jueves, 15 de enero de 2026

EL IMPERIO ISLÁMICO.

 



 



Antes de la aparición del islam, los habitantes de la península arábiga estaban divididos en tribus nómadas que se desplazaban por el gran desierto arábigo y se dedicaban a la ganadería y al comercio con caravanas. Tenían en común la lengua, y eran politeístas, es decir, adoraban a diversas divinidades. Los conflictos entre ellos eran frecuentes por el control de las rutas comerciales y de los oasis.

Al sur de la península, existía una región fértil (Yemen) en la que podía practicarse la agricultura. Entre esta región y las civilizaciones del Mediterráneo, se estableció una próspera ruta comercial. En el centro de esta ruta, se situaba la ciudad de La Meca.


El Imperio islámico aunó a todos aquellos territorios en los que el Islam era la principal religión y Mahoma su profeta. Se extendió rápidamente durante siglos gracias a la idea de la guerra santa, llegando incluso a penetrar en Europa desde su punto de partida en Arabia.

En el siglo VII las enseñanzas de Mahoma en la península arábiga dieron lugar a una nueva religión: el islam. Tras su muerte (632) sus continuadores formaron un gran imperio que iba desde la India (por el este) y a la península ibérica (por el oeste en el año 711) a la que llamarán al-Ándalus (con capital en Córdoba). Detuvieron su expansión por Europa al ser vencidos por los fráncos (dirigidos por Carlos Martel) en la batalla de Poitiers (732). La máxima autoridad política y religiosa del imperio árabe fue el Califa. Se apoyaba en gobernantes regionales llamados emires o valíes. La primera dinastía (familia) gobernante fue la Omeya (con capital en Damasco) luego fue la Abasí (con capital en Bagdad) . Después vinieron los Fatimíes con Califato en Egipto y para finalizar con los Otomanos, dando por finalizado el Imperio Islámico en 1923.


¿Cuándo comenzó el Imperio islámico?

Su arranque tuvo lugar en el año 622, justo cuando Mahoma organizó a sus soldados para así unificar la península arábiga. Se incluye dentro de la Edad Media.


¿Cuándo terminó el Imperio islámico?

Su fin aconteció en 1923, justo cuando desapareció el Imperio otomano. Tras la Primera Guerra Mundial, los revolucionarios abolieron el imperio y la figura del sultán, creándose la República de Turquía. Se prolongó, pues, hasta la Edad Contemporánea.


Ubicación geográfica del Imperio islámico.

Durante su época de mayor extensión, que tuvo lugar durante el califato omeya, el Imperio islámico ocupaba Arabia, Persia, Egipto, el Magreb e Hispania.


Origen del Islam.

Los árabes antes del Islam.

Eran politeístas y, por tanto, creían en distintos dioses. Además, estaban divididos en múltiples tribus que luchaban entre sí (es decir, no había un poder central que las organizara).


Nacimiento de Mahoma.

Mahoma nació en La Meca (Arabia) durante el año 570, concretamente en el seno de una familia de adinerados mercaderes. Fue el fundador del Islam, una religión monoteísta en la que Alá era su único dios.



Expansión del Islam.

Alrededor de los 40 años, Mahoma comenzó a predicar su religión. Sin embargo, sus creencias no fueron bien recibidas por los jefes tribales de La Meca.

En el año 622 huyó a Medina con sus seguidores, un suceso que se conoce como la Hégira de Mahoma. Sus adeptos se fueron incrementando y, siete años después, regresó a La Meca y la conquistó.

Antes de morir, algo que ocurrió en el año 632, ya dominaba la península arábiga. Tras su fallecimiento, se eligió a Abu Bakr as-Siddiq como califa y continuador de Mahoma, convirtiéndose así en el nuevo líder político y religioso de los musulmanes.

Comenzó entonces la yihad o guerra santa, que se inició contra las ciudades vecinas. Posteriormente se conquistó el Imperio persa y los musulmanes se adentraron en el norte de África y la península ibérica, con la que se hicieron en el año 711.

Prosiguieron entonces hacia Francia, donde fueron derrotados por los francos, precursores del Imperio carolingio.



Etapas y cronología del Imperio islámico.


Califato ortodoxo (632-661).

Fueron los sucesores del propio Mahoma, principalmente familiares y amigos.

El Califato Ortodoxo (o Rashidun, 632-661 d.C.) fue el primer gobierno islámico tras la muerte de Mahoma, centrado en Medina, liderado por cuatro califas "bien guiados" (Abu Bakr, Umar, Uthman, Ali), que unificaron la península arábiga y expandieron el Islam rápidamente conquistando territorios del Imperio Bizantino y Sasánida, estableciendo las bases del estado musulmán y dividiendo al islam en suníes y chiíes por la sucesión de Ali.


Características Clave:.


Sucesión de Mahoma: 

Los primeros cuatro compañeros cercanos a Mahoma fueron elegidos como califas (sucesores) para liderar la comunidad musulmana.


Capital en Medina: 

Medina fue la sede del gobierno durante este período, aunque la expansión llevó el centro de poder hacia otras regiones.


Expansión Rápida: 

Bajo el liderazgo de estos califas, el ejército islámico conquistó extensos territorios, expandiendo el Islam desde Arabia hacia Oriente Medio y el norte de África.


Los Cuatro Califas:

Abu Bakr (632-634): Primer califa, sofocó revueltas y consolidó el control sobre Arabia.

Umar (634-644): Llevó a cabo grandes conquistas y organizó el estado musulmán.

Uthman (644-656): Culminó la expansión inicial, pero su asesinato marcó el inicio de divisiones internas.

Ali (656-661): Primo de Mahoma, su califato estuvo marcado por la guerra civil (Fitna) y fue asesinado, terminando esta etapa.

Origen del Cisma: La disputa sobre la sucesión de Ali llevó a la división entre suníes (que apoyaban a los primeros califas) y chiíes (que veían a Ali y sus descendientes como los legítimos sucesores).

El Califato Ortodoxo sentó las bases políticas y religiosas del mundo islámico antes de ser reemplazado por el Califato Omeya en 661.


El origen del problema entre chiitas y sunitas.

Este problema  se remonta a la disputa por la sucesión del Profeta Mahoma tras su muerte en el 632 d.C., una lucha de poder político sobre quién debía liderar la comunidad musulmana, no una diferencia teológica inicial. Los chiitas defendían que el liderazgo debía recaer en Ali, primo y yerno del Profeta, por ser de su linaje, mientras que los sunitas apoyaron la elección de Abu Bakr, considerándolo el más apto para dirigir, creando así dos facciones que derivaron en las ramas actuales del Islam.


Puntos Clave del Origen.

Disputa Sucesoria (632 d.C.): La cuestión central fue quién debía ser el califa (líder) después de Mahoma, generando una fractura política fundamental.


Liderazgo.

Chiitas (Shi'at Ali): "La facción de Ali", creían en un liderazgo hereditario y espiritual a través de los descendientes del Profeta.

Suníes (Ahl al-Sunnah): Apoyaron a los califas elegidos por consenso, defendiendo la tradición y la comunidad.

Desarrollo Posterior: Aunque empezó como una cuestión política, con el tiempo surgieron diferencias teológicas y legales, pero la raíz histórica es la sucesión de Mahoma.

Conflictos Actuales: Esta división histórica, aunque a veces politizada y manipulada por potencias regionales, sigue influyendo en conflictos en Oriente Medio, como en Irak, Siria y Yemen.

En resumen, la división nació de una cuestión política sobre la sucesión del Profeta Mahoma, y no de una disputa religiosa en sus inicios, marcando el futuro del Islam.


Califato omeya (661-750).

El Califato Omeya fue la primera dinastía hereditaria islámica, que trasladó la capital a Damasco, expandió enormemente el imperio hasta la Península Ibérica y el Cáucaso, centralizó la administración y dejó un gran legado cultural y arquitectónico (como Medina Azahara en Córdoba), pero cayó debido a conflictos internos y la Revolución Abasí, aunque una rama omeya resurgió en Al-Ándalus (756-1031).


Características Principales.

Origen: Fundado por Muawiya en 661 tras la primera guerra civil (Fitna).

Capital: Damasco, en Siria, reemplazando a Medina.

Expansión: Conquistó el Magreb, la Península Ibérica, Anatolia, Asia Central y partes de la India, alcanzando su máxima extensión territorial.

Gobierno: Estableció un sistema dinástico y hereditario, enfocado en la administración centralizada.

Legado: Impulsaron la cultura, la ciencia (medicina, astronomía, matemáticas) y la arquitectura, traduciendo textos clásicos.


