sábado, 22 de marzo de 2025

INTRODUCCIÓN A LA EDAD MEDIA Y EL IMPERIO BIZANTINO PRE - MEDIEVAL.

 




Introducción :


Se conoce como Edad Media, medievo o época medieval al periodo histórico que se dio en el territorio occidental entre los siglos quinto y XV. Concretamente, su inicio viene marcado con la caída del imperio romano en el año 476 y finaliza con el descubrimiento de América en el año 1492.

Otras teorías históricas sitúan el fin de este periodo en el año 1453, con la caída del Imperio bizantino, la invención de la imprenta por Gutenberg y el fin de la Guerra de los Cien Años.

La Edad Media, situada entre la Edad Antigua y la Edad Moderna, comprende un total de 10 siglos de historia, un enorme periodo de tiempo que ha dado pie a dos divisiones temporales del medievo: la Alta Edad Media y la Baja Edad Media.


Alta Edad Media:

Esta etapa está comprendida entre los siglos quinto y décimo , lo que suponen cinco siglos caracterizados por varios hechos históricos importantes, destacando la lucha por la supremacía de los tres imperios coetáneos: el bizantino, el islámico y el carolingio.

Una mención especial al surgimiento de los monasterios apartir del siglo sexto en adelante.

Mientras el Imperio se caía a pedazos, unos pocos hombres decidieron alejarse de la violencia de la Edad Media y recogerse en lugares apartados. El monacato no es propio del cristianismo, puesto que se ha manifestado en otras culturas. Sin embargo, los monjes de la Edad Media, tomando el ejemplo de San Benito, tuvieron una muy importante función para sostener y preservar los restos culturales del Imperio Romano desaparecido. Su lema era Ora et Labora (reza y trabaja), y a esto se dedicaban los monjes todo el día. En los monasterios europeos se transcribieron y copiaron obras muy importantes de la actualidad. Estos lugares no solo fueron centros de oración, sino también centros de cultura, germen de lo que serían las universidades modernas. Sin la labor sacrificada de estos hombres no hubiéramos conocido obras como las de Aristóteles, Cicerón, Platón, Virgilio, Ovidio, Horacio…

En la Península Ibérica ha partir del siglo novéno, se creáron los Reinos Cristiános con la finalidad de recuperar los territorios que usurpó el Islám en el 711. A este procéso se le llamó, La Reconquista.


Baja Edad Media:

Los otros cinco siglos del medievo, los que van desde el X al XV, se conocen como Baja Edad Media, donde se dieron diferentes acontecimientos que han marcado el trascurrir de la historia occidental. De hecho, esta etapa se divide en otros subperiodos:

Plena Edad Media, del siglo XI al siglo XIII: estuvo marcado por la llegada del sistema feudal, el surgimiento de la burguesía y de las nuevas instituciones de poder.

Crisis de la Edad Media: son los dos últimos siglos el XIV y el XV, que supusieron la finalización progresiva de esta época, dando páso a la Edad Moderna. Pero ésto es otra Historia.

En esta nueva série de documentales que he titulado La Enigmática Edad Media, voy ha desarrollar toda esta introducción que hémos oído. Esperándo que séa de vuestro interés, voy ha comenzar con la fantástica Historia del Imperio Bizantíno. Escuchémos.












El Imperio Bizantino premedieval.


El Imperio Romano se dividió en el año 395 tras la muerte del emperador Teodosio, que legó a cada uno de sus dos hijos una de las partes: a Acadio, la parte oriental, con capital en Constantinopla, y a Honorio, la parte occidental, con capital en Rávena.

Esta división no fue arbitraria. La economía, sociedad, lengua, que en la zona oriental era predominantemente griega. La cultura e incluso los ritos litúrgicos se diferenciaban mucho en las dos áreas del antiguo imperio.

Con la caída en el 476 del Imperio Romano de Occidente, este territorio occidental se dividió en centros independientes de poder, los llamados reinos germánicos, y en consecuencia el Imperio de Oriente se convirtió en el único sucesor legítimo del Imperio Romano y principal potencia del Mediterráneo, tanto en el plano político como militar, económico y cultural.

Al Imperio de Oriente se le va a denominar Imperio Bizantino porque Constantinopla era una antigua colonia griega fundada en el Bósforo en el siglo VII llamada Bizancio.

Constantino creó sobre esta colonia una nueva ciudad a la que dio su nombre, convirtiéndola en el centro político y militar de la zona oriental del Imperio. Cuando éste se dividió, Constantinopla se convirtió en la capital del Imperio de Oriente, que por extensión de la palabra Bizancio fue denominado Imperio Bizantino.

Los propios soberanos germánicos del Mediterráneo occidental mantenían la convicción de que el emperador de Oriente era la autoridad suprema del poder legítimo y, por ello, los distintos reyes germánicos mantenían su lealtad a Oriente y se manifestaban vasallos del emperador.

El Imperio Bizantino, por su parte, seguía siendo el centro del mundo conocido, pero a pesar de haber superado la avalancha de las invasiones bárbaras sin sufrir grandes daños, puesto que las desviaron hacia occidente, era un imperio bastante desintegrado por la herejía monofisita.

Dicha herejía aseguraba que Cristo sólo tenía naturaleza divina. Este conflicto teológico estaba provocando grandes divisiones en el Imperio.

Esta desintegración del Imperio finalizó en el año 518 cuando Justino I accedió al trono imperial y especialmente con su sucesor, Justiniano, que accede al trono en el 527, momento en el que comienza la época de esplendor político y cultural del Imperio Bizantino.

En este momento los territorios del antiguo Imperio Romano estaban divididos en:

Imperio Romano de Oriente, presidido por Justiniano.

Reino de los Visigodos.

Reino de los Francos.

Reino de los Ostrogodos.

Reino de los Vándalos...


El Impulsor del Imperio, Justiniano, motivado por la idea de renovar el antiguo Imperio Romano, emprende la conquista del Mediterráneo occidental.

Como novedad, Justiniano concibe el Imperio Romano como un imperio Cristiano, de ahí su obsesión por librar a sus súbditos del poder de los cismáticos arrianos, que conlleva poner fin a la soberanía de los germanos.

En el ideal de Justiniano se ven unidos fe y política. De este modo, conquista Italia a los ostrogodos, África a los vándalos y una parte de Hispania, la Bética, a los visigodos.

Justiniano era un hombre de excelente formación de procedencia latina más que griega. Era un gobernante obsesionado por conseguir un poder ilimitado. Él a sí mismo se considera representante de Dios en la tierra, y asume en consecuencia tanto el poder político como el religioso.

Ël admite que existen dos instituciones de poder paralelas, el político y el religioso, que no deben interferirse, pero este deseo de poder le convierte en la práctica en un "rex-sacerdos", un rey sacerdote, un césar-papa, creando un sistema político-religioso llamado "cesaropapismo".

