides en 1147, se convirtió en la sede del califato y el centro desde donde se dirigían las campañas militares hacia África y Al-Ándalus.
Sevilla (España): Fue establecida como la capital administrativa y política de Al-Ándalus a partir de 1172. Debido a su ubicación estratégica y su conexión fluvial, los almohades la convirtieron en su residencia palaciega y base de operaciones en la península, impulsando grandes construcciones como la Giralda y el Real Alcázar de Sevilla.
Antes de la toma de Marrakech, el movimiento tuvo su centro de origen y capital inicial en Tinmel, una aldea en las montañas del Gran Atlas donde se encuentra el mausoleo de su fundador, Ibn Tumart.
Origen y Ascenso:
Fundador: Muhammad ibn Tumart, un líder religioso del Alto Atlas, fundó el movimiento.
Ideología: Predicaban un retorno riguroso al Corán y la Sunna, oponiéndose a las interpretaciones más relajadas del Islam, e incluso al antropomorfismo que atribuían a Alá.
Conquista: Tras la muerte de Ibn Tumart, su discípulo Abd al-Mumin lideró las tribus bereberes, derrotó a los almorávides y estableció un califato que dominó el Magreb y Al-Ándalus.
Dominio y Características:
Extensión: Controlaron vastos territorios desde Marruecos hasta gran parte de la Península Ibérica.
Cultura y Arte: Impulsaron un importante desarrollo cultural, militar y artístico, con una fuerte impronta de ortodoxia religiosa.
Enfrentamiento con Cristianos: Fueron un gran poder en Al-Ándalus, enfrentándose a los reinos cristianos, aunque su poder decayó tras la Batalla de Las Navas de Tolosa (1212)
Los sucesores de al-Mumin continuaron incrementando el poder almorávide en al-Ándalus, con un momento cumbre en 1195, cuando derrotaron a los castellanos en la batalla de Alarcos. Tras esta victoria, los almohades vivieron su época de mayor esplendor.
El desarrollo de la filosofía y las ciencias tuvieron exponentes como Ibn Tufail y Averroes. El impulso del arte se pudo palpar en la capital andalusí: en Sevilla se levantó la mezquita aljama y alminar que, tras la conquista cristiana, acabarían reformados en catedral y el campanario de la Giralda. Pero la edad dorada no pudo extenderse mucho en el tiempo. Diversas amenazas se cernían sobre los almohades.
El fin de los almohades.
En el norte de África se sucedían incursiones contra los almohades. En 1198 pactaron una tregua de diez años con Castilla. La intención era preparar un gran ejército para enfrentarse a los cristianos. Pero los reinos del norte peninsular tuvieron el mismo tiempo para prepararse, y lo hicieron mejor, espoleados por la derrota en Alarcos. La caída de los almohades no se hizo esperar tras la tregua:
“En julio de 1212 un ejército conjunto de León, Castilla, Navarra y Aragón avanzó hacia el sur desde Toledo y se enfrentó a los almohades en Las Navas de Tolosa. Los almohades sufrieron tal derrota que su poder en España quedó prácticamente aniquilado”.
Fue el último estado musulmán en la Península Ibérica, fundado por la dinastía nazarí (Banu Nasr) y con capital en Granada, destacando por su fortaleza, la Alhambra, y su prolongada resistencia ante los reinos cristianos hasta su rendición final ante los Reyes Católicos en 1492, marcando el fin de al-Ándalus.
Características Principales.
Fundación: Creado por Muhammad I (Alhamar) alrededor de 1238, tras la caída almohade, inicialmente desde Jaén y luego consolidado en Granada.
Dinastía: Gobernado por la dinastía Nazarí (Banu Nasr), de origen árabe.
Capital: Granada, con la Alhambra como centro del poder y residencia real.
Duración: Existió durante más de dos siglos, siendo un estado muy longevo en la Edad Media.
Legado: Su patrimonio más conocido es la Alhambra y el Generalife, reflejo de su rica cultura.
Fue una impresionante ciudad palatina islámica construida por la dinastía nazarí (siglos XIII-XIV), funcionando como fortaleza, palacio real y centro administrativo, destacando por su exquisita arquitectura hispanomusulmana, patios, fuentes y jardines, y es hoy uno de los monumentos más visitados de España y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su nombre árabe, al-Hamrá, significa "la roja", por el color de sus muros, y se alza sobre la colina de la Sabika dominando Granada.
Elementos Clave.
Origen: Inició como una fortaleza militar, y los sultanes nazaríes la transformaron en una ciudadela completa.
Función: Fue la residencia oficial de los sultanes, su corte y gobierno, con palacios (Mexuar, Comares, Leones), mezquitas, cuarteles y baños.
Arquitectura: Es la máxima expresión del arte nazarí, famosa por sus intrincados detalles decorativos, azulejos, yeserías y la armonía con el entorno natural.