Caída y Resurgimiento.

Caída en Oriente (750): Fue derrocado por la Revolución Abasí, que buscaba igualdad y buen gobierno.

Resurgimiento en Al-Ándalus (756-1031): Sobrevivientes omeyas establecieron un emirato y luego un califato independiente en la Península Ibérica, con Córdoba como capital, dejando joyas como La Mezquita de Córdoba.






 
Al-Ándalus fue el nombre que los musulmanes dieron a los territorios de la Península Ibérica bajo su dominio durante la Edad Media (711-1492), un período de casi ocho siglos de presencia islámica que dejó un rico legado cultural, científico y artístico, caracterizado por la convivencia de musulmanes, cristianos y judíos y su desarrollo en ciencia, filosofía y arte, culminando con la conquista de Granada por los Reyes Católicos.


Características principales.

Territorio: Inicialmente abarcó casi toda la península, incluso llegando más allá de los Pirineos, pero se fue reduciendo progresivamente con la Reconquista cristiana hacia el sur, hasta el Reino de Granada.

Cronología: Comenzó con la invasión musulmana en el 711 y terminó con la caída de Granada en 1492.

Organización política: Pasó por etapas como emirato dependiente, califato independiente (Califato de Córdoba, época de máximo esplendor) y luego se fragmentó en reinos de Taifas.

Legado: Impulsó avances en agricultura (regadío, nuevos cultivos), ciencia, filosofía, arte (Mezquita de Córdoba, Alhambra) y urbanismo, convirtiendo ciudades como Córdoba en grandes centros culturales y económicos.

Sociedad: Fue multicultural, con una jerarquía de árabes, bereberes, judíos y mozárabes (cristianos), destacando por la tolerancia y la transmisión de conocimiento.


Fin de Al-Ándalus.


El proceso finalizó en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos, poniendo fin a la presencia política musulmana en la península, aunque la expulsión definitiva de los moriscos se dio más tarde, en 1609.


Vamos a ver ahora, las etápas mas importantes en la Historia de Al-ándalus.



El Valiato de Al-ándalus.


El Valiato de Al-Ándalus (o Emirato Dependiente) fue la primera etapa de la historia islámica en la península ibérica, que abarcó aproximadamente desde el año 711 hasta el 756. Durante este periodo, Al-Ándalus funcionó como una provincia o valiato dependiente del Califato Omeya de Damasco, siendo gobernado por un valí (gobernador) que era designado desde el norte de África (Ifriqiya) o directamente por el califa.



Características Principales.

Dependencia política: Al-Ándalus no era un estado independiente, sino una provincia del Califato Omeya, el imperio musulmán con capital en Damasco.


Capitalidad en Córdoba: A partir de 717, Córdoba se estableció como la capital y centro administrativo del valiato.


Conquista y expansión: Fue un periodo de rápida expansión militar tras la derrota del reino visigodo en la batalla de Guadalete (711). Los musulmanes avanzaron hacia el norte, llegando a cruzar los Pirineos, aunque fueron frenados por los francos en la batalla de Poitiers (732).


Gran inestabilidad interna: A pesar de las victorias militares, este periodo estuvo marcado por graves conflictos internos, principalmente por la rivalidad entre árabes y bereberes (quienes formaban la mayor parte del ejército conquistador pero se sentían marginados).


La Revuelta Bereber (741): La inestabilidad alcanzó su punto álgido con una gran revuelta bereber debido a la discriminación que sufrían, lo que provocó una crisis en el gobierno andalusí.


Desierto estratégico del Duero: Tras la revuelta y las crisis, se formó una zona de seguridad o "tierra de nadie" alrededor del río Duero, sirviendo de frontera entre el territorio musulmán y los primeros núcleos de resistencia cristiana (como el asturiano).


Fin del Valiato.

El valiato finalizó en el año 756 con la llegada a la península de Abderramán primero (Abd al-Rahman I), un superviviente de la familia Omeya que escapó de la revolución abasí en Damasco. Él logró unificar las facciones musulmanas y proclamar el Emirato Independiente de Córdoba, rompiendo la subordinación política con el nuevo califato abasí de Bagdad.

Durante estos 45 años se sucedieron más de 20 gobernadores o valíes.




El Emirato Independiente de Córdoba (756-929).


Fue un estado islámico en la península ibérica (Al-Ándalus) fundado por Abderramán I, un príncipe omeya que huyó de la masacre abasí en Oriente, logrando la independencia política de Damasco pero manteniendo la unidad religiosa, estableciéndose en Córdoba como centro de poder omeya en Occidente y sentando las bases para el posterior Califato de Córdoba, un período de gran esplendor cultural y político en la península.


Características Principales.

Independencia Política: A diferencia del emirato dependiente anterior, el emir de Córdoba gobernaba con poder ejecutivo, legislativo y judicial, sin reconocer la autoridad política de los califas abasíes.


Origen Omeya: Fue fundado por Abderramán I, el único superviviente de la dinastía omeya tras su derrocamiento en Oriente, estableciendo una dinastía propia en Al-Ándalus.


Capital: Córdoba se consolidó como la capital, convirtiéndose en una ciudad de gran desarrollo cultural, económico y arquitectónico, símbolo de la fortaleza del emirato.


Consolidación: Durante casi dos siglos, se consolidó el poder islámico en Hispania, integrando Al-Ándalus en el mundo islámico y experimentando una rápida islamización.


Transición: El emirato enfrentó desafíos como revueltas internas y conflictos con los reinos cristianos del norte, hasta que Abderramán III se proclamó califa en el 929, transformando el emirato en el Califato
de Córdoba, la etapa de máximo esplendor.

En resumen, el Emirato de Córdoba fue la primera fase de un poder omeya independiente en la península ibérica, un puente entre la administración dependiente inicial y el gran Califato que surgiría después, marcando un periodo crucial para la historia de Al-Ándalus.


Abderramán I (731-788). 

Fue un príncipe omeya que huyó de la masacre de su familia por los abasíes en Damasco y se convirtió en el primer emir independiente de Córdoba (Al-Ándalus) en 756, fundando la dinastía omeya andalusí y estableciendo un estado musulmán poderoso en la península ibérica, consolidando la administración y comenzando la construcción de la Gran Mezquita de Córdoba.


Origen y huida:

Nació en Damasco, Siria, y era nieto del califa omeya Hisham.
Tras la caída de los omeyas ante los abasíes en el 750, huyó para salvar su vida, siendo el único superviviente de su linaje inmediato.
Viajó por Palestina y el norte de África hasta llegar a la península ibérica.
Llegada a Al-Ándalus y consolidación del poder:
En 755, desembarcó en la costa granadina y, con el apoyo de fuerzas locales, se proclamó emir.
En 756, derrotó al valí local en la Batalla de la Alameda, estableciendo su autoridad y fundando el Emirato Independiente de Córdoba, independiente del califato abasí de Oriente.


Legado:

Fundador de la dinastía Omeya en Al-Ándalus, que gobernaría la península durante más de dos siglos.

Organizador: Estructuró la administración, el ejército y la hacienda del nuevo estado.

Promotor cultural: Impulsó el comercio, la agricultura y fue un gran mecenas de las artes, además de ser poeta.

Constructor: Inició la construcción de la Gran Mezquita de Córdoba, símbolo de su poder y de la cultura andalusí.

Símbolo de Al-Ándalus: Su figura es clave para entender la estabilidad y el esplendor de Al-Ándalus durante siglos, ralentizando la reconquista cristiana.


La Mezquita de Córdoba.

Fue erigida inicialmente por Abderramán I en el año 785, comenzando la gran construcción sobre una antigua basílica visigoda, y a ella siguieron importantes ampliaciones por otros califas como Abderramán II y Alhakén II, quienes la consolidaron como la majestuosa mezquita que conocemos hoy, uniendo poder religioso y político en Al-Ándalus.


Fases principales de su construcción: 

Abderramán I (siglo VIII): Inició la mezquita original, estableciendo las bases de su planta y el patio, simbolizando el poder del nuevo Emirato Independiente de Córdoba.

Hisham I (siglo VIII):  Su hijo terminó las obras inacabadas y construyó el primer alminar (torre).

Abderramán II (siglo IX): Realizó la primera gran ampliación, extendiendo la sala de oración hacia el sur.

Alhakén II (siglo X): Ejecutó la segunda gran ampliación, añadiendo la deslumbrante Maxura (espacio reservado al califa) y la bóveda califal del mihrab, que son las partes más ornamentadas que se conservan.