Aun siendo un hombre muy amable, aparece en público con un ceremonial tan grandioso y tan inaccesible que le convierte ante sus súbditos en el símbolo más evidente del poder absoluto. Se casó con Teodora, una actriz de teatro y prostituta de gran inteligencia, tanto que se convirtió junto a Justiniano en el gran poder del Imperio Bizantino.



La emperatriz Teodora: de supuesta prostituta a líder del Imperio Bizantino.


Defendió los derechos de las mujeres, promovió la cultura y participó en la política bizantina. Así fue la extraordinaria vida de Teodora

La figura de la emperatriz Teodora 500–548 después de Cristo, sigue siendo una de las más fascinantes e influyentes en la historia del Imperio Bizantino. La consorte del emperador Justiniano I (527-565) supo influir de manera determinante las políticas sociales y religiosas del imperio.

De orígenes humildes, se la acusó de arribista y prostituta por haber superado las barreras de género y clase de su época. Consiguió erigirse como una de las mujeres más poderosas de la historia bizantina, capaz de aplicar medidas revolucionarias en todos los ámbitos públicos. Te presentamos los puntos más relevantes del legado de la emperatriz Teodora.


Una mujer criticada por su poder.

El origen de Teodora resulta particularmente notable. Según las fuentes de la antigüedad, nació en el seno de una familia humilde. En su juventud y siguiendo los pasos de su madre, tuvo que ganarse la vida en el controvertido mundo del teatro y la farándula. Estas actividades, que a menudo incluían servicios sexuales, le procuraron las críticas de autores de su época. Procopio de Cesárea, un cronista contemporáneo, la acusó en su Historia secreta de explícita y procaz en el escenario.


La actriz que se batió por los derechos de la mujer.

Teodora se recuerda en la historia por su firme defensa de los derechos de las mujeres y los desfavorecidos. Implementó reformas que beneficiaban a grupos marginados, en especial a las mujeres y las exprostitutas. Así, la emperatriz impulsó leyes que prohibían el tráfico sexual y protegían a las mujeres de abusos en el matrimonio, situaciones de vulnerabilidad social que no se habían recogido en la legislación anterior. Estas reformas no solo mejoraron la situación legal de las mujeres en Bizancio, sino que sentaron precedente en materia de derechos humanos.

Historiadores como David Potter enfatizan que la intervención de Teodora en estos temas se adelantó a su tiempo. A través de su activismo, la emperatriz bizantina buscó crear un entorno donde las mujeres pudieran alcanzar una mayor autonomía a través de la protección de sus derechos básicos.


El papel de Teodora en la consolidación cultural bizantina.

Uno de los aspectos menos explorados del legado de Teodora concierne la influencia cultural que ejerció en la corte bizantina. Es probable que su experiencia personal en el mundo del teatro (un ámbito generalmente despreciado por las élites de Bizancio) le otorgase una sensibilidad particular hacia las artes. Se sabe que la emperatriz Teodora fue promotora de eventos teatrales. Se convirtió, además, en mecenas de artistas y literatos, quienes encontraron en su figura un respaldo sin precedentes. Gracias a su influencia, el teatro y otras actividades culturales se ganaron el respeto de la sociedad bizantina y sirvieron para difundir ideas y valores imperiales.

El interés de Teodora por la cultura y el arte también se manifestó en su proyecto de embellecimiento de la ciudad de Constantinopla, donde emprendió reformas arquitectónicas junto a Justiniano. Esta intervención consolidó la capital imperial como el centro cultural y espiritual del mundo bizantino.


El liderazgo de Teodora en la gestión de la Rebelión de Niká.

Teodora demostró sus dotes de líder al gestionar la crisis provocada durante la Rebelión de Niká del año 532 d.C. Este levantamiento popular puso en grave peligro la estabilidad del imperio y casi obligó a Justiniano a abandonar Constantinopla.

Teodora mostró una determinación férrea al oponerse a aceptar la huida como única posibilidad. Se considera que fue ella quien convenció a Justiniano a resistir, pronunciando una de sus frases más famosas: “La púrpura es el sudario más noble”. Esta muestra de fortaleza y convicción fue fundamental para que el emperador decidiera reprimir la revuelta y mantener el control de la ciudad.


Influencia religiosa: del monofisismo a su reconocimiento como santa.

Teodora ejerció, igualmente. una notable influencia en cuestiones religiosas. Apoyó el monofisismo, una doctrina cristiana que enfatizaba la naturaleza divina de Cristo en detrimento de su naturaleza humana. Esta convicción, que desafiaba la posición oficial establecida en el Concilio de Calcedonia, resultó controvertida en su época. Se estima que el respaldo que Teodora prestó a los monofisitas obedecía tanto a su fe personal como a una estrategia política para ganarse el apoyo a las provincias orientales del imperio, donde el monofisismo tenía una base importante de seguidores.

A pesar de sus orígenes humildes, la Iglesia Ortodoxa Oriental canonizó a Teodora, donde su memoria sigue siendo venerada. Algunas biografías subrayan esta dimensión contradictoria de Teodora como santa y pecadora, que resaltan tanto su vida mundana anterior a la corte como sus contribuciones espirituales.


Antes de seguir con el relato de Bizancio en época medieval, señalaré que en arquitectura, una mención aparte merece, la obra cumbre del emperador Justiniano en el periodo pre-medieval. Me refiéro naturalmente a Santa Sofía, Catedral cristiana primero, y Mezquita musulmana después. Veámos.



Historia de Santa Sofía : Consagración, primeros años y transformaciones.


Santa Sofía de Estambul, que data del año 537 d.C., es más que un edificio: es un narrador de historias. Con su elevada cúpula central, sus relucientes mosaicos y su intrincado trabajo en piedra, esta obra maestra bizantina ha vivido muchas vidas: primero iglesia, luego mezquita, más tarde museo y ahora mezquita de nuevo. A lo largo de 1.500 años, ha sido testigo del auge y la caída de imperios, y hoy se erige como un sorprendente símbolo de la singular mezcla de culturas orientales y occidentales de Estambul.

Santa Sofía sirvió de inspiración para la Mezquita Azul. Su magnífica cúpula dio lugar a la construcción de la otra mezquita emblemática de Estambul.

Santa Sofía se utilizó en su día como almacén militar durante el Imperio Otomano. Dentro de sus muros se almacenaban cañones y municiones.

Santa Sofía ha sufrido terremotos en numerosas ocasiones, lo que ha provocado grietas en su tejado y el derrumbe de sus semicúpulas. Ha sido reparada y restaurada varias veces a lo largo de su historia.


Cronología de Santa Sofía:

537 D.C: La actual Santa Sofía fue terminada bajo el emperador Justiniano I, marcando un hito en la arquitectura bizantina.

537-1204 D.C: El edificio fue la principal catedral ortodoxa oriental de Constantinopla.

1204-1261 D.C: Durante la ocupación latina de Constantinopla, Santa Sofía fue convertida en catedral católica romana.

1453-1934 D.C: Tras la conquista otomana, Santa Sofía funcionó como mezquita durante toda la época otomana y el primer periodo republicano.