Post-Conquista: Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492, se convirtió en palacio real cristiano, con adiciones como el Palacio de Carlos V.
Hoy en Día: Es un complejo monumental gestionado por un Patronato y uno de los sitios turísticos más importantes de España, reconocido por la UNESCO desde 1984.
En resumen, la Alhambra fue un centro de poder político y cultural islámico que se adaptó a la realeza cristiana, conservando su belleza y legado como un testimonio invaluable de la historia y el arte.
Fin del Reino.
Guerra de Granada: Los Reyes Católicos (Isabel y Fernando) asediaron el reino durante años.
Caída: El 2 de enero de 1492, su último rey, Muhámmad XII (Boabdil el Chico), entregó la ciudad, poniendo fin a la presencia musulmana en España.
Relevancia:
Representó el último bastión de la civilización islámica en la península, conservando su independencia gracias a alianzas y su difícil equilibrio geopolítico, hasta su caída definitiva en 1492.
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Fueron los Ayyubíes, liderados por Saladino (Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub), quienes sustituyeron a los fatimíes en Egipto en 1171, poniendo fin al califato chiita fatimí y restaurando el sunismo y la soberanía abasí en la región, estableciendo la dinastía ayyubí.
Dejando ha un lado Al-ándalus, vamos a continuar con los siguientes Califatos que se fueron sucediendo en el Imperio Islámico. Los Omeyas fueron desplazados por los Abasíes. Veámos.
Califato abasí (750-1258).
El Califato Abasí fue una dinastía que gobernó gran parte del mundo islámico desde su capital en Bagdad, sucediendo a los Omeyas y marcando una "Edad de Oro" de la ciencia, cultura y prosperidad bajo califas como Harún al-Rashid, pero decayó políticamente, fragmentándose hasta su fin con la invasión mongola, aunque una línea "fantasma" continuó en El Cairo hasta 1517, cuando los otomanos tomaron el título.
Origen y Ascenso:
Derrocamiento Omeya: Los abasíes, descendientes de Abbas, tío de Mahoma, se levantaron contra los Omeyas, que gobernaban desde Damasco.
Fundación: Abu al-Abbas as-Saffah se convirtió en el primer califa abasí en 750.
Nueva Capital: Al-Mansur fundó Bagdad en 762, convirtiéndola en un centro mundial de civilización y conocimiento.
Apogeo (Edad de Oro):
Harún al-Rashid (786-809): Su reinado es famoso por la prosperidad y el fomento de las artes y ciencias, siendo inmortalizado en Las mil y una noches.
Avances: Se tradujeron obras clásicas, y hubo grandes logros en matemáticas, astronomía y medicina, enriqueciendo la cultura islámica con influencias persas y griegas.
Declive y Fragmentación:
Pérdida de Poder: A partir del siglo X, el poder real disminuyó ante el auge de dinastías locales y líderes militares (sultanes).
Independencias: Al-Ándalus (España) se independizó en 756, y surgieron estados autónomos en el Magreb y Persia.
Dependencia:
El Califato Abasí fue una dinastía que gobernó gran parte del mundo islámico desde su capital en Bagdad, sucediendo a los Omeyas y marcando una "Edad de Oro" de la ciencia, cultura y prosperidad bajo califas como Harún al-Rashid, pero decayó políticamente, fragmentándose hasta su fin con la invasión mongola, aunque una línea "fantasma" continuó en El Cairo hasta 1517, cuando los otomanos tomaron el título.
Origen y Ascenso:
Derrocamiento Omeya: Los abasíes, descendientes de Abbas, tío de Mahoma, se levantaron contra los Omeyas, que gobernaban desde Damasco.
Fundación: Abu al-Abbas as-Saffah se convirtió en el primer califa abasí en 750.
Nueva Capital: Al-Mansur fundó Bagdad en 762, convirtiéndola en un centro mundial de civilización y conocimiento.
Apogeo (Edad de Oro):
Harún al-Rashid (786-809): Su reinado es famoso por la prosperidad y el fomento de las artes y ciencias, siendo inmortalizado en Las mil y una noches.
Avances: Se tradujeron obras clásicas, y hubo grandes logros en matemáticas, astronomía y medicina, enriqueciendo la cultura islámica con influencias persas y griegas.
Declive y Fragmentación:
Pérdida de Poder: A partir del siglo X, el poder real disminuyó ante el auge de dinastías locales y líderes militares (sultanes).
Independencias: Al-Ándalus (España) se independizó en 756, y surgieron estados autónomos en el Magreb y Persia.
Dependencia:
Los abasíes se volvieron figuras espirituales, perdiendo control secular ante visires o dinastías como los Buyíes y luego los Selyúcidas.
Fin del Califato Abasí de Bagdad:
Conquista Mongol: En 1258, los mongoles saquearon Bagdad, matando al último califa abasí, Al-Musta'sim, poniendo fin al califato en Irak.