Almanzor (finales del siglo X): Llevó a cabo la última gran ampliación, añadiendo ocho naves al lado oeste para dar cabida al crecimiento de la ciudad, lo que le dio un aspecto más militarizado.

Así, la mezquita es un edificio que creció a lo largo de tres siglos, reflejando la evolución del poder Omeya en la península ibérica. 



Abderramán II (792–852).

Fue el cuarto emir omeya de Córdoba, gobernando al-Ándalus entre el 822 y el 852. Su reinado es considerado un periodo de esplendor y consolidación del Emirato Independiente, a menudo descrito como una "luna de miel" cultural y administrativa, en la que convirtió a Córdoba en una potencia y un reflejo de la Bagdad abasí.


Principales logros y características de su reinado:

Organización del Estado: Fue el verdadero organizador del emirato independiente, centralizando el poder administrativo mediante la creación de una cancillería (diwan) y delegando funciones en visires.
Esplendor Cultural: Fomentó las artes, las letras y la cultura, atrayendo a sabios y poetas a su corte, lo que resultó en un renacimiento intelectual.

Obras Públicas: Amplió la Mezquita de Córdoba y mejoró las infraestructuras de la ciudad, convirtiéndola en una urbe sofisticada.

Defensa y Política Exterior: Repelió la invasión vikinga de 844 que atacó Sevilla, lo que le llevó a crear una flota naval estable. Mantuvo relaciones diplomáticas con Bizancio y el norte de África.

Política Fiscal: Reformó la economía, mejoró la recaudación de impuestos y consolidó el monopolio de la acuñación de moneda.

Islamización: Impulsó la rápida islamización de la península, reduciendo el número de cristianos en el territorio musulmán (mozárabes).

Su reinado marcó la transición de una administración militarizada a un estado más burocrático y cultural, dejando una estructura sólida para sus sucesores.



Califato de Córdoba.

Qué fue el califato de Córdoba y qué poder tenía?

El califato de Córdoba fue un período de la historia de Al-Ándalus en el que la ciudad de Córdoba, en la actual España, se convirtió en el centro político y cultural del mundo islámico occidental. Durante este tiempo, el califato de Córdoba alcanzó un poder y una influencia impresionantes, convirtiéndose en uno de los mayores imperios de su época.

El origen del califato.

El califato de Córdoba se estableció en el año 929 por Abderramán III, quien se proclamó califa, título que significa «sucesor» en árabe, en referencia a su sucesión directa del profeta Mahoma. Abderramán III unificó los diferentes reinos islámicos de la península ibérica bajo su liderazgo, creando así un estado centralizado y poderoso. Este logro fue especialmente notable, ya que en ese momento el mundo islámico estaba fragmentado en múltiples pequeños reinos.

El califato de Córdoba alcanzó su máximo poder durante el reinado de Abderramán III y su hijo Alhakén II. Durante este período, Córdoba se convirtió en una de las ciudades más avanzadas y prósperas del mundo, superando incluso a otras capitales islámicas como Bagdad y El Cairo. La ciudad contaba con impresionantes construcciones, como la Mezquita de Córdoba, y se convirtió en un importante centro intelectual y cultural.

El califato de Córdoba también ejerció un gran poder militar. Su ejército era temido y respetado en toda la región. Durante el reinado de Alhakén II, se llevaron a cabo importantes expediciones militares para expandir las fronteras del califato. Estas campañas militares llevaron al control de territorios tan distantes como el norte de África y la península itálica.



Centro económico y tolerancia religiosa.

Además de su poder militar y cultural, el califato de Córdoba también fue un importante centro económico. Córdoba era una ciudad próspera, con una economía basada en la agricultura, la industria y el comercio. La ciudad se convirtió en un importante centro de producción y comercio de bienes, como tejidos, cerámica y productos agrícolas. Por otro lado, gracias a su ubicación estratégica, Córdoba se beneficiaba del comercio con otras regiones del Mediterráneo y del mundo islámico..

El califato de Córdoba también fue conocido por su tolerancia religiosa y cultural. Aunque el islam era la religión oficial del califato, se permitía la práctica de otras religiones, como el judaísmo y el cristianismo. Esto atrajo a muchos eruditos y artistas de diferentes culturas y religiones, creando así una sociedad multicultural y diversa.


Abderramán III (891-961).

Fue el octavo emir independiente y el primer califa omeya de Córdoba, gobernando al-Ándalus entre 912 y 961. Consolidó el poder andalusí al unificar el territorio, proclamó el Califato en 929, fundó la ciudad palatina de Medina Azahara y condujo a la región a su máximo esplendor político y cultural.
Aspectos clave de su reinado:
Proclamación del Califato (929): Se autoproclamó califa, rompiendo la dependencia religiosa y política del califato abbasí de Bagdad, posicionándose como jefe supremo.

Pacificador y Conquistador:  Pacificó el emirato andalusí, combatiendo rebeliones internas y conteniendo el avance de los reinos cristianos del norte.

Madinat al-Zahra:  Construyó la espectacular ciudad palatina de Medina Azahara cerca de Córdoba (iniciada hacia el 936), que funcionó como centro administrativo y de representación de su poder.

Apogeo Cultural y Económico:
  Su reinado marcó la etapa de mayor esplendor de al-Ándalus, caracterizado por una gran prosperidad económica, desarrollo administrativo y cultural.

Aspecto Físico:  Descrito por las crónicas como un hombre de piel blanca, cabello rubio cobrizo y ojos azules, reflejando sus ascendencias de mujeres del norte.

Murió en 961 tras un largo reinado de 50 años, sucediéndole su hijo Al-Hakam II.



Medina Azahara.

Fue una ciudad palatina, la capital administrativa y residencia del califa Abderramán III en el siglo X, construida a las afueras de Córdoba como símbolo del poder del Califato Omeya, destacando por su lujo, sofisticación arquitectónica y sus impresionantes jardines, aunque fue destruida durante una guerra civil apenas un siglo después de su creación.


¿Qué fue?

Una ciudad palatina: Un complejo urbano que funcionaba como centro de gobierno, residencia real y símbolo de la grandeza del Califato de Córdoba.

Una obra maestra arquitectónica: Diseñada para impresionar, utilizaba mármoles, oro y piedras preciosas, con fuentes, jardines y una organización en terrazas para separar las zonas.


¿Quién la mandó construir?

Abderramán III, el primer califa omeya de Córdoba, alrededor del año 936.


¿Por qué se construyó?

Símbolo de poder: Para demostrar la riqueza y supremacía del nuevo califato independiente.

Centro administrativo: Para albergar el gobierno civil y militar, además de la residencia del califa.


¿Qué pasó con ella?

Destrucción: Sufrió graves daños durante la "Fitna" (guerra civil) a principios del siglo XI, lo que llevó al abandono y ruina de la ciudad.

Redescubrimiento: Fue redescubierta en el siglo XX, y hoy es un importante yacimiento arqueológico y Patrimonio de la Humanidad, con extensas excavaciones en curso.

En resumen: Medina Azahara fue una deslumbrante "ciudad brillante" (su significado en árabe) que representó el apogeo del Califato de Córdoba, pero cuya vida fue corta, terminando trágicamente con la fragmentación del califato.



Vamos ha recapitular a modo de resumen, lo que hemos escuchado hasta ahora sobre el Califato.

Inicio (929): Abderramán III, emir desde 912, se autoproclama califa en 929, unificando el poder religioso y político.

Fin (1031): Tras la dictadura de Almanzor y la debilidad de los califas posteriores, el califato se desintegró en pequeños reinos llamados taifas.


Características Principales:

Esplendor Cultural: Córdoba se convirtió en un centro de civilización con grandes avances en ciencia, arte, literatura y filosofía, rivalizando con las grandes capitales orientales.

Poder Político y Militar: Ejerció hegemonía sobre la península y el norte de África, y fue una potencia militar y económica importante.

Desarrollo Urbanístico: Se impulsó la construcción de grandes obras, destacando la ampliación de la Mezquita de Córdoba y la construcción de la ciudad palatina de Madínat al-Zahra.

Convivencia y Tolerancia: Fue un periodo conocido por una relativa convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos, aunque con matices, promoviendo el saber y la cultura.


Legado:

Marcó el apogeo de la presencia islámica en la Península Ibérica, dejando una profunda huella cultural, artística e intelectual que influyó en la Europa medieval.


Comienzo del declive.

Sin embargo, a pesar de su poder y éxito inicial, el califato de Córdoba comenzó a debilitarse a finales del siglo X debido a conflictos internos y luchas de poder. Las diferentes facciones dentro del califato comenzaron a luchar entre sí, debilitando así su unidad y capacidad de gobierno. Además, los reinos cristianos del norte de la península ibérica se aprovecharon de estas divisiones y comenzaron a reconquistar territorios perdidos.