1934 D.C: El gobierno turco, bajo Mustafa Kemal Atatürk, promulgó un decreto para convertir Santa Sofía en un museo.

1935-2020 D.C: Santa Sofía funcionó como museo, y durante este periodo se llevaron a cabo amplias obras de restauración y conservación.

2020 D.C: Santa Sofía fue reconsagrada como mezquita, continuando así su larga historia como hito religioso y cultural.



El Imperio Bizantino en época medieval .


A partir de la segunda mitad del siglo IX el imperio bizantino alcanza su máxima expansión desde Justiniano. Habían perdido, por supuesto, el Mediterráneo occidental pero se habían asentado y logrado el dominio sobre los Balcanes, hecho retroceder a los musulmanes hasta Palestina y reconquistado Creta y Chipre. Llegan a dominar incluso la Italia del sur, aunque los árabes tuvieron el dominio de Sicilia desde el 827.

Bizancio se convierte, por tanto, de nuevo en una civilización cristiana que irradia por el sur de Italia, por la zona de Venecia a través de las relaciones comerciales, por la corte de los emperadores germanos a través de alianzas matrimoniales, por los Balcanes, Rusia (gracias a la actividad misionera de Cirilo y de Metodio en los países eslavos).

Se trata de una cultura asentada fundamentalmente en bases de la antigüedad aunque profundamente cristianizada. Al igual que en el periodo de Justiniano, tanto la cultura como el arte siguen siendo signos externos del poder imperial.

La Iglesia, por su parte, se encuentra en vías de separación de Roma. A mediados del siglo IX, Focio, patriarca de Constantinopla, establece ya la independencia de su sede respecto a Roma, aunque el cisma definitivo llegó en el 1054 cuando Miguel Cerulario, también patriarca de Constantinopla, se negó a reconocer la autoridad de los legados del papa León IX y funda la iglesia ortodoxa griega.

Esta fue la culminación de las diferencias religiosas, políticas y culturales que existían entre Roma y el Imperio de Oriente, aunque ésta escisión no se refleje en el arte.


Organización política del Imperio bizantino.

En Bizancio, se utilizaba el término griego basileus (que significa “rey”) para definir al emperador. El cargo no era hereditario, sino que se definía mediante un procedimiento de selección en el que intervenía el Senado, el ejército y representantes del pueblo. Con el tiempo, este procedimiento comenzó a tener rasgos religiosos y la figura del basileus obtuvo carácter divino.

Por otro lado, el gobierno bizantino era autocrático: el basileus imponía su poder sobre todos los asuntos de la vida de sus ciudadanos. Se situaba a la cabeza de la administración y el ejército, creaba las leyes y las hacía poner por escrito, y era el juez supremo en los asuntos más importantes.

Para la administración del Imperio, el basileus disponía de un grupo de funcionarios que constituían una burocracia organizada de forma jerárquica.


Cuántos Emperadores hubo en Bizancio.

A lo largo de los 1058 años de historia del Imperio Bizantino (330-1453), se contabilizan aproximadamente 76 emperadores soberanos y 3 emperatrices reinantes, sumando un total de 79 monarcas principales, o más de 100 si se incluyen coemperadores menores. El título Basileus (rey/emperador en griego) fue adoptado oficialmente por Heraclio en el siglo VII.
Primer emperador: Constantino I el Grande (aunque formalmente el Imperio Bizantino se consolida posteriormente, él fundó Constantinopla).
Último emperador: Constantino XI Paleólogo, fallecido en la caída de la ciudad en 1453.
Emperadores destacados: Justiniano I (reconquista territorial), Heraclio (helenización), Basilio II (apogeo macedonio).
La cifra puede variar según los historiadores incluyan o no a coemperadores o usurpadores efímeros.


Economía del Imperio bizantino.

En las monedas bizantinas se utilizaban símbolos imperiales y religiosos.
La economía bizantina se sustentaba en la producción agrícola, el comercio y la recolección de impuestos.

La mayoría de la población era campesina. Los principales productos agrícolas en Bizancio fueron el trigo, las legumbres, la miel, el vino y los frutos secos.

Bizancio logró desarrollar el comercio a larga distancia con distintas regiones de Asia y del norte de África. Constantinopla, la capital del Imperio, se convirtió en el centro de grandes redes mercantiles. Los principales productos importados eran el trigo (como alimento para la población de las ciudades) y la seda (como artículo de lujo para las clases altas urbanas).

Además, el Estado bizantino cobraba impuestos a la mayoría de la población. La mayor parte de la recaudación tributaria se invertía en el ejército.


Sociedad del Imperio bizantino.

La población del Imperio era variada, y los historiadores estiman que en su época de apogeo alcanzó los 34 millones de habitantes.

La mayoría de la población era campesina y había grandes desigualdades en relación a la posesión de la tierra. Algunos tenían pequeñas parcelas para el cultivo, lo que les permitía mantener la subsistencia familiar y pagar los impuestos estatales. Otros, no poseían tierras y trabajaban en campos ajenos a cambio de un salario. Además, había grandes terratenientes que, con el tiempo, fueron incorporando parcelas de campesinos empobrecidos.


Religión en el Imperio bizantino

En el siglo VIII, los iconoclastas destruyeron las representaciones religiosas de las iglesias.
La mayoría de la población practicaba la religión cristiana. El cristianismo en Bizancio tuvo sus particularidades y, con el tiempo, se fue diferenciando del cristianismo occidental, cuyo centro de poder era Roma.

En Bizancio se dio una disputa entre diferentes corrientes de interpretación religiosa. La mayoría de las iglesias estaban decoradas con imágenes en las que se representaba a Cristo, a la Virgen y a los santos en escenas bíblicas. A comienzos del siglo VIII d. C., un grupo de creyentes, conocidos como iconoclastas, empezaron a oponerse a la representación de imágenes religiosas porque consideraban que era una práctica pagana.

Entre 720 y 843 d. C., los emperadores bizantinos adoptaron la tendencia iconoclasta: prohibieron y destruyeron las representaciones religiosas y las reemplazaron por cruces. Sin embargo, a mediados del siglo IX, se impuso de nuevo la utilización de representaciones religiosas.

Por otro lado, hacia el siglo XI, se produjo el “Gran Cisma” dentro de la Iglesia cristiana, y las Iglesias de Oriente y Occidente quedaron como instituciones separadas. La Iglesia bizantina adquirió el nombre de Iglesia ortodoxa: los bizantinos consideraban que seguían la doctrina cristiana con más fidelidad que los cristianos occidentales. Sin bien la diferencia entre ambas iglesias se fundamentaba en cuestiones de doctrina (es decir, sobre cómo interpretar y practicar la fe cristiana), las razones de la separación fueron eminentemente políticas.



Los aportes de Bizancio.