Legado:
Los abasíes establecieron un legado duradero en la cultura, ciencia y administración islámica, creando una era de esplendor intelectual que influenció a todo el mundo.
El Califato Fatimí fue un poderoso califato chiita ismailita, el único de la historia, con origen en el norte de África (Túnez) y que convirtió a Egipto en su centro, dominando en su apogeo gran parte del Mediterráneo, incluyendo partes del Magreb, Sicilia y el Levante, desafiando a los califatos sunitas abasí y omeya, y sentando las bases para el esplendor de El Cairo.
Características Principales:
Origen y Religión: Fundado por una dinastía de imanes ismaelitas que afirmaban descender de Fátima, la hija del Profeta Mahoma, de ahí su nombre "Fatimí".
Expansión:
Fin del Califato Abasí de Bagdad:
Conquista Mongol: En 1258, los mongoles saquearon Bagdad, matando al último califa abasí, Al-Musta'sim, poniendo fin al califato en Irak.
Legado:
Los abasíes establecieron un legado duradero en la cultura, ciencia y administración islámica, creando una era de esplendor intelectual que influenció a todo el mundo.
El Califato Fatimí fue un poderoso califato chiita ismailita, el único de la historia, con origen en el norte de África (Túnez) y que convirtió a Egipto en su centro, dominando en su apogeo gran parte del Mediterráneo, incluyendo partes del Magreb, Sicilia y el Levante, desafiando a los califatos sunitas abasí y omeya, y sentando las bases para el esplendor de El Cairo.
Características Principales:
Origen y Religión: Fundado por una dinastía de imanes ismaelitas que afirmaban descender de Fátima, la hija del Profeta Mahoma, de ahí su nombre "Fatimí".
Expansión:
Comenzó en Ifriquía (actual Túnez) y conquistó Egipto en 969, fundando El Cairo como su capital. Su poder se extendió por vastas regiones del norte de África, Sicilia, el Levante y el Hiyaz.
Rivalidad con otros Califatos:
Buscaban reemplazar a los califas abasíes sunitas en Bagdad, considerados ilegítimos, y rivalizaron con los omeyas de Al-Ándalus.
Legado Cultural:
Bajo su gobierno, El Cairo se convirtió en un centro cultural, económico y religioso preeminente en el mundo islámico, destacando en arte, ciencia y filosofía.
Declive:
El faccionalismo político y militar, especialmente las luchas internas en el ejército, debilitaron el califato, aunque su dominio duró hasta 1171.
En resumen, fue una importante potencia islámica chiita que dominó el sur del Mediterráneo durante más de dos siglos, destacando por su singularidad como califato ismaelita y su gran desarrollo cultural y político, con Egipto como corazón de su imperio.
Rivalidad con otros Califatos:
Buscaban reemplazar a los califas abasíes sunitas en Bagdad, considerados ilegítimos, y rivalizaron con los omeyas de Al-Ándalus.
Legado Cultural:
Bajo su gobierno, El Cairo se convirtió en un centro cultural, económico y religioso preeminente en el mundo islámico, destacando en arte, ciencia y filosofía.
Declive:
El faccionalismo político y militar, especialmente las luchas internas en el ejército, debilitaron el califato, aunque su dominio duró hasta 1171.
En resumen, fue una importante potencia islámica chiita que dominó el sur del Mediterráneo durante más de dos siglos, destacando por su singularidad como califato ismaelita y su gran desarrollo cultural y político, con Egipto como corazón de su imperio.
Los Ayyubíes : Saladino.
Contexto de la Caída Fatimí.
Declive Interno: A finales del siglo XI, la dinastía fatimí estaba debilitada por disputas internas y la creciente influencia de poderosos visires militares que controlaban a los califas, a menudo niños o figuras títeres.
Amenaza Externa: La llegada de los turcos selyúcidas y las Cruzadas aumentaron la inestabilidad.
Intervención de Saladino: Saladino, un visir militar al servicio de los fatimíes, consolidó su poder y, tras la muerte del último califa fatimí, al-Adid, abolió la dinastía en 1171, transfiriendo el poder a la dinastía ayyubí.
La Dinastía Ayyubí: Fundada por Saladino, la dinastía ayyubí (de origen kurdo) se convirtió en la nueva potencia en Egipto, marcando un cambio religioso y político significativo al reinstaurar el islam sunita y la autoridad del califato abasí de Bagdad.
Quién fue Saladino:
Saladino (Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub) fue un legendario sultán kurdo de Egipto y Siria (siglo XII) que unificó el mundo musulmán para luchar contra las Cruzadas, destacando por su habilidad militar y diplomática, su generosidad y caballerosidad, y por reconquistar Jerusalén a los cristianos en 1187, convirtiéndose en una figura reverenciada tanto en el Islam como en Occidente. Fundó la dinastía ayubí y fue célebre por su respeto hacia sus enemigos, negociando tratados, como con Ricardo Corazón de León, y demostrando ser un gran líder político y militar.
Puntos Clave sobre Saladino.