Finalmente, en el año 1031, el califato de Córdoba se desintegró por completo y se convirtió en múltiples reinos taifas. Estos pequeños reinos fueron fácilmente conquistados por los reinos cristianos en los siglos siguientes, poniendo fin al dominio islámico en la península ibérica.




Almanzor (940 – 1002), cuyo nombre significa "el Victorioso" .

Fue el caudillo militar y dictador de Al-Ándalus durante el califato de Hisham II. Conocido por su invencibilidad, lideró más de 50 exitosas campañas contra los reinos cristianos del norte, saqueando ciudades clave como Barcelona y Santiago de Compostela, lo que marcó la cima del poder andalusí y el inicio del fin del califato.

Origen y ascenso: Nacido como Muhammad Ibn Abi Amir, estudió en Córdoba y ascendió rápidamente de funcionario a tesorero, general y finalmente regente del califa Hisham II.

Poder dictatorial: Tras eliminar a sus rivales políticos y militares, como el general Galib, tomó el control absoluto del califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte en 1002, dejando al califa Hisham II en un papel meramente simbólico.

Campañas militares (Aceifas): Realizó 56 campañas militares sin conocer la derrota, siendo el "azote de los cristianos". Entre sus acciones más famosas destacan el saqueo de Barcelona (985) y la destrucción de Santiago de Compostela (997), de donde se llevó las campanas de la catedral para la mezquita de Córdoba.

Final: Falleció en Medinaceli en 1002, posiblemente debido a una enfermedad, tras su última expedición. Tras su muerte, el Califato de Córdoba entró rápidamente en decadencia, desmoronándose en los reinos de taifas.

Su administración se caracterizó por una política de terror hacia los núcleos cristianos y una gran reforma del ejército, que pasó a depender más de mercenarios bereberes.



Para finalizar, vamos ha escuchar algunas curiosidades de este increíble personaje.


En el verano de 997, el ejército del caudillo asoló la ciudad de Santiago de Compostela. Quemó templos y destruyó todo a su paso, respetando solo la tumba del apóstol Santiago. Según la leyenda, los prisioneros cristianos fueron obligados a cargar con las campanas del templo de Santiago hasta Córdoba donde fueron empleadas como lámparas de la nueva ampliación de la Mezquita. También entre el mito y la realidad se dice que las campanas regresaron de forma idéntica a Santiago, dos siglos y medio después, está vez a manos de prisioneros musulmanes capturados por Fernando III «El Santo».

Por sus firmes creencias religiosas, Almanzor aplicó la idea de guerra santa o yihad con entusiasmo durante toda su vida. Se dice que mandaba recoger el polvo con el que sus ropas quedaban manchadas durante sus incursiones contra los cristianos para ser enterrado con ellas cuando le llegara el último día.

Uno  de los históricos errores de Almanzor, y que probablemente cometió por sus creencias y supersticiones religiosas, fue respetar el sepulcro del apóstol Santiago, cuando tomó la ciudad en el año 997.

Si lo hubiera destruido la tumba y hecho desaparecer todo rastro de estas importantísimas reliquias, hubiera cortado la principal arteria dinamizadora de la que se proveía la España cristiana, tanto en el plano espiritual, económico y cultural, que era el Camino de Santiago.  




Reinos de Táifas. 


Tras la desaparición del Califato de Córdoba a comienzos del siglo XI, Al-Ándalus dejó de estar unificado políticamente. En su lugar surgieron numerosos pequeños Estados independientes conocidos como reinos de taifas. Este periodo comenzó en el año 1031 y supuso una etapa de fragmentación política y debilidad frente a los reinos cristianos.


La caída del Califato de Córdoba.

El Califato de Córdoba entró en crisis a finales del siglo X y comienzos del XI debido a luchas internas por el poder, conflictos entre familias nobles y la pérdida de autoridad del califa. Finalmente, en 1031, el califato desapareció oficialmente.

Como consecuencia, el territorio de Al-Ándalus se dividió en múltiples taifas, cada una gobernada por un rey independiente (rey taifa). Algunas de las más importantes fueron las taifas de Sevilla, Toledo, Zaragoza, Badajoz y Valencia.

Características de los reinos de Taifas.


Los reinos de taifas eran Estados políticamente débiles y con fronteras poco seguras. A menudo entraban en guerra entre ellos, lo que impedía una defensa común frente a los enemigos externos.

Para evitar ataques, muchas taifas pagaron parias, es decir, tributos en dinero o productos, a los reinos cristianos del norte. Este hecho fortaleció económicamente a los reinos cristianos y facilitó su expansión territorial.

A pesar de su debilidad militar, las taifas vivieron un gran desarrollo cultural. Las cortes taifas se convirtieron en centros de arte, poesía, ciencia y arquitectura, destacando ciudades como Sevilla, Zaragoza o Toledo.


Las taifas y el avance cristiano.

La división de Al-Ándalus facilitó el avance de los reinos cristianos. Un hecho clave fue la conquista de Toledo en 1085 por el rey Alfonso VI de Castilla, que supuso un duro golpe para los musulmanes peninsulares.

Ante esta amenaza, algunas taifas pidieron ayuda a los almorávides, un pueblo musulmán del norte de África, que cruzó el Estrecho y derrotó a los cristianos en la batalla de Sagrajas (1086). Poco después, los almorávides pusieron fin a las taifas e incorporaron Al-Ándalus a su imperio.


Vamos ha profundizar un poco mas, esta pequeña introducción que hemos escuchado. Veámos.


La crisis final del Califato (1008-1031).

Entre 1008 y 1031 una guerra civil (provocada por la auto-proclamación como califa de Abderramán Sanchuelo, hijo de Almanzor), en el transcurso de la cual se fueron sucediendo más de 15 califas. Un consejo de notables se reunió en Córdoba y se decidió la abolición del califato (Hisham III fue expulsado).


Las primeras taifas (1031- 1090).

La causa principal de la ruina del Califato fue la impotencia del poder central frente a los elementos étnicos llegados a Al-Andalus. Almanzor había conseguido controlarlos pero ni sus sucesores ni los últimos omeyas tuvieron poder suficiente.

Se crearon una multitud de pequeños estados basados en afinidades étnicas, taifas, el Califato se fragmentó en veintisiete reinos de taifas. Los más débiles fueron desapareciendo y fueron anexionados por los más poderosos.

Surgieron algunas grandes unidades territoriales: Sevilla (Almutamid), Zaragoza, Toledo, Badajoz, Denia-Baleares (eslavona)

La vida política interna taifa fue confusa y poco brillante, presentaba un conflicto perpetuo, intereses opuestos, rivalidades y enfrentamientos.

Su debilidad militar, debida a las continuas guerras con sus vecinos, les llevó a pagar parias a los distintos reinos cristianos y a la pérdida de territorios.

En mayo de 1085 el rey Alfonso VI ocupó pacíficamente Toledo. Los distintos reyes taifas encabezados por al-Mu`tamid solicitaron ayuda al sultán almorávide Yusuf Ibn Tasfin. Los almorávides eran muy diferentes de los príncipes musulmanes de Al-Andalus, practicaban un Islam muy estricto (doctrina maliki) y llevaban velo. En 1086 derrotaba a Alfonso en la batalla de Zallaqa y regresaba al Magreb.


El Imperio Almorávide.

Tras una nueva campaña frente a Aledo e indignado por el comportamiento irreligioso, corrupto e impío de los reyes taifas Yusuf regresó en 1090 para conquistar Al-Andalus. Sevilla caía en 1091, pese a la petición de ayuda de al-Mu`tamid a Alfonso VI, Badajoz 1094, Valencia en 1102, muerto ya el Cid y Zaragoza en 1110. Sus éxitos militares más importantes frente a los cristianos fueron las batallas de Sagrajas (1086) y de Uclés (1108).


Los almorávides, auge y caída de un imperio.

Los Almorávides fueron una dinastía bereber del noroeste de África que, desde finales del siglo XI hasta mediados del XII, fundó un vasto imperio que dominó el norte de África y gran parte de Al-Ándalus (la España musulmana), siendo conocidos como monjes-soldados por su riguroso islamismo y espíritu guerrero, invadiendo la península ibérica como respuesta a los reinos de Taifas.


¿Quiénes eran?

Origen: Tribus nómadas del desierto del Sahara y el Magreb, como los Zanhaga.