Durante un milenio Bizancio fue el baluarte de la cristiandad contra las hordas nómadas, los persas, los árabes y los turcos. Si bien la cultura bizantina careció de la originalidad de las culturas clásicas griega y romana, fue una cultura altamente desarrollada que durante largo tiempo fue superior a la civilización de la Europa medieval.

Bizancio, situada entre Europa y Asia, fue el más importante centro comercial de la temprana Edad Media. A Bizancio acudían comerciantes de todos los países. Una moneda estable basada en el oro favoreció el intercambio.

A través del Mar Negro, Bizancio se comunicaba con Rusia. Se intercambiaban vinos, sedas y otros productos de lujo por pieles, pescado y miel. A través de las estepas y los desiertos de Asia Central las caravanas traían especias, perfumes, piedras preciosas y otras mercaderías codiciadas del Lejano Oriente.

Las actividades económicas eran rígidamente controladas por la autoridad pública. El Estado establecía las normas para la industria, fijaba los precios y jornales, controlaba las condiciones de trabajo y la calidad de los productos y reglamentaba la exportación. La industria más importante era la textil.

A diferencia del régimen feudal en Europa Occidental y Central que se caracterizaba por la fragmentación y dispersión del poder público, el Estado bizantino estaba completamente centralizado.

El jefe supremo del Imperio Bizantino era el emperador (basileus), que dirigía el ejército, la administración, y tenia el poder religioso.

Cada emperador tenía la potestad de elegir a su sucesor, al que asociaba a las tareas de gobierno confiriéndole el título de césar. En algún momento de la historia de Bizancio (concretamente, durante el reinado de Romano Lecapeno) llegó a haber hasta cinco césares simultáneos.

El sucesor no era necesariamente hijo del emperador. En muchos casos, la sucesión fue de tío a sobrino (Justiniano, por ejemplo, sucedió a su tío Justino I y fue sucedido por su sobrino Justino II).

Otros pesonajes llegaron a la dignidad imperial a través del matrimonio, como Nicéforo II o Romano IV Diógenes.



Arte Bizantino Medieval.


Contextualización:

El arte bizantino, que floreció entre los siglos IV y XV, es una de las expresiones más ricas del arte cristiano oriental. Originado en el Imperio Bizantino, con epicentro en Constantinopla (actual Estambul), esta forma de arte refleja una profunda integración entre la religión cristiana y la cultura romana. En una época en que la Iglesia desempeñaba un papel central en la vida pública y privada, el arte bizantino no solo servía como medio de adoración, sino también como un poderoso vehículo de enseñanza religiosa y expresión espiritual. La arquitectura, con sus majestuosas cúpulas y mosaicos resplandecientes, y la pintura, con íconos sagrados de profunda expresividad, son marcas registradas de este estilo artístico.

Una de las curiosidades más fascinantes sobre el arte bizantino es el uso extensivo de mosaicos para decorar iglesias y otros edificios importantes. Estos mosaicos, hechos de pequeños trozos de vidrio de colores y dorados, no solo creaban imágenes deslumbrantes, sino que también reflejaban la luz de una manera que daba la impresión de que las figuras sagradas estaban iluminadas por una luz divina. Esta técnica todavía se utiliza hoy en día y se puede ver en muchas iglesias alrededor del mundo.

A partir del siglo IV surge esta corriente artistica como continuación del arte paleocristiano y que encuentra sus orígenes en el estilo oriental helenístico. En resumen, el arte bizantino es un conglomerado de los estilos griegos, helenísticos, romanos y orientales.


Arquitectura Bizantina:

La arquitectura bizantina es notable por sus grandiosas cúpulas, arcos elegantes y el uso extensivo de mosaicos. Estos elementos reflejan la influencia de la religión cristiana, destacando la Hagia Sophia en Constantinopla, que simboliza la fusión de la técnica arquitectónica romana con la espiritualidad cristiana. La cúpula central de la Hagia Sophia, por ejemplo, fue una innovación que dio una sensación de elevación y trascendencia, representando el cielo en la Tierra.

Además de las cúpulas, la arquitectura bizantina se caracteriza por plantas en cruz griega, donde los brazos de la cruz son de igual longitud. Esta estructura permite una distribución armoniosa del peso de las cúpulas, creando espacios internos amplios y iluminados. Los arcos y bóvedas también son elementos comunes, proporcionando estabilidad y estética al mismo tiempo.

Los mosaicos desempeñan un papel central en la decoración de los edificios bizantinos, cubriendo paredes, techos y pisos con representaciones de figuras sagradas y escenas religiosas. Estos mosaicos no solo decoraban los espacios, sino que también servían como una forma de enseñar e inspirar a los fieles. La luz natural que entraba por los vitrales reflejaba en las teselas doradas de los mosaicos, creando un ambiente de luminosidad divina.


Pinturas e Íconos:

La pintura bizantina es famosa por sus íconos, que son imágenes sagradas de santos, ángeles y figuras bíblicas. Estos íconos no son solo obras de arte, sino objetos de devoción y veneración. Creados con la técnica de la encáustica, que utiliza cera caliente mezclada con pigmentos, los íconos poseen una durabilidad y una profundidad de color impresionantes.

Los íconos bizantinos son caracterizados por un estilo hierático y frontal, donde las figuras son representadas de frente, con expresiones serenas y ojos grandes que parecen seguir al observador. Este estilo busca transmitir una sensación de divinidad y eternidad, diferenciando las figuras sagradas de las representaciones más naturalistas encontradas en otras tradiciones artísticas.

Además de su función espiritual, los íconos también servían como herramientas pedagógicas. En una época en que la mayoría de las personas era analfabeta, estas imágenes ayudaban a transmitir historias y enseñanzas religiosas de forma accesible e impactante. Los íconos eran frecuentemente colocados en lugares de destaque en las iglesias, facilitando la meditación y la oración de los fieles.

Íconos son imágenes sagradas de santos y figuras bíblicas.

Técnica de la encáustica para durabilidad y profundidad de color.

Estilo hierático y frontal para transmitir divinidad.


Mosaicos Bizantinos:

Los mosaicos son una de las formas de arte más emblemáticas de la tradición bizantina. Hechos de pequeños trozos de vidrio coloreado y dorado, conocidos como teselas, estos mosaicos decoraban las paredes, techos y pisos de las iglesias, creando imágenes deslumbrantes que impresionaban e inspiraban a los fieles. La técnica de mosaico permite una gran durabilidad y resistencia a las inclemencias, lo que contribuyó a la preservación de muchas de estas obras hasta los días actuales.

Los mosaicos bizantinos frecuentemente representaban figuras sagradas, escenas bíblicas y motivos decorativos complejos. La luz natural que entraba por los vitrales reflejaba en las teselas doradas, creando un efecto de brillo y luminosidad que parecía dar vida a las imágenes. Este juego de luz y color no solo embellecía los espacios, sino que también transmitía una sensación de presencia divina.