Origen: De origen kurdo, nació en Tikrit (actual Irak) en 1137.
Ascenso al Poder: Comenzó su carrera bajo el mando de su tío y se convirtió en sultán de Egipto y Siria, unificando vastos territorios desde África hasta Asia.
Logro Principal: Su mayor hazaña fue la reconquista de Jerusalén en 1187 tras la decisiva Batalla de Hattin, lo que provocó la Tercera Cruzada.
Habilidades: Fue un estratega militar brillante, un administrador eficaz y un diplomático hábil, admirado por sus enemigos por su integridad y generosidad.
Legado: Es una de las figuras más famosas de la Edad Media, un héroe nacional en el mundo musulmán y una figura respetada en la cultura occidental por su ideal de caballería.
Muerte: Falleció en 1193 en Damasco, y su dinastía, los Ayyubíes, continuó gobernando durante un siglo más.
Osmán I, líder de los otomanos, inició la expansión de su pueblo, convirtiéndolo en uno de los imperios más importantes de la historia. Capital: Estambul.
El Imperio Otomano fue un vasto imperio multiétnico gobernado por la dinastía osmanlí, que existió desde finales del siglo XIII hasta principios del siglo XX (1299-1922), surgiendo de Anatolia (actual Turquía) y expandiéndose por el sureste de Europa, el Cercano Oriente y el norte de África, convirtiéndose en una de las potencias más influyentes y duraderas de la historia mundial. Era un estado islámico y turco que controló el cruce entre Oriente y Occidente durante seis siglos, destacando por su poder militar, administración y rica cultura.
Origen y Expansión:
Fundación:
Nació de un pequeño principado turco en Anatolia, fundado por Osmán I (de ahí su nombre) tras la decadencia del Imperio Selyúcida.
Conquista Clave:
Su gran hito fue la toma de Constantinopla (la antigua capital bizantina) en 1453, marcando el fin del Imperio Bizantino y estableciendo una nueva capital.
Máximo Esplendor:
Entre los siglos XVI y XVII, se extendió por tres continentes, controlando vastas regiones que incluían Grecia, Hungría, Egipto, Siria, partes de Arabia y la costa norte de África, con Constantinopla como centro.
Características Principales:
Multiétnico y Multirreligioso: Aunque gobernado por turcos, abarcaba diversas etnias y religiones, integrando culturas de Europa, Asia y África.
Centro de Interacción:
Fue un puente crucial entre Oriente y Occidente, adoptando y adaptando tradiciones culturales, arquitectónicas y administrativas de imperios anteriores, como el Bizantino.
Legado Cultural:
Destacó en las artes, la orfebrería y la arquitectura, creando una identidad cultural otomana única.
Decadencia y Fin:
Factores: El auge de los nacionalismos, las derrotas militares y la interferencia de potencias europeas (Francia, Gran Bretaña, Rusia) llevaron a su debilitamiento.
Disolución:
Tras la Primera Guerra Mundial, los nacionalistas turcos abolieron el sultanato en 1922, dando paso a la moderna República de Turquía en 1923.
El Imperio Otomano, un vasto estado multiétnico y multirreligioso, cuyo fin llegó tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, culminando con la abolición del Sultanato en 1922 y la proclamación de la República de Turquía en 1923, liderada por Mustafa Kemal Atatürk, quien también abolió el Califato en 1924, rompiendo los últimos vínculos institucionales con el viejo orden imperial y el califato.
Causas del colapso.
Decadencia interna: Problemas económicos, inestabilidad política y la dificultad para modernizar un imperio tan extenso.
Derrotas militares: Pérdidas territoriales significativas, especialmente en los Balcanes, que erosionaron su poder y economía.
Nacionalismos: Surgimiento de movimientos nacionalistas dentro del imperio y la presión de las potencias europeas.
Primera Guerra Mundial: La alianza con las Potencias Centrales (Alemania) fue desastrosa; la derrota implicó la pérdida de sus territorios árabes y la ocupación aliada.
El Fin del Imperio.
1922: La Gran Asamblea Nacional Turca abolió el Sultanato, y el último sultán, Mehmed VI, se exilió.
1923: Se proclamó la República de Turquía, un estado nacional secular en Anatolia, con Ankara como capital.
1924: Se abolió el Califato, eliminando el último vestigio de la autoridad religiosa otomana sobre el mundo musulmán (la Ummah).
Relación con el "Imperio Islámico".
El Imperio Otomano había sido el principal poder político y militar del mundo islámico durante siglos, ostentando el título de Califa, que unía autoridad política y espiritual para muchos musulmanes. Su caída significó el fin de esa estructura imperial centralizada y la emergencia de estados-nación modernos, marcando un punto de inflexión en la historia política del mundo islámico.