Ideología: Una interpretación muy estricta y ortodoxa del Islam, buscando un retorno a sus orígenes.

Líder: Fundados por Abd Allah ibn Yasin en 1042.

Nombre: Su nombre significa "los que habitan en un ribat", un puesto fronterizo fortificado.


Su Imperio y Expansión.

Creación: Formaron un poderoso imperio que abarcó desde el actual Marruecos hasta Mauritania, Argelia y el sur de la Península Ibérica.

Capital: Fundaron y establecieron Marrakech como su capital.

Llegada a España: Fueron llamados por los reinos de Taifas para frenar el avance cristiano, cruzando el Estrecho de Gibraltar.

Hitos en España: Derrotaron a Alfonso VI en la Batalla de Sagrajas (1086) y unificaron Al-Ándalus bajo su dominio, extendiéndose hasta controlar toda la España musulmana.


Su Final.

Declive: Su poder comenzó a decaer hacia 1145.

Sustitución: Fueron reemplazados por otra dinastía norteafricana, los Almohades, a mediados del siglo XII.


Las segundas Taifas (1145-1170).

El Imperio almorávide perdió su empuje inicial. Se perdió Zaragoza en 1118 y Tarragona, además Alfonso el Batallador recorría Andalucía. Pero el principal peligro provenía del Magreb donde otro pueblo, los almohades ocupaban la zona en 1143. Ante esta decadencia se produjeron una serie de revueltas y la nueva aparición de taifas, muchas de efímera duración. Además los reinos cristianos aprovechaban esta nueva debilidad musulmana para ampliar sus territorios Lérida 1149 o la breve conquista de Almería en 1147.


El Imperio Almohade.

Los almohades desembarcaron en Al-Andalus y lentamente sometieron a las taifas Sevilla 1147, Córdoba 1149, Badajoz 1159, Almería 1157, Murcia 1172, Santarem 1184, sobre todo la victoria de Alarcos de 1195, frente a Alfonso VIII de Castilla, y la incorporación de Mallorca en 1203.

Eligieron como nueva capital Sevilla, mientras Córdoba seguía siendo el principal foco cultural.

Sin embargo en 1211 el arzobispo de Toledo conseguía del papa Inocencio III la proclamación de la Cruzada. Como consecuencia de ello se producía la victoria cristiana en Las Navas de Tolosa en 1212. Pese a que los almohades mantuvieron su poder cerca de dos decenios más se llegaría a unas terceras taifas.


Los Almohades.

Los almohades fueron una dinastía bereber de origen marroquí que gobernó el norte de África y el sur de la Península Ibérica (Al-Ándalus) entre los siglos XII y XIII (aprox. 1147-1269), sucediendo a los almorávides. Su nombre significa "los que reconocen la unidad de Dios" (del árabe al-muwaḥḥidūn) y surgieron como un movimiento reformista islámico, liderado por Muhammad ibn Tumart, para restaurar la pureza del Islam frente a lo que consideraban la laxitud religiosa de sus predecesores.


Capitales del Imperio Almohade.

El Imperio almohade tuvo dos capitales principales que funcionaban como los centros neurálgicos de sus vastos dominios en el Magreb y la península ibérica.

Marrakech (Marruecos): Fue la capital principal y espiritual de todo el imperio. Tras ser conquistada a los almorávides en 1147, se convirtió en la sede del califato y el centro desde donde se dirigían las campañas militares hacia África y Al-Ándalus.

Sevilla (España): Fue establecida como la capital administrativa y política de Al-Ándalus a partir de 1172. Debido a su ubicación estratégica y su conexión fluvial, los almohades la convirtieron en su residencia palaciega y base de operaciones en la península, impulsando grandes construcciones como la Giralda y el Real Alcázar de Sevilla.


Antes de la toma de Marrakech, el movimiento tuvo su centro de origen y capital inicial en Tinmel, una aldea en las montañas del Gran Atlas donde se encuentra el mausoleo de su fundador, Ibn Tumart.


Origen y Ascenso.

Fundador: Muhammad ibn Tumart, un líder religioso del Alto Atlas, fundó el movimiento.

Ideología: Predicaban un retorno riguroso al Corán y la Sunna, oponiéndose a las interpretaciones más relajadas del Islam, e incluso al antropomorfismo que atribuían a Alá.

Conquista: Tras la muerte de Ibn Tumart, su discípulo Abd al-Mumin lideró las tribus bereberes, derrotó a los almorávides y estableció un califato que dominó el Magreb y Al-Ándalus.


Dominio y Características.


Extensión: Controlaron vastos territorios desde Marruecos hasta gran parte de la Península Ibérica.

Cultura y Arte: Impulsaron un importante desarrollo cultural, militar y artístico, con una fuerte impronta de ortodoxia religiosa.

Enfrentamiento con Cristianos: Fueron un gran poder en Al-Ándalus, enfrentándose a los reinos cristianos, aunque su poder decayó tras la Batalla de Las Navas de Tolosa (1212)


Una edad dorada.

Los sucesores de al-Mumin continuaron incrementando el poder almorávide en al-Ándalus, con un momento cumbre en 1195, cuando derrotaron a los castellanos en la batalla de Alarcos. Tras esta victoria, los almohades vivieron su época de mayor esplendor.

El desarrollo de la filosofía y las ciencias tuvieron exponentes como Ibn Tufail y Averroes. El impulso del arte se pudo palpar en la capital andalusí: en Sevilla se levantó la mezquita aljama y alminar que, tras la conquista cristiana, acabarían reformados en catedral y el campanario de la Giralda. Pero la edad dorada no pudo extenderse mucho en el tiempo. Diversas amenazas se cernían sobre los almohades.


El fin de los almohades.

En el norte de África se sucedían incursiones contra los almohades. En 1198 pactaron una tregua de diez años con Castilla. La intención era preparar un gran ejército para enfrentarse a los cristianos. Pero los reinos del norte peninsular tuvieron el mismo tiempo para prepararse, y lo hicieron mejor, espoleados por la derrota en Alarcos. La caída de los almohades no se hizo esperar tras la tregua:

“En julio de 1212 un ejército conjunto de León, Castilla, Navarra y Aragón avanzó hacia el sur desde Toledo y se enfrentó a los almohades en Las Navas de Tolosa. Los almohades sufrieron tal derrota que su poder en España quedó prácticamente aniquilado”.

En resumen: Los almohades establecieron un vigoroso imperio que se extendía desde el centro de Portugal, la mitad sur de la península Ibérica llegando hasta Trípoli (Libia). El dominio de los almohades, que desembarcaron en Al-Andalus en el año 1145, empezó a debilitarse tras la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212 donde una coalición de reinos cristianos de la Península provocó la derrota del imperio almohade y marcó el principio del fin de la supremacía islámica en la Península Ibérica. Como consecuencia de la decadencia del imperio almohade, la taifa de Granada se reconstituyó como Reino plenamente independiente, formando el reino nazarí de Granada.


Las terceras taifas (1227-1266).

En 1227 debido a una persistente sequía estallaron sublevaciones en la zona fronteriza, especialmente Murcia y Valencia. Ibn Hud, enarbolando la bandera negra de los Abassies, tomó Murcia en 1228 y en dos años se apoderaba de casi la totalidad de Al-Andalus. Sin embargo era derrotado en 1230 en Jerez por Fernando II de Castilla y en 1231 en Mérida por Alfonso XI de León.

El valle del Guadalquivir era reconquistado por Fernando III el Santo, Sevilla 1248, y Alfonso X, sometió una última sublevación en Murcia en 1266. Mientras Jaime I de Aragón ocupaba Valencia en 1238 y Biar en 1253, terminando la Reconquista en1287 con la toma de Menorca.


Reino nazarí de Granada.

Solamente sobreviviría la taifa de Granada donde Muhammad ibn Nasr establecería en 1238 el reino nazarí de granada que sobreviviría hasta 1492.

El desmembramiento del Imperio almohade, tras la derrota de las Navas de Tolosa en 1212 y la crisis de 1227, provocó la aparición de los Terceros Reinos de Taifas. Sólo un reino sobrevivió, el que la familia de los Banu Nasr fundó con capital en Granada. Su primer gobernante fue Muhammad I (1237-1273) Este Estado sobreviviría más de 250 años debido a sus propias fuerzas y a las intermitentes guerras civiles castellana.