Ejemplos notables de mosaicos bizantinos pueden encontrarse en la Basílica de San Vital en Rávena, Italia, donde las representaciones de figuras como el Emperador Justiniano y la Emperatriz Teodora son especialmente conocidas por su complejidad y belleza. Estos mosaicos son importantes no solo por su calidad artística, sino también por su valor histórico, proporcionando información sobre la sociedad y la cultura bizantinas.


Contexto Histórico y Cultural:

El arte bizantino se desarrolló dentro del contexto del Imperio Bizantino, uno de los imperios más duraderos e influyentes de la historia. Originado en la parte oriental del Imperio Romano, el Imperio Bizantino tuvo como capital Constantinopla, fundada por Constantino el Grande. El arte bizantino es una fusión de la herencia cultural romana con la espiritualidad cristiana, reflejando la importancia central de la religión en la vida pública y privada.

Constantinopla era no solo un centro político y económico, sino también un importante centro religioso y cultural. La ciudad albergaba numerosas iglesias y monasterios, donde el arte bizantino florecía. La Hagia Sophia, construida por el emperador Justiniano, es un ejemplo icónico de la grandiosidad e innovación de la arquitectura bizantina, simbolizando el poder y la gloria del Imperio Bizantino.

El arte bizantino servía múltiples propósitos, incluyendo la adoración religiosa, la educación de los fieles y la propaganda imperial. Las representaciones artísticas eran cuidadosamente elaboradas para transmitir mensajes de poder divino y legitimidad imperial. La simbología presente en las obras de arte, como el uso de colores y formas específicas, ayudaba a reforzar estos mensajes y a crear un ambiente de sacralidad y trascendencia.

Origen en el Imperio Bizantino, con capital en Constantinopla.

Fusión de la herencia romana con la espiritualidad cristiana.

Servía para adoración, educación y propaganda imperial.


Para Recordar:

Arte Bizantina: Estilo artístico que floreció en el Imperio Bizantino entre los siglos IV y XV, caracterizado por su rica integración de elementos cristianos y romanos.

Arquitectura: Estructura y diseño de edificios, notablemente iglesias, con cúpulas majestuosas y el uso de mosaicos.

Pinturas: Representaciones artísticas en superficies, incluyendo íconos religiosos creados con la técnica de la encáustica.

Mosaicos: Imágenes creadas con pequeños trozos de vidrio de colores y dorados, usados extensivamente en la decoración de iglesias.

Íconos: Imágenes sagradas de figuras religiosas, utilizadas para adoración y enseñanza religiosa.

Encáustica: Técnica de pintura que utiliza cera caliente mezclada con pigmentos.

Imperio Bizantino: Estado que sucedió a la parte oriental del Imperio Romano, con capital en Constantinopla.

Constantnopla: Capital del Imperio Bizantino, actualmente conocida como Estambul.

Hagia Sophia: Iglesia icónica de Constantinopla, ejemplo de innovación en la arquitectura bizantina.

Basílica de San Vital: Iglesia en Rávena, Italia, conocida por sus mosaicos bizantinos bien preservados.

Cúpulas: Estructuras arquitectónicas redondeadas que son características de los edificios bizantinos.

Religión Cristiana: Principal influencia en el arte bizantino, reflejada en sus representaciones artísticas.

Cultura Romana: Elemento cultural integrado al arte bizantino.

Propaganda Imperial: Uso del arte para transmitir mensajes de poder y legitimidad imperial.

Simbología Espiritual: Uso de colores y formas en el arte bizantino para transmitir significados religiosos.


Conclusión:

El arte bizantino, que se desarrolló entre los siglos IV y XV, es una expresión rica del arte cristiano oriental, combinando la espiritualidad cristiana con la herencia cultural romana. La arquitectura bizantina, ejemplificada por la Hagia Sophia en Constantinopla, es notable por sus grandiosas cúpulas y el uso extensivo de mosaicos que creaban ambientes de luminosidad divina. Además, la pintura bizantina, con sus íconos religiosos creados por la técnica de la encáustica, desempeñó un papel central en la devoción y educación religiosa.

Los mosaicos bizantinos, hechos de teselas de vidrio de colores y dorados, no solo decoraban iglesias, sino que también transmitían una sensación de presencia divina a través del juego de luz y color. La Basílica de San Vital, en Rávena, es un ejemplo icónico de estos mosaicos. El contexto histórico del Imperio Bizantino, con su capital en Constantinopla, destacó el arte como un medio de adoración, enseñanza religiosa y propaganda imperial.

El estudio del arte bizantino es crucial para comprender la intersección entre religión, cultura y política en la historia. A través del análisis de la arquitectura, pinturas y mosaicos, podemos apreciar cómo el arte reflejaba y reforzaba los valores espirituales e imperiales del Imperio Bizantino. Este conocimiento enriquece nuestra comprensión de la historia del arte y de las influencias culturales que aún resuenan en los días actuales.



Curiosidades sobre Bizancio.


En este capítulo voy ha contároas, varias  Curiosidades sobre Bizancio  que quizás no conozcáis.  Vamos a verlo. 

1.  Bizancio fue una antigua ciudad griega fundada por colonos griegos de Megara en 657 antes de Cristo. La ciudad fue reconstruida y re-inaugurada como la nueva capital del Imperio Bizantino por el emperador Constantino I en el año 330 dC y posteriormente rebautizada Constantinopla en su honor.

2.  En 476 dC el Imperio Romano de Occidente cayó y el Imperio de Oriente sobrevivió como lo que hoy conocemos como el Imperio Bizantino.

3.   Byzantion estaba preparado para ser nombrado después de Byzas, el líder de los colonos Megarean y fundador de la ciudad. La forma "Bizancio" es una latinización del Byzantion griego.

4.  Sin embargo, "bizantina" es un término del siglo XIX que los historiadores modernos aplicaron a esta cultura. Bizantinos, por otro lado, se llamaban a sí mismos "romanos" desde el principio del Imperio Bizantino en el año 330 dC hasta que cayó a los otomanos en 1453.

5.  Los bizantinos fueron los primeros en tratar el romero para darle sabor al cordero asado . También fueron los primeros en utilizar el azafrán en la cocina. Estos compuestos aromáticos, bien conocidos en el mundo antiguo, anteriormente no habían sido considerados como ingredientes alimentarios.

6.  A los bizantinos les gustaban dulces y postres más que nada. Había platos que reconocemos hoy en día como postres como grouta, una especie de frumenty, endulzado con miel y salpicado de semillas de algarrobo o pasas, y a los bizantinos les encantaba comer arroz con leche servido con miel y canela.L a mermelada de membrillo era conocida desde la antigüedad, por los griegos y los romanos, pero en el Imperio Bizantino otras jaleas y conservas hicieron su aparición, así, sobre la base de la pera, cítrico y limón. La creciente disponibilidad de azúcar ayudó a la inventiva de la repostería. El Rose azúcar, un dulce popular medieval, que seguramente pudo haberse originado en Bizancio.