Características políticas del Imperio islámico:
Dado que los califatos poseían una gran extensión, los califas procedieron a fraccionar el territorio en distintas provincias. A cargo de ellas estaban sus representantes políticos, militares y administrativos, que eran los siguientes:
Visires: se asemejaban a unos ministros y se ocupan de administrar grandes territorios.
Emires: ejercían de gobernadores de las provincias, siendo su poder político y militar.
Sultanes: representantes del califa y soberanos de los reinos islámicos. Con el paso del tiempo, este título también se usaría para referirse al propio emperador.
Cadíes: eran los jefes de las ciudades, estando a su cargo la política local, la justicia y los ritos religiosos.
Características sociales del Imperio islámico.
En las regiones del Imperio islámico existían unas clases sociales delimitadas de la siguiente forma:
Aristocracia: eran los gobernantes y los grandes terratenientes. Controlaban el poder político.
Notables: se trataba de una clase social muy amplia en la que se incluía a las familias adineradas de cada provincia. En este grupo estaban los terratenientes, los grandes mercaderes, los altos funcionarios de palacio y los artesanos.
Clases populares: eran la clase mayoritaria, destacando los agricultores y los colonos que trabajaban la tierra de los grandes terratenientes. Además, habría que mencionar a los pequeños artesanos, a los pastores y a los vendedores ambulantes.
Esclavos: se ocupaban de tareas del campo o de la casa de sus dueños.
Mujeres: estaban tuteladas por los hombres, bien fuera por el padre o por el esposo. Pemanecían en una parte de la casa denominada harén, y sólo podían salir acompañadas y con permiso. Su obligación era tener hijos, cuidarlos y atender el hogar familiar.
No obstante, también se podría hacer una distinción dependiendo de la religión y de los orígenes de las personas:
Musulmanes: los árabes y los sirios sólian acceder a los puestos políticos y eran grandes señores. Los bereberes, situados en el norte de África, llevaban una vida más humilde y solían ser pequeños señores. También habría que mencionar a los muladíes, que por lo general dejaban atrás el cristianismo y adoptaban el Islam como su religión.
Otras religiones: por un lado estaban los judíos y por otro los mozárabes, que eran los cristianos que vivían en al-Ándalus.
Características económicas del Imperio islámico.
El comercio era muy relevante, de ahí que existiera un gran control sobre las rutas comerciales, tanto del Mediterráneo como de aquellas otras que se dirigían a Oriente. Mientras que en las zonas rurales predominaba la agricultura, en las ciudades destacaban las manufacturas (es el caso de la artesanía).
Arquitectura árabe.
Las ciudades árabes poseían un trazado irregular y, en general, estaban amuralladas. El tamaño de las casas era pequeño, cubriéndose las ventanas con celosías que impedían que desde el exterior se pudiera observar lo que sucedía dentro. Respecto a las calles, eran estrechas y en algunos casos aparecían cubiertas de toldos.
Pero, ¿cuáles eran los edificios de mayor relevancia de las ciudades musulmanas? Los comentamos a continuación:
Alcázar: era el palacio en el que vivía la principal autoridad de la urbe. Solía situarse en un lugar elevado y estaba rodeado de murallas, acentuando así su carácter defensivo y de fortaleza. Todo este recinto era conocido como la alcazaba (ciudadela).
Mezquita: lugar en el que los fieles se reunían para orar. Para ello, se situaban mirando a la quibla, es decir, al muro que está orientado hacia La Meca. Destacar que también poseían un alminar o minarete desde el que se llamaba a la oración.
Zoco: era el mercado de la ciudad.
Baños públicos: tenían su origen en los baños romanos y eran conocidos por el nombre de hammam, tratándose además de un lugar de reunión social.
Alhóndigas: zona de almacenes en la que los mercaderes guardaban sus mercancías.
Arrabales: barrios periféricos que se encontraban más allá de las murallas.
Arte islámico.
Los estilos del arte musulmán eran variados, puesto que, al estar acostumbrados a la vida nómada y del desierto, adaptaban sus técnicas a las diversas regiones que conquistaban.
No obstante, una característica común era que en los palacios y en las mezquitas había muy pocas esculturas y pinturas. Esto se debía a que algunas corrientes del Islam prohiben las imágenes de Alá, Mahoma e incluso de personas o animales.
No es de extrañar que en la decoración predominaran los temas geométricos y vegetales, que se pintaban en mosaicos o se diseñaban directamente en azulejos y yeserías. También se usaba escritura caligráfica, tal y como sucedía en los muros de las mezquitas.
Otro elemento a destacar eran las cúpulas decoradas de mocárabes, que se asemejaban a las estalactitas y se confeccionaban de yeso.
Cultura árabe.
En la literatura destacó Las mil y una noches, una compilación de cuentos tradicionales del Oriente Medio que se cree que se llevó a cabo en el siglo IX (aunque algunas de estas historias se añadieron en siglos posteriores.
La filosofía también fue un campo en el que destacaron los árabes, siendo el cordobés Averroes uno de sus nombres más célebres (de hecho, contribuyó a difundir las ideas de Aristóteles).