Granada fue un estado poblado y rico. Contaba con una numerosa población, que a finales del siglo XV debía superar los 350.000 habitantes. Su economía era equilibrada, basada en una agricultura intensiva, con abundantes regadío (Caña de azúcar, frutales, hortalizas, algodón, cereales, etc.), una artesanía diversificada (cerámica, piel, hierro, seda, etc.) y un comercio activo con Castilla, con el Mediterráneo africano y oriental y con los puertos italianos de Génova y Pisa a través de Málaga y Almería.


El Reino Nazarí de Granada (1238-1492).

Fue el último estado musulmán en la Península Ibérica, fundado por la dinastía nazarí (Banu Nasr) y con capital en Granada, destacando por su fortaleza, la Alhambra, y su prolongada resistencia ante los reinos cristianos hasta su rendición final ante los Reyes Católicos en 1492, marcando el fin de al-Ándalus.


Características Principales.

Fundación: Creado por Muhammad I (Alhamar) alrededor de 1238, tras la caída almohade, inicialmente desde Jaén y luego consolidado en Granada.

Dinastía: Gobernado por la dinastía Nazarí (Banu Nasr), de origen árabe.

Capital: Granada, con la Alhambra como centro del poder y residencia real.

Duración: Existió durante más de dos siglos, siendo un estado muy longevo en la Edad Media.

Legado: Su patrimonio más conocido es la Alhambra y el Generalife, reflejo de su rica cultura.


Historia de la Alhambra de Granada.

La historia de la Alhambra está ligada al lugar geográfico donde se encuentra, Granada; sobre una colina rocosa de difícil acceso, en los márgenes del río Darro, protegida por las montañas y rodeada de bosque, entre los barrios más antiguos de la ciudad, la Alhambra se levanta como un castillo imponente de tonos rojizos en sus murallas que ocultan al exterior la belleza delicada de su interior.

Concebida como zona militar al principio, la Alhambra pasa a ser residencia real y de la corte de Granada, a mediados del s XIII, tras el establecimiento del reino nazarí y la construcción del primer palacio, por el rey fundador Mohammed ibn Yusuf ben Nasr, más conocido por Alhamar.

A lo largo de los s. XIII, XIV y XV, la fortaleza se convierte en una ciudadela de altas murallas y torres defensivas, que alberga dos zonas principales: la zona militar o Alcazaba, cuartel de la guardia real, y la medina o ciudad palatina, donde se encuentran los célebres Palacios Nazaríes y los restos de las casas de nobles y plebeyos que habitaron allí. El Palacio de Carlos V, (que se construye después de la toma de la ciudad en 1492 por los Reyes Católicos), también está en la medina.

El conjunto monumental cuenta también con un palacio independiente frente a la Alhambra, rodeado de huertas y jardines, que fue solaz de los reyes granadinos, el Generalife.

El nombre Alhambra tiene sus orígenes en una palabra árabe que significa "castillo rojo o bermellón", debido quizás al tono de color de las torres y muros que rodean completamente la colina de La Sabica, que bajo la luz de las estrellas es de color plateado, pero bajo la luz del sol adquiere un tono dorado. Aunque existe una explicación más poética, narrada por los cronistas musulmanes que hablan de la construcción de la Alhambra "bajo la luz de las antorchas". Creada originalmente con propósitos militares, la Alhambra era una alcazaba (fortín), un alcázar (palacio) y una pequeña medina (ciudad), todo al mismo tiempo. Este triple carácter nos ayuda a comprender las numerosas características de éste monumento.

No existe ninguna referencia de la Alhambra como residencia de reyes hasta el siglo XIII, aunque la fortificación existe desde el siglo IX. Los primeros reyes de Granada, los Ziritas, tenían sus castillos y palacios en las colinas de Albaicín, y nada queda de ellos. Los monarcas Ziries fueron con toda probabilidad los emires que construyeron la Alhambra, comenzando en 1238.

El fundador de la dinastía, Muhammed Al-Ahmar, comenzó con la restauración del antiguo fortín. Su trabajo fue completado por su hijo Muhammed II, cuyos sucesores inmediatos continuaron con las reparaciones. La construcción de los palacios (llamado Casa Real Vieja) data del siglo XIV, y es la obra de dos grandes reyes: Yusuf I y Muhammed V. Al primero se le adjudica, entre otros, el Cuarto de Comares, la Puerta de la Justicia, los Baños y algunas torres. Su hijo, Muhammed V, completó el embellecimiento de los palacios con la Sala de los Leones, además de otros cuartos y fortificaciones.

La Alhambra se convirtió en una corte cristiana en 1492 cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada. Más tarde, se construyeron varias estructuras para albergar a ciudadanos prominentes, cuarteles militares, una Iglesia y un Monasterio Franciscano.


La Alhambra de Granada  fue una impresionante ciudad palatina islámica construida por la dinastía nazarí (siglos XIII-XIV), funcionando como fortaleza, palacio real y centro administrativo, destacando por su exquisita arquitectura hispanomusulmana, patios, fuentes y jardines, y es hoy uno de los monumentos más visitados de España y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su nombre árabe, al-Hamrá, significa "la roja", por el color de sus muros, y se alza sobre la colina de la Sabika dominando Granada.


Elementos Clave.

Origen: Inició como una fortaleza militar, y los sultanes nazaríes la transformaron en una ciudadela completa.

Función: Fue la residencia oficial de los sultanes, su corte y gobierno, con palacios (Mexuar, Comares, Leones), mezquitas, cuarteles y baños.

Arquitectura: Es la máxima expresión del arte nazarí, famosa por sus intrincados detalles decorativos, azulejos, yeserías y la armonía con el entorno natural.

Post-Conquista: Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492, se convirtió en palacio real cristiano, con adiciones como el Palacio de Carlos V.

Hoy en Día: Es un complejo monumental gestionado por un Patronato y uno de los sitios turísticos más importantes de España, reconocido por la UNESCO desde 1984.

En resumen, la Alhambra fue un centro de poder político y cultural islámico que se adaptó a la realeza cristiana, conservando su belleza y legado como un testimonio invaluable de la historia y el arte.


Fin del Reino.

Guerra de Granada: Los Reyes Católicos (Isabel y Fernando) asediaron el reino durante años.

Caída: El 2 de enero de 1492, su último rey, Muhámmad XII (Boabdil el Chico), entregó la ciudad, poniendo fin a la presencia musulmana en España.


Relevancia:

En el siglo XV se inicia un período de debilidad a causa de las frecuentes luchas entre las familias nobles que querían el trono granadino. El último rey Nazarí de Granada fue Boabdil (Abu Abd Allah), hijo del rey de Granada Muley-Hacén (Abu-l-Hasan ‘Alí), que ascendió al trono en 1482 tras una revuelta popular. En 1483 fue hecho prisionero por las tropas de Fernando el Católico y en 1486 fue restituido como rey con la condición de pagar tributos a los Reyes Católicos. Poco despues estalló la guerra civil entre los partidarios de Boabdil y los de su tío el Zagal (Abu ‘Abd Allah Muhammad), lo que facilitó el avance cristiano hacia Granada. Sitiada por los ejércitos de los Reyes Católicos desde la primavera de 1491, Granada cayó el 2 de enero de 1492. Con la toma de Granada se culmina el proceso político-militar de la reconquista.

Representó el último bastión de la civilización islámica en la península, conservando su independencia gracias a alianzas y su difícil equilibrio geopolítico, hasta su caída definitiva en 1492.

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Dejando ha un lado Al-ándalus, vamos a continuar con los siguientes Califatos que se fueron sucediendo en el Imperio Islámico.  Los Omeyas fueron desplazados por los Abasíes.    Veámos.

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Califato abasí (750-1258).


El Califato Abasí fue una dinastía que gobernó gran parte del mundo islámico desde su capital en Bagdad, sucediendo a los Omeyas y marcando una "Edad de Oro" de la ciencia, cultura y prosperidad bajo califas como Harún al-Rashid, pero decayó políticamente, fragmentándose hasta su fin con la invasión mongola, aunque una línea "fantasma" continuó en El Cairo hasta 1517, cuando los otomanos tomaron el título.


Origen y Ascenso:

Derrocamiento Omeya: Los abasíes, descendientes de Abbas, tío de Mahoma, se levantaron contra los Omeyas, que gobernaban desde Damasco.

Fundación: Abu al-Abbas as-Saffah se convirtió en el primer califa abasí en 750.

Nueva Capital: Al-Mansur fundó Bagdad en 762, convirtiéndola en un centro mundial de civilización y conocimiento.


Apogeo (Edad de Oro):

Harún al-Rashid (786-809): Su reinado es famoso por la prosperidad y el fomento de las artes y ciencias, siendo inmortalizado en Las mil y una noches.