7.  Vinos con sabor, una variante de la conditum (vino con especias) romana, se hizo popular, al igual que los refrescos con sabor, que se consumen en los días de ayuno. Las versiones que fueron aromatizadas con masilla, anís, rosa, y el ajenjo eran especialmente populares; estas eran ancestros del mastikha, vermut, ajenjo, y ouzo en la Grecia moderna.

8.   Los bizantinos disfrutaron de mariscos, en concreto de un plato muy popular que llamaron "botargo", que fue salado huevas de mújol. En el siglo XII los bizantinos estaban familiarizados con el caviar también.

9.  Crímenes dentro de la corte.

Si bien el emperador elegía a su sucesor, fueron muchos los que llegaron al poder al ser proclamados emperadores por el ejército (como Heraclio o Alejo I Comneno), o gracias a las intrigas cortesanas, a veces aderezadas con numerosos crímenes. Para evitar que los emperadores depuestos y sus familiares reivindicaran el trono eran con frecuencia cegados y, en ocasiones, castrados, y confinados en monasterios. Un caso peculiar es el de Justiniano II, llamado Rhinotmetos ('Nariz cortada'), a quien el usurpador Leoncio cortó la nariz y envió al destierro, aunque recuperaríaposteriormente su trono. Estos crímenes atroces fueron sumamente frecuentes en la historia del Imperio Bizantino, especialmente en las épocas de inestabilidad política.

El emperador bizantino gozaba de un poder absoluto; sin embargo, de hecho, su autoridad estaba limitada por la tradición y los emperadores más débiles fueron dominados a menudo por algún ministro poderoso o un ambicioso patriarca. La administración pública fue, en general, eficiente y honrada.

Uno de los mayores problemas políticos se derivó de la falta de una sucesión legal al trono. Las disputas por la sucesión llenan las hojas de la historia de Bizancio. De los 109 emperadores que hubo entre 395 y 1453, sólo 34 murieron de muerte natural.

La vida en la ciudad de Bizancio era agitada y accidentada. El público se excitaba con las carreras de caballos en el hipódromo. Las disputas teológicas se transformaron a menudo en violentas y sangrientas riñas.

Florecieron la teología y la historiografía. Procopio escribió una notable historia sobre el gobierno de Justiniano. Existían excelentes bibliotecas públicas y privadas. Con ocasión del saqueo de Bizancio por los cruzados en 1204 y los turcos en 1453 se perdieron innumerables y valiosísimos manuscritos. Sin embargo, muchas obras de los autores clásicos se salvaron y contribuyeron al renacimiento de las letras en Occidente en el siglo XV.
 

10.  El enigma del fuego griego.

Fíjate en esa imagen. Claramente muestra a un hombre de la tripulación del barco de la izquierda disparando fuego contra el barco de la derecha.

Es una ilustración que aparece en el Skylitzes Matritensis, un manuscrito de la "Sinopsis de la historia" de Juan Escilitzes, que abarca los reinados de los emperadores bizantinos desde la muerte de Nicéforo I en 811 hasta la deposición de Miguel IV en 1057.


Pero… ¿Qué era?  El Fuego Griégo.

En pocas palabras, era un arma química. Y Tomás el Eslavo no fue el primero en sentir su ardor.
El empleo de materiales incendiarios en la guerra es de larga data.
Varios escritors de la antigüedad hablan de flechas encendidas, braseros de fuego y de sustancias como nafta, azufre y carbón.
Más tarde, se empezaron a usar el salitre y la trementina.

Al resultado de esas mezclas los Cruzados le llamaban "fuego griego" o "fuego salvaje".
Por la descripción de sus efectos, se piensa que debía tener petróleo, probablemente nafta, un aceite crudo ligero altamente inflamable.
También se cree que contenía otro elemento que se usaba en la época: resina de pino.
Las historias cuentan que la sustancia se pegaba a la piel o la ropa y resulta que la resina de pino es pegajosa. Además, habría hecho que la mezcla ardiera por más tiempo y a más alta temperatura.
Al parecer, las llamas sólo se podían apagar con orina, arena y vinagre.
Y decimos "debía" y "al parecer" porque aunque se sabe que existió, el arte de componer la mezcla fue un secreto tan bien guardado -de hecho era un secreto de Estado que debías llevarte a tu tumba- que su composición precisa se perdió con el tiempo.

 
Lo que se sabe.

Las historias sobre el fuego griego son tan fabulosas que bordean el terreno de la ficción pero sabemos que su efecto era devastador: una vez encendida, la misteriosa solución era capaz de engullir un barco y su tripulación en cuestión de minutos.
Calínico de Heliópolis, un refugiado judío en el Imperio Bizantino, fue quien "inventó el arte de proyectar fuego líquido" durante el mandato de Constantino IV (668-685).
La sustancia se podía lanzar con cubos, granadas o disparar a través de tubos; espontáneamente se prendía en llamas que no se podían extinguir con agua.

Es más, ardía sobre el agua.

Y el hecho de que lo pudieran lanzar valiéndose -irónicamente- de la tecnología que los romanos utilizaban para apagar incendios -bombas de aire manuales- implicaba que la feroz mezcla podía viajar encendida hasta donde estaba su objetivo a la manera de un lanzallamas moderno.
Con esos artilugios montados en las próas, los barcos griegos causaron estragos a la flota árabe que atacó Constantinopla en 673.
El fuego griego también fue empleado más adelante por Leo III el Isaurio contra un ataque árabe en 717 y por Romano I Lecapeno contra una flota rusa en el siglo X.



11.  Diferencias entre la Iglesia católica y la ortodoxa 


Una tarde de verano de 1054, después de ua discusión subida de tono con el patriarca de Constantinopla, el representante del Papa, el cardenal Humbert, entró en Hagia Sophia, principal lugar de culto de la ciudad, colocó un documento en el altar y salió de allí rápidamente.

Se trataba de una notificación de excomunión destinada a los miembros de la Iglesia, que en virtud del documento, veían cerrada su ruta al paraíso. Existe un consenso general en que este radical gesto marcó el comienzo del Gran Cisma, el momento en que la Iglesia, unida en los primeros 1.000 años de Cristianismo, se divide dando paso a la Iglesia ortodoxa y a la Iglesia católica romana.

 El momento considerado comúnmente como un punto de inflexión, fue el último paso de una fractura creciente entre el este y el oeste. La excomunión fue más bien el síntoma de las dificultades que se habían ido desarrollando con el tiempo.


Jerarquía.

Tanto la Iglesia católica occidental como la ortodoxa oriental organizan a sus representantes espirituales en tres categorías principales: obispos, sacerdotes y diáconos. La mayor diferencia entre ambas es el estatus del Papa católico romano. En la historia de la cristiandad, el obispo de Roma tuvo desde muy pronto una posición de honor basada en el significado de la ciudad y la historia.


Creéncias.

Las creencias de la Iglesia católica romana figuran en un documento de un solo volumen conocido como el Catecismo, lo que no es el caso de la Iglesia oriental.