Ciencia árabe.
Los árabes realizaron grandes aportaciones a las matemáticas. Por ejemplo, adoptaron el sistema de numeración de la India, que luego se expandió a Europa por medio de al-Ándalus (sucedió lo mismo con distintas palabras matemáticas, caso de álgebra, cero o cifra).
Respecto a la astronomía, crearon observatorios y defendieron teorías como la de que los planetas giraban alrededor de un determinado punto.
En lo que a la medicina se refiere, habría que destacar a Avicena, quien escribió textos como El libro de la curación o El canon de medicina.
Otro aspecto a destacar es la relevancia que tuvieron como difusores de algunos de los grandes inventos de la historia, caso de la brújula, la pólvora, el astrolabio, las norias de agua o la seda.
Fundamentos del Islam.
Qué significa el Islam.
El Islam quiere decir obediencia a Dios, siendo sus practicantes los musulmanes. Para ellos, al igual que Abraham, Moisés o Jesús, Mahoma es el profeta de Alá.
Los pilares del Islam.
Profesión de fe (sahada): no hay más dios que Alá, siendo Mahoma su mensajero.
Practicar el rezo cinco veces al día, a lo que se le conoce por el nombre de azalá.
Ramadán: en esta época, que dura un mes, los musulmanes tienen que ayunar durante el día y sólo pueden comer al caer la noche. No obstante, están dispensandos de hacerlo los enfermos, los débiles y los viajeros (que pueden practicarlo en otra ocasión).
Limosnas (zakat): deben realizarse para así ayudar a las personas más pobres de la comunidad.
Peregrinación a La Meca (hayy): ha de completarse al menos una vez en la vida.
El Corán.
El Corán es el libro sagrado del Islam. Según los musulmanes, contiene las palabras que Dios le dijo al propio Mahoma por medio del arcángel Gabriel, que se le apareció en la cueva de una montaña.
Se escribió tras su muerte y, por tanto, recoge las enseñanzas que transmitió este profeta. Sus preceptos indican que los fieles no deben comer cerdo o beber alcohol. De igual modo, se establecen las penas por las faltas o delitos cometidos y se permite la poligamia (la relación de un hombre con varias mujeres al mismo tiempo).
Está compuesto por 114 azoras o suras, es decir, capítulos, que a su vez se dividen en más de 6.000 aleyas (versículos).
Ramas del Islám.
Suníes: son los seguidores de los primeros califas y consideran que Mahoma es su único líder espiritual. Actualmente representan al 90% de la población musulmana.
Chiíes: Ali Ibn Abi Tálib estaba casado con Fátima, la hija de Mahoma. Era, por tanto, el yerno de este último. Aparte de califa también fue el primer imán, siendo para los chiíes el legítimo sucesor del profeta. Es una rama minoritaria, pues hoy en día sólo la siguen el 10% de los musulmanes.
Imperio otomano (1299-1923).
Osmán I, líder de los otomanos, inició la expansión de su pueblo, convirtiéndolo en uno de los imperios más importantes de la historia. Capital: Estambul.
El Imperio Otomano fue un vasto imperio multiétnico gobernado por la dinastía osmanlí, que existió desde finales del siglo XIII hasta principios del siglo XX (1299-1922), surgiendo de Anatolia (actual Turquía) y expandiéndose por el sureste de Europa, el Cercano Oriente y el norte de África, convirtiéndose en una de las potencias más influyentes y duraderas de la historia mundial. Era un estado islámico y turco que controló el cruce entre Oriente y Occidente durante seis siglos, destacando por su poder militar, administración y rica cultura.
Origen y Expansión:
Fundación:
Nació de un pequeño principado turco en Anatolia, fundado por Osmán I (de ahí su nombre) tras la decadencia del Imperio Selyúcida.
Conquista Clave:
Su gran hito fue la toma de Constantinopla (la antigua capital bizantina) en 1453, marcando el fin del Imperio Bizantino y estableciendo una nueva capital.
Máximo Esplendor:
Entre los siglos XVI y XVII, se extendió por tres continentes, controlando vastas regiones que incluían Grecia, Hungría, Egipto, Siria, partes de Arabia y la costa norte de África, con Constantinopla como centro.
Características Principales:
Multiétnico y Multirreligioso: Aunque gobernado por turcos, abarcaba diversas etnias y religiones, integrando culturas de Europa, Asia y África.
Centro de Interacción:
Fue un puente crucial entre Oriente y Occidente, adoptando y adaptando tradiciones culturales, arquitectónicas y administrativas de imperios anteriores, como el Bizantino.
Legado Cultural:
Destacó en las artes, la orfebrería y la arquitectura, creando una identidad cultural otomana única.
Decadencia y Fin:
Factores: El auge de los nacionalismos, las derrotas militares y la interferencia de potencias europeas (Francia, Gran Bretaña, Rusia) llevaron a su debilitamiento.