Avances: Se tradujeron obras clásicas, y hubo grandes logros en matemáticas, astronomía y medicina, enriqueciendo la cultura islámica con influencias persas y griegas.


Declive y Fragmentación:

Pérdida de Poder: A partir del siglo X, el poder real disminuyó ante el auge de dinastías locales y líderes militares (sultanes).

Independencias: Al-Ándalus (España) se independizó en 756, y surgieron estados autónomos en el Magreb y Persia.


Dependencia:

 Los abasíes se volvieron figuras espirituales, perdiendo control secular ante visires o dinastías como los Buyíes y luego los Selyúcidas.


Fin del Califato Abasí de Bagdad:

Conquista Mongol: En 1258, los mongoles saquearon Bagdad, matando al último califa abasí, Al-Musta'sim, poniendo fin al califato en Irak.


Legado:

Los abasíes establecieron un legado duradero en la cultura, ciencia y administración islámica, creando una era de esplendor intelectual que influenció a todo el mundo.



Califato fatimí (909-1171).


El Califato Fatimí fue un poderoso califato chiita ismailita, el único de la historia, con origen en el norte de África (Túnez) y que convirtió a Egipto en su centro, dominando en su apogeo gran parte del Mediterráneo, incluyendo partes del Magreb, Sicilia y el Levante, desafiando a los califatos sunitas abasí y omeya, y sentando las bases para el esplendor de El Cairo.


Características Principales:

Origen y Religión: Fundado por una dinastía de imanes ismaelitas que afirmaban descender de Fátima, la hija del Profeta Mahoma, de ahí su nombre "Fatimí".


Expansión: 

Comenzó en Ifriquía (actual Túnez) y conquistó Egipto en 969, fundando El Cairo como su capital. Su poder se extendió por vastas regiones del norte de África, Sicilia, el Levante y el Hiyaz.


Rivalidad con otros Califatos:

Buscaban reemplazar a los califas abasíes sunitas en Bagdad, considerados ilegítimos, y rivalizaron con los omeyas de Al-Ándalus.


Legado Cultural:

Bajo su gobierno, El Cairo se convirtió en un centro cultural, económico y religioso preeminente en el mundo islámico, destacando en arte, ciencia y filosofía.


Declive:

El faccionalismo político y militar, especialmente las luchas internas en el ejército, debilitaron el califato, aunque su dominio duró hasta 1171.

En resumen, fue una importante potencia islámica chiita que dominó el sur del Mediterráneo durante más de dos siglos, destacando por su singularidad como califato ismaelita y su gran desarrollo cultural y político, con Egipto como corazón de su imperio.



Los Ayyubíes : Saladino.

Fueron los Ayyubíes, liderados por Saladino (Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub), quienes sustituyeron a los fatimíes en Egipto en 1171, poniendo fin al califato chiita fatimí y restaurando el sunismo y la soberanía abasí en la región, estableciendo la dinastía ayyubí.


Contexto de la Caída Fatimí.

Declive Interno: A finales del siglo XI, la dinastía fatimí estaba debilitada por disputas internas y la creciente influencia de poderosos visires militares que controlaban a los califas, a menudo niños o figuras títeres.

Amenaza Externa: La llegada de los turcos selyúcidas y las Cruzadas aumentaron la inestabilidad.
Intervención de Saladino: Saladino, un visir militar al servicio de los fatimíes, consolidó su poder y, tras la muerte del último califa fatimí, al-Adid, abolió la dinastía en 1171, transfiriendo el poder a la dinastía ayyubí.

La Dinastía Ayyubí: Fundada por Saladino, la dinastía ayyubí (de origen kurdo) se convirtió en la nueva potencia en Egipto, marcando un cambio religioso y político significativo al reinstaurar el islam sunita y la autoridad del califato abasí de Bagdad.


Quién fue Saladino:

Saladino (Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub) fue un legendario sultán kurdo de Egipto y Siria (siglo XII) que unificó el mundo musulmán para luchar contra las Cruzadas, destacando por su habilidad militar y diplomática, su generosidad y caballerosidad, y por reconquistar Jerusalén a los cristianos en 1187, convirtiéndose en una figura reverenciada tanto en el Islam como en Occidente. Fundó la dinastía ayubí y fue célebre por su respeto hacia sus enemigos, negociando tratados, como con Ricardo Corazón de León, y demostrando ser un gran líder político y militar.


Puntos Clave sobre Saladino.

Origen: De origen kurdo, nació en Tikrit (actual Irak) en 1137.

Ascenso al Poder: Comenzó su carrera bajo el mando de su tío y se convirtió en sultán de Egipto y Siria, unificando vastos territorios desde África hasta Asia.

Logro Principal: Su mayor hazaña fue la reconquista de Jerusalén en 1187 tras la decisiva Batalla de Hattin, lo que provocó la Tercera Cruzada.

Habilidades: Fue un estratega militar brillante, un administrador eficaz y un diplomático hábil, admirado por sus enemigos por su integridad y generosidad.

Legado: Es una de las figuras más famosas de la Edad Media, un héroe nacional en el mundo musulmán y una figura respetada en la cultura occidental por su ideal de caballería.

Muerte: Falleció en 1193 en Damasco, y su dinastía, los Ayyubíes, continuó gobernando durante un siglo más.


Imperio otomano (1299-1923).


Osmán I, líder de los otomanos, inició la expansión de su pueblo, convirtiéndolo en uno de los imperios más importantes de la historia. Capital: Estambul.

El Imperio Otomano fue un vasto imperio multiétnico gobernado por la dinastía osmanlí, que existió desde finales del siglo XIII hasta principios del siglo XX (1299-1922), surgiendo de Anatolia (actual Turquía) y expandiéndose por el sureste de Europa, el Cercano Oriente y el norte de África, convirtiéndose en una de las potencias más influyentes y duraderas de la historia mundial. Era un estado islámico y turco que controló el cruce entre Oriente y Occidente durante seis siglos, destacando por su poder militar, administración y rica cultura.


Origen y Expansión:

Fundación:

Nació de un pequeño principado turco en Anatolia, fundado por Osmán I (de ahí su nombre) tras la decadencia del Imperio Selyúcida.


Conquista Clave:

Su gran hito fue la toma de Constantinopla (la antigua capital bizantina) en 1453, marcando el fin del Imperio Bizantino y estableciendo una nueva capital.


Máximo Esplendor:

Entre los siglos XVI y XVII, se extendió por tres continentes, controlando vastas regiones que incluían Grecia, Hungría, Egipto, Siria, partes de Arabia y la costa norte de África, con Constantinopla como centro.


Características Principales:

Multiétnico y Multirreligioso: Aunque gobernado por turcos, abarcaba diversas etnias y religiones, integrando culturas de Europa, Asia y África.


Centro de Interacción:

Fue un puente crucial entre Oriente y Occidente, adoptando y adaptando tradiciones culturales, arquitectónicas y administrativas de imperios anteriores, como el Bizantino.


Legado Cultural:


Destacó en las artes, la orfebrería y la arquitectura, creando una identidad cultural otomana única.


Decadencia y Fin:

Factores: El auge de los nacionalismos, las derrotas militares y la interferencia de potencias europeas (Francia, Gran Bretaña, Rusia) llevaron a su debilitamiento.


Disolución:

Tras la Primera Guerra Mundial, los nacionalistas turcos abolieron el sultanato en 1922, dando paso a la moderna República de Turquía en 1923.


Fin al Imperio Islámico.

 El Imperio Otomano, un vasto estado multiétnico y multirreligioso, cuyo fin llegó tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, culminando con la abolición del Sultanato en 1922 y la proclamación de la República de Turquía en 1923, liderada por Mustafa Kemal Atatürk, quien también abolió el Califato en 1924, rompiendo los últimos vínculos institucionales con el viejo orden imperial y el califato.


Causas del colapso.

Decadencia interna: Problemas económicos, inestabilidad política y la dificultad para modernizar un imperio tan extenso.

Derrotas militares: Pérdidas territoriales significativas, especialmente en los Balcanes, que erosionaron su poder y economía.

Nacionalismos: Surgimiento de movimientos nacionalistas dentro del imperio y la presión de las potencias europeas.

Primera Guerra Mundial: La alianza con las Potencias Centrales (Alemania) fue desastrosa; la derrota implicó la pérdida de sus territorios árabes y la ocupación aliada.


El Fin del Imperio.

1922: La Gran Asamblea Nacional Turca abolió el Sultanato, y el último sultán, Mehmed VI, se exilió.

1923: Se proclamó la República de Turquía, un estado nacional secular en Anatolia, con Ankara como capital.