Sin embargo, ambas se adhieren a las decisiones tomadas por los primeros Siete Concilios Ecuménicos que unieron a sus principales representantes entre 325 y 787 para acordar principios clave tales como:

Las tres formas de Dios – "El Padre" en el cielo, "El Hijo, Jesucristo" en la tierra y "El Espíritu Santo", que es la presencia de Dios en todas partes.

La capacidad de Jesucristo de ser divino y humano al mismo tiempo.

El carácter especial de María como la madre de Dios
 
El uso de iconos en la adoración.

Sin embargo, los católicos romanos y los ortodoxos discrepan sobre la naturaleza de la relación del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo. También tienen diferentes teorías sobre el significado de la Pascua, la festividad que marca la muerte y la reencarnación de Jesucristo. Para los católicos romanos, Jesús salvó al hombre y le permitió llegar al cielo sacrificando su vida en la cruz.


Liturgia.

La riqueza de las prácticas espirituales de las Iglesias occidental y oriental es tal, que desafía la categorización. No obstante, se podrían destacar algunas diferencias: mientras que los católicos romanos tienden a usar estatuas para representar a los santos, la Iglesia ortodoxa tiene una rica tradición iconográfica y pictórica.

Los católicos romanos tienden a arrodillarse en la oración, mientras que los fieles ortodoxos suelen estar de pie. Los fieles de la Iglesia occidental, normalmente, sólo reciben el pan eucarístico, que no es fragmento de un solo pan sino una hostia consagrada; en la Iglesia ortodoxa la comunión es con pan y vino, los fieles reciben del sacerdote o del Obispo un trocito de pan y vino.

Otra diferencia de mayor calado reside en el celibato; la Iglesia romana exige el celibato a su clero, mientras que muchas parroquias ortodoxas la feligresía exige que el párroco sea un hombre casado.


Calendario.

Hasta 1923, todas las Iglesias orientales utilizaron el calendario juliano antiguo (introducido por Julio César en el año 45 a.C) que en la actualidad va 13 días por detrás del "nuevo" calendario católico romano (introducido por Papa Gregorio XIII en 1582). Esto se tradujo en que las festividades eclesiásticas en el este y en el oeste se celebraban en fechas diferentes. Muchas Iglesias ortodoxas han adoptado desde entonces el nuevo calendario, lo que significa que ahora las fiestas coinciden, excepto la Pascua, que se sigue calculando según el calendario antiguo.

Espiritual y teológicamente, hay muchos más puntos que unen a las Iglesias occidental y oriental que líneas divisorias. A través de los siglos, se han realizado numerosos intentos de acabar con estas últimas… es probable que los esfuerzos en ese sentido continúen durante el tercer milenio.


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Este capítulo es el último que hablo sobre el Imperio bizantino. En él vamos ha escuchar, como se produjo la Toma de Constantinopla en el año 1453 por los Turcos otomános, poniéndo el fin ha   Bizancio y a la Edad Media también.
En los siguientes episodios nos introducirémos en el Imperio Islámico, por supuesto,  cargado de increíbles acontecimientos.
Pero ahóra volvémos a Bizancio.  Escuchémos.

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La caída de Constantinopla en 1453, el fin de la Edad Media.


La larga lucha entre los otomanos y el Imperio bizantino concluyó el 29 de mayo de 1453, cuando Constantinopla fue conquistada por las tropas de Mehmed II al término de uno de los mayores asedios de la historia. El hecho marcó el fin de la Edad Media y produjo una gran conmoción en la cristiandad. En cierto modo, cabría decir que la caída de Constantinopla causó en su tiempo un impacto comparable al que los hechos del 11-S de 2001 han tenido en nuestra época.




En la primavera de 1453, un enorme ejército otomano convergió sobre los muros de la ciudad cristiana de Constantinopla para asestar el golpe de gracia al moribundo Imperio bizantino.

Desde hacía más de un siglo, los otomanos, un pueblo turco originario de Asia central, habían avanzado firmemente, arrebatando territorio, mano de obra y recursos a los bizantinos grecoparlantes, hasta que lo único que quedó de Bizancio fue la propia Constantinopla, su capital. Ahora, el sultán Mehmed II pretendía conquistar la ciudad para el Islam. Tras las murallas esperaba Constantino XI, que se había pasado la vida resistiendo a los otomanos y estaba decidido a combatir hasta el fin.

El emperador bizantino se enfrentaba a un ejército compuesto por un mínimo de cien mil hombres. En comparación, las fuerzas bizantinas eran escasas —unas fuerzas mixtas de 8.000 soldados entre griegos, venecianos y genoveses, más algunos de Aragón y Castilla—, y la defensa organizada por el soberano se veía menoscabada por las disputas religiosas históricas entre la población griega ortodoxa y los católicos fieles al papa.



Las murallas más poderosas.

La principal baza de Constantino era la propia ciudad. Con forma aproximada de triángulo y un perímetro de diecinueve kilómetros, dos de sus lados estaban rodeados por agua y el tercero, de seis kilómetros de longitud, estaba protegido por las fortificaciones más formidables del mundo medieval. La muralla de Teodosio se alzaba desde el siglo V y estaba compuesta por cinco estratos defensivos: una doble muralla con 192 torres, un foso y dos zonas expuestas que el enemigo debía cruzar bajo un fuego intenso.


En sus 1.100 años de historia, la ciudad había vivido veintiséis asedios, y ningún atacante había logrado superar aquellas murallas; en 1204, los cruzados conquistaron Constantinopla asaltando las murallas marítimas, no las teodosianas. Además, Constantino estaba encantado porque un genovés especialista en asedios, Giovanni Giustiniani, había llegado para dirigir las operaciones defensivas.


Desde las murallas, los defensores de la ciudad veían el campamento otomano a sus pies, extendiéndose de costa a costa; un espectáculo imponente de millares de hombres, tiendas, animales y provisiones. Lo más alarmante era que el enemigo había desplazado un número de cañones sin precedentes. Mehmed había reunido 70 de ellos, incluido un supercañón enorme, bautizado como Basílica, que fue transportado desde la ciudad de Edirne, a 225 kilómetros de distancia, y que estaba diseñado tanto para bombardear las murallas como para aterrorizar a la población. El 12 de abril, los cañones comenzaron a tronar. La guerra había empezado.


El castigo de la artillería.

El efecto de los bombardeos fue devastador. Las murallas que habían resistido siglos de ataques empezaron a desmoronarse. Para los defensores, los efectos psicológicos del bombardeo fueron tan graves como sus daños materiales. El ruido y la vibración de las baterías de cañones, las nubes de humo y los demoledores impactos en las murallas consternaban a los más curtidos defensores. La población civil lo consideró una señal del Apocalipsis y corrió a rezar a las iglesias. De repente, parecía que las grandes murallas que habían defendido la ciudad durante un millar de años habían quedado obsoletas.

El bombardeo se prolongó durante días. Sin embargo, tras la conmoción inicial, los defensores recobraron el ánimo y Giustiniani improvisó una solución ingeniosa frente al poder destructivo de los cañones.