Disolución:
Tras la Primera Guerra Mundial, los nacionalistas turcos abolieron el sultanato en 1922, dando paso a la moderna República de Turquía en 1923.
El Imperio Otomano, un vasto estado multiétnico y multirreligioso, cuyo fin llegó tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, culminando con la abolición del Sultanato en 1922 y la proclamación de la República de Turquía en 1923, liderada por Mustafa Kemal Atatürk, quien también abolió el Califato en 1924, rompiendo los últimos vínculos institucionales con el viejo orden imperial y el califato.
Causas del colapso.
Decadencia interna: Problemas económicos, inestabilidad política y la dificultad para modernizar un imperio tan extenso.
Derrotas militares: Pérdidas territoriales significativas, especialmente en los Balcanes, que erosionaron su poder y economía.
Nacionalismos: Surgimiento de movimientos nacionalistas dentro del imperio y la presión de las potencias europeas.
Primera Guerra Mundial: La alianza con las Potencias Centrales (Alemania) fue desastrosa; la derrota implicó la pérdida de sus territorios árabes y la ocupación aliada.
El Fin del Imperio.
1922: La Gran Asamblea Nacional Turca abolió el Sultanato, y el último sultán, Mehmed VI, se exilió.
1923: Se proclamó la República de Turquía, un estado nacional secular en Anatolia, con Ankara como capital.
1924: Se abolió el Califato, eliminando el último vestigio de la autoridad religiosa otomana sobre el mundo musulmán (la Ummah).
Relación con el "Imperio Islámico".
El Imperio Otomano había sido el principal poder político y militar del mundo islámico durante siglos, ostentando el título de Califa, que unía autoridad política y espiritual para muchos musulmanes. Su caída significó el fin de esa estructura imperial centralizada y la emergencia de estados-nación modernos, marcando un punto de inflexión en la historia política del mundo islámico.
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Características políticas del Imperio islámico:
Dado que los califatos poseían una gran extensión, los califas procedieron a fraccionar el territorio en distintas provincias. A cargo de ellas estaban sus representantes políticos, militares y administrativos, que eran los siguientes:
Visires: se asemejaban a unos ministros y se ocupan de administrar grandes territorios.
Emires: ejercían de gobernadores de las provincias, siendo su poder político y militar.
Sultanes: representantes del califa y soberanos de los reinos islámicos. Con el paso del tiempo, este título también se usaría para referirse al propio emperador.
Cadíes: eran los jefes de las ciudades, estando a su cargo la política local, la justicia y los ritos religiosos.
Características sociales del Imperio islámico.
En las regiones del Imperio islámico existían unas clases sociales delimitadas de la siguiente forma:
Aristocracia: eran los gobernantes y los grandes terratenientes. Controlaban el poder político.
Notables: se trataba de una clase social muy amplia en la que se incluía a las familias adineradas de cada provincia. En este grupo estaban los terratenientes, los grandes mercaderes, los altos funcionarios de palacio y los artesanos.
Clases populares: eran la clase mayoritaria, destacando los agricultores y los colonos que trabajaban la tierra de los grandes terratenientes. Además, habría que mencionar a los pequeños artesanos, a los pastores y a los vendedores ambulantes.
Esclavos: se ocupaban de tareas del campo o de la casa de sus dueños.
Mujeres: estaban tuteladas por los hombres, bien fuera por el padre o por el esposo. Pemanecían en una parte de la casa denominada harén, y sólo podían salir acompañadas y con permiso. Su obligación era tener hijos, cuidarlos y atender el hogar familiar.
No obstante, también se podría hacer una distinción dependiendo de la religión y de los orígenes de las personas:
Musulmanes: los árabes y los sirios sólian acceder a los puestos políticos y eran grandes señores. Los bereberes, situados en el norte de África, llevaban una vida más humilde y solían ser pequeños señores. También habría que mencionar a los muladíes, que por lo general dejaban atrás el cristianismo y adoptaban el Islam como su religión.
Otras religiones: por un lado estaban los judíos y por otro los mozárabes, que eran los cristianos que vivían en al-Ándalus.
Características económicas del Imperio islámico.
El comercio era muy relevante, de ahí que existiera un gran control sobre las rutas comerciales, tanto del Mediterráneo como de aquellas otras que se dirigían a Oriente. Mientras que en las zonas rurales predominaba la agricultura, en las ciudades destacaban las manufacturas (es el caso de la artesanía).
Arquitectura árabe.
Las ciudades árabes poseían un trazado irregular y, en general, estaban amuralladas. El tamaño de las casas era pequeño, cubriéndose las ventanas con celosías que impedían que desde el exterior se pudiera observar lo que sucedía dentro. Respecto a las calles, eran estrechas y en algunos casos aparecían cubiertas de toldos.