1924: Se abolió el Califato, eliminando el último vestigio de la autoridad religiosa otomana sobre el mundo musulmán (la Ummah).


Relación con el "Imperio Islámico".

El Imperio Otomano había sido el principal poder político y militar del mundo islámico durante siglos, ostentando el título de Califa, que unía autoridad política y espiritual para muchos musulmanes. Su caída significó el fin de esa estructura imperial centralizada y la emergencia de estados-nación modernos, marcando un punto de inflexión en la historia política del mundo islámico.


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Caractersticas generales del Imperio islámico.


Características políticas del Imperio islámico:

Dado que los califatos poseían una gran extensión, los califas procedieron a fraccionar el territorio en distintas provincias. A cargo de ellas estaban sus representantes políticos, militares y administrativos, que eran los siguientes:

Visires: se asemejaban a unos ministros y se ocupan de administrar grandes territorios.

Emires: ejercían de gobernadores de las provincias, siendo su poder político y militar.

Sultanes: representantes del califa y soberanos de los reinos islámicos. Con el paso del tiempo, este título también se usaría para referirse al propio emperador.

Cadíes: eran los jefes de las ciudades, estando a su cargo la política local, la justicia y los ritos religiosos.



Características sociales del Imperio islámico.

En las regiones del Imperio islámico existían unas clases sociales delimitadas de la siguiente forma:

Aristocracia: eran los gobernantes y los grandes terratenientes. Controlaban el poder político.

Notables: se trataba de una clase social muy amplia en la que se incluía a las familias adineradas de cada provincia. En este grupo estaban los terratenientes, los grandes mercaderes, los altos funcionarios de palacio y los artesanos.

Clases populares: eran la clase mayoritaria, destacando los agricultores y los colonos que trabajaban la tierra de los grandes terratenientes. Además, habría que mencionar a los pequeños artesanos, a los pastores y a los vendedores ambulantes.

Esclavos: se ocupaban de tareas del campo o de la casa de sus dueños.

Mujeres: estaban tuteladas por los hombres, bien fuera por el padre o por el esposo. Pemanecían en una parte de la casa denominada harén, y sólo podían salir acompañadas y con permiso. Su obligación era tener hijos, cuidarlos y atender el hogar familiar.

No obstante, también se podría hacer una distinción dependiendo de la religión y de los orígenes de las personas:

Musulmanes: los árabes y los sirios sólian acceder a los puestos políticos y eran grandes señores. Los bereberes, situados en el norte de África, llevaban una vida más humilde y solían ser pequeños señores. También habría que mencionar a los muladíes, que por lo general dejaban atrás el cristianismo y adoptaban el Islam como su religión.

Otras religiones: por un lado estaban los judíos y por otro los mozárabes, que eran los cristianos que vivían en al-Ándalus.



Características económicas del Imperio islámico.

El comercio era muy relevante, de ahí que existiera un gran control sobre las rutas comerciales, tanto del Mediterráneo como de aquellas otras que se dirigían a Oriente. Mientras que en las zonas rurales predominaba la agricultura, en las ciudades destacaban las manufacturas (es el caso de la artesanía).



Arquitectura árabe.

Las ciudades árabes poseían un trazado irregular y, en general, estaban amuralladas. El tamaño de las casas era pequeño, cubriéndose las ventanas con celosías que impedían que desde el exterior se pudiera observar lo que sucedía dentro. Respecto a las calles, eran estrechas y en algunos casos aparecían cubiertas de toldos.


Pero, ¿cuáles eran los edificios de mayor relevancia de las ciudades musulmanas? Los comentamos a continuación:

Alcázar: era el palacio en el que vivía la principal autoridad de la urbe. Solía situarse en un lugar elevado y estaba rodeado de murallas, acentuando así su carácter defensivo y de fortaleza. Todo este recinto era conocido como la alcazaba (ciudadela).

Mezquita: lugar en el que los fieles se reunían para orar. Para ello, se situaban mirando a la quibla, es decir, al muro que está orientado hacia La Meca. Destacar que también poseían un alminar o minarete desde el que se llamaba a la oración.

Zoco: era el mercado de la ciudad.

Baños públicos: tenían su origen en los baños romanos y eran conocidos por el nombre de hammam, tratándose además de un lugar de reunión social.

Alhóndigas: zona de almacenes en la que los mercaderes guardaban sus mercancías.

Arrabales: barrios periféricos que se encontraban más allá de las murallas.


Arte islámico.

Los estilos del arte musulmán eran variados, puesto que, al estar acostumbrados a la vida nómada y del desierto, adaptaban sus técnicas a las diversas regiones que conquistaban.

No obstante, una característica común era que en los palacios y en las mezquitas había muy pocas esculturas y pinturas. Esto se debía a que algunas corrientes del Islam prohiben las imágenes de Alá, Mahoma e incluso de personas o animales.

No es de extrañar que en la decoración predominaran los temas geométricos y vegetales, que se pintaban en mosaicos o se diseñaban directamente en azulejos y yeserías. También se usaba escritura caligráfica, tal y como sucedía en los muros de las mezquitas.

Otro elemento a destacar eran las cúpulas decoradas de mocárabes, que se asemejaban a las estalactitas y se confeccionaban de yeso.


Cultura árabe.

En la literatura destacó Las mil y una noches, una compilación de cuentos tradicionales del Oriente Medio que se cree que se llevó a cabo en el siglo IX (aunque algunas de estas historias se añadieron en siglos posteriores.

La filosofía también fue un campo en el que destacaron los árabes, siendo el cordobés Averroes uno de sus nombres más célebres (de hecho, contribuyó a difundir las ideas de Aristóteles).


Ciencia árabe.

Los árabes realizaron grandes aportaciones a las matemáticas. Por ejemplo, adoptaron el sistema de numeración de la India, que luego se expandió a Europa por medio de al-Ándalus (sucedió lo mismo con distintas palabras matemáticas, caso de álgebra, cero o cifra).

Respecto a la astronomía, crearon observatorios y defendieron teorías como la de que los planetas giraban alrededor de un determinado punto.

En lo que a la medicina se refiere, habría que destacar a Avicena, quien escribió textos como El libro de la curación o El canon de medicina.

Otro aspecto a destacar es la relevancia que tuvieron como difusores de algunos de los grandes inventos de la historia, caso de la brújula, la pólvora, el astrolabio, las norias de agua o la seda.



Fundamentos del Islam.


Qué significa el Islam.

El Islam quiere decir obediencia a Dios, siendo sus practicantes los musulmanes. Para ellos, al igual que Abraham, Moisés o Jesús, Mahoma es el profeta de Alá.


Los pilares del Islam.


Profesión de fe (sahada): no hay más dios que Alá, siendo Mahoma su mensajero.
Practicar el rezo cinco veces al día, a lo que se le conoce por el nombre de azalá.

Ramadán: en esta época, que dura un mes, los musulmanes tienen que ayunar durante el día y sólo pueden comer al caer la noche. No obstante, están dispensandos de hacerlo los enfermos, los débiles y los viajeros (que pueden practicarlo en otra ocasión).

Limosnas (zakat): deben realizarse para así ayudar a las personas más pobres de la comunidad.

Peregrinación a La Meca (hayy): ha de completarse al menos una vez en la vida.


El Corán.


El Corán es el libro sagrado del Islam. Según los musulmanes, contiene las palabras que Dios le dijo al propio Mahoma por medio del arcángel Gabriel, que se le apareció en la cueva de una montaña.

Se escribió tras su muerte y, por tanto, recoge las enseñanzas que transmitió este profeta. Sus preceptos indican que los fieles no deben comer cerdo o beber alcohol. De igual modo, se establecen las penas por las faltas o delitos cometidos y se permite la poligamia (la relación de un hombre con varias mujeres al mismo tiempo).

Está compuesto por 114 azoras o suras, es decir, capítulos, que a su vez se dividen en más de 6.000 aleyas (versículos).


Ramas del Islám.

Suníes: son los seguidores de los primeros califas y consideran que Mahoma es su único líder espiritual. Actualmente representan al 90% de la población musulmana.

Chiíes: Ali Ibn Abi Tálib estaba casado con Fátima, la hija de Mahoma. Era, por tanto, el yerno de este último. Aparte de califa también fue el primer imán, siendo para los chiíes el legítimo sucesor del profeta. Es una rama minoritaria, pues hoy en día sólo la siguen el 10% de los musulmanes.



EL IMPERIO ISLÁMICO.

    Antes de la aparición del islam, los habitantes de la península arábiga estaban divididos en tribus nómadas que se desplazaban por el gr...