Pero, ¿cuáles eran los edificios de mayor relevancia de las ciudades musulmanas? Los comentamos a continuación:
Alcázar: era el palacio en el que vivía la principal autoridad de la urbe. Solía situarse en un lugar elevado y estaba rodeado de murallas, acentuando así su carácter defensivo y de fortaleza. Todo este recinto era conocido como la alcazaba (ciudadela).
Mezquita: lugar en el que los fieles se reunían para orar. Para ello, se situaban mirando a la quibla, es decir, al muro que está orientado hacia La Meca. Destacar que también poseían un alminar o minarete desde el que se llamaba a la oración.
Zoco: era el mercado de la ciudad.
Baños públicos: tenían su origen en los baños romanos y eran conocidos por el nombre de hammam, tratándose además de un lugar de reunión social.
Alhóndigas: zona de almacenes en la que los mercaderes guardaban sus mercancías.
Arrabales: barrios periféricos que se encontraban más allá de las murallas.
Arte islámico.
Los estilos del arte musulmán eran variados, puesto que, al estar acostumbrados a la vida nómada y del desierto, adaptaban sus técnicas a las diversas regiones que conquistaban.
No obstante, una característica común era que en los palacios y en las mezquitas había muy pocas esculturas y pinturas. Esto se debía a que algunas corrientes del Islam prohiben las imágenes de Alá, Mahoma e incluso de personas o animales.
No es de extrañar que en la decoración predominaran los temas geométricos y vegetales, que se pintaban en mosaicos o se diseñaban directamente en azulejos y yeserías. También se usaba escritura caligráfica, tal y como sucedía en los muros de las mezquitas.
Otro elemento a destacar eran las cúpulas decoradas de mocárabes, que se asemejaban a las estalactitas y se confeccionaban de yeso.
Cultura árabe.
En la literatura destacó Las mil y una noches, una compilación de cuentos tradicionales del Oriente Medio que se cree que se llevó a cabo en el siglo IX (aunque algunas de estas historias se añadieron en siglos posteriores.
La filosofía también fue un campo en el que destacaron los árabes, siendo el cordobés Averroes uno de sus nombres más célebres (de hecho, contribuyó a difundir las ideas de Aristóteles).
Ciencia árabe.
Los árabes realizaron grandes aportaciones a las matemáticas. Por ejemplo, adoptaron el sistema de numeración de la India, que luego se expandió a Europa por medio de al-Ándalus (sucedió lo mismo con distintas palabras matemáticas, caso de álgebra, cero o cifra).
Respecto a la astronomía, crearon observatorios y defendieron teorías como la de que los planetas giraban alrededor de un determinado punto.
En lo que a la medicina se refiere, habría que destacar a Avicena, quien escribió textos como El libro de la curación o El canon de medicina.
Otro aspecto a destacar es la relevancia que tuvieron como difusores de algunos de los grandes inventos de la historia, caso de la brújula, la pólvora, el astrolabio, las norias de agua o la seda.
Fundamentos del Islam.
Qué significa el Islam.
El Islam quiere decir obediencia a Dios, siendo sus practicantes los musulmanes. Para ellos, al igual que Abraham, Moisés o Jesús, Mahoma es el profeta de Alá.
Los pilares del Islam.
Profesión de fe (sahada): no hay más dios que Alá, siendo Mahoma su mensajero.
Practicar el rezo cinco veces al día, a lo que se le conoce por el nombre de azalá.
Ramadán: en esta época, que dura un mes, los musulmanes tienen que ayunar durante el día y sólo pueden comer al caer la noche. No obstante, están dispensandos de hacerlo los enfermos, los débiles y los viajeros (que pueden practicarlo en otra ocasión).
Limosnas (zakat): deben realizarse para así ayudar a las personas más pobres de la comunidad.
Peregrinación a La Meca (hayy): ha de completarse al menos una vez en la vida.
El Corán.
El Corán es el libro sagrado del Islam. Según los musulmanes, contiene las palabras que Dios le dijo al propio Mahoma por medio del arcángel Gabriel, que se le apareció en la cueva de una montaña.
Se escribió tras su muerte y, por tanto, recoge las enseñanzas que transmitió este profeta. Sus preceptos indican que los fieles no deben comer cerdo o beber alcohol. De igual modo, se establecen las penas por las faltas o delitos cometidos y se permite la poligamia (la relación de un hombre con varias mujeres al mismo tiempo).
Está compuesto por 114 azoras o suras, es decir, capítulos, que a su vez se dividen en más de 6.000 aleyas (versículos).
Ramas del Islám.
Suníes: son los seguidores de los primeros califas y consideran que Mahoma es su único líder espiritual. Actualmente representan al 90% de la población musulmana.
Chiíes: Ali Ibn Abi Tálib estaba casado con Fátima, la hija de Mahoma. Era, por tanto, el yerno de este último. Aparte de califa también fue el primer imán, siendo para los chiíes el legítimo sucesor del profeta. Es una rama minoritaria, pues hoy en día sólo la siguen el 10% de los musulmanes.