Ayudado por el pueblo, construyó barreras improvisadas con piedras, matorrales y mucha tierra, culminadas con barriles llenos de más tierra para las almenas. Los terraplenes resultantes neutralizaban asombrosamente bien el impacto de los proyectiles de piedra, que eran amortiguados por la tierra, como cuando se lanzan piedras contra el barro. Pequeños grupos de asalto actuaban de noche, retirando los cascotes caídos para evitar que los otomanos construyeran un puente. Cuando éstos lanzaban algún ataque sorpresa, eran acribillados con arcos, ballestas y armas de mano primitivas.

Mehmed necesitaba actuar con rapidez. No podía mantener a su gran ejército indefinidamente ante las murallas. Sus tropas no habían llegado allí impulsadas sólo por el espíritu del yihad, sino también con la intención de saquear una ciudad considerada inmensamente rica. Las esperanzas de Constantino XI se concentraban en la llegada de una flota de apoyo desde Italia. Sin embargo, lo que el 12 de abril contemplaron los defensores de la ciudad fue una imponente flota otomana recién construida y enviada para bloquear las vías marítimas de suministro de la capital bizantina.

Una semana después, tres grandes veleros genoveses arribaron por la desembocadura del Bósforo, cargados de provisiones y de hombres. Era evidente que tendrían que abrirse paso combatiendo. La nueva flota otomana, formada por galeras bajas y rápidas, corrió a interceptarlos, pero desde las cubiertas y mástiles de los altos veleros cayó sobre las naves otomanas una formidable lluvia de flechas que les impidió abordarlos. Desde la orilla, Mehmed vio con rabia e impotencia cómo su flota era humillada por aquellos barcos, que pudieron entrar en el puerto bizantino del Cuerno de Oro, que se cerraba con una gran cadena.

En la guerra psicológica, los cristianos interpretaron estos sucesos como una señal divina de su próxima victoria mientras que los ánimos decayeron en el campamento otomano. Pese a ello, los cañones seguían disparando. Los defensores trabajaban sin descanso para reparar sus murallas y los otomanos lanzaban ataques nocturnos que eran repelidos, aunque a cada asalto el número de defensores iba menguando y aumentaba el cansancio.

Mehmed, aún dolido por la derrota naval, estaba decidido a neutralizar la flota cristiana del Cuerno de Oro. Sus naves realizaron varias incursiones con la intención de romper la cadena y atacar el puerto, sin éxito. Aun así, tenía la enorme ventaja de disponer de una cantidad ingente de hombres y resolvió el problema con un plan audaz. En gran secreto, instaló un camino de rodillos de madera engrasados desde su puerto hasta la parte alta del Cuerno de Oro y lo usó para trasladar, por tierra y en plena noche, 70 embarcaciones de su flota. La mañana del 22 de abril, los defensores de Constantinopla vieron horrorizados que las galeras otomanas eran echadas al agua, listas para acechar a la flota cristiana.


El asalto final.

Quedaba claro que aquella batalla iba a librarse a muerte y que el asedio se aproximaba a un punto crítico. La atmósfera en ambos bandos era febril. La población de Constantinopla estaba alarmada porque una vieja profecía decía que la ciudad jamás podría ser tomada con luna creciente; por eso, la noche del 24 de mayo, cuando la luna empezó a menguar, el miedo se apoderó de la gente.

Los que contemplaban la luna aquella noche quedaron perplejos porque sólo tenía una parte visible, consecuencia de un eclipse parcial, lo que interpretaron como un terrible presagio, lo que supuso un duro revés para los esfuerzos de Constantino por mantener la moral de los sitiados. Al día siguiente ordenó sacar en procesión el icono más sagrado de la Virgen que había en la ciudad, para levantar los ánimos. Sin embargo, las cosas empeoraron. Una violenta tempestad sorprendió a quienes participaban en el ritual, y el icono resbaló de hombros de los porteadores y cayó al fango, lo que terminó con la procesión.

La mañana siguiente se vieron extraños efectos de luz alrededor de la cúpula central de Santa Sofía. Los aterrorizados habitantes creyeron que Dios había abandonado definitivamente su ciudad. Una delegación visitó al emperador para suplicarle que huyera y que or

El 27 de mayo, Mehmed se preparó para el asalto definitivo, mentalizando a sus hombres para una batalla a vida o muerte. Durante tres noches seguidas ordenó que encendieran hogueras a lo largo de la línea del frente. Desde las murallas, los defensores podían ver un anillo de llamas ante el campamento enemigo, mientras oían rítmicos cantos. Los cristianos colocaron sus iconos en las murallas para elevar su moral y rogar protección divina. La tarde del 28 de mayo, todos se congregaron en Santa Sofía por última vez, en una demostración de unidad que por fin concilió a ortodoxos y católicos. Todos se abrazaron y regresaron a sus puestos. Constantino y Giustiniani colocaron a sus tropas entre la muralla interior y la exterior, y cerraron las puertas de la ciudad. No podían retroceder. Gran parte de la población civil se reunió en la vasta iglesia de Santa Sofía para rezar.

Antes del amanecer del 29 de mayo, entre el ruido de tambores, cuernos y campanadas, los otomanos empezaron a lanzar constantes ataques en oleadas. Todos caían al pie de las murallas. Los defensores se mantuvieron firmes durante horas, pero el peso del número empezaba a decantar la balanza.


Un desenlace trágico.

Fue la mala suerte lo que al final resquebrajó la defensa cristiana. Tras días combatiendo, Giustiniani resultó gravemente herido y, viendo que no podía seguir luchando, pidió a Constantino permiso para retirarse. El emperador aceptó a regañadientes. Cuando los soldados vieron que su gran comandante abandonaba la batalla, su moral se derrumbó. Todos echaron a correr hacia las puertas de la ciudad y los otomanos pudieron atravesar las murallas y asaltar las calles, asesinando y saqueando. Abrieron las puertas de Santa Sofía a la fuerza y todos los que estaban en su interior fueron esclavizados. Mehmed hizo una entrada triunfal en la ciudad. Constantino debió de caer en combate; su cuerpo jamás fue encontrado.

El asedio y la toma de Constantinopla marcaron el final de la Edad Media. Supusieron el fin del mundo clásico, la llegada definitiva de los otomanos a la arena europea y el avance de la tecnología de la pólvora. La aflicción embargó a toda la Cristiandad. Constantinopla había sido la ciudad fundacional del cristianismo, la creían eterna. Los relatos de la época evidencian que la gente recordaba dónde se encontraba cuando se enteró del desastre. "¿Qué es esa execrable noticia que nos llega sobre Constantinopla? —escribió el erudito Eneas Silvio Piccolomini al papa—. Me tiembla la mano mientras escribo". En cierto modo, cabría decir que la caída de Constantinopla causó en su tiempo un impacto comparable al que los hechos del 11-S de 2001 han tenido en nuestra época.










EL IMPERIO ISLÁMICO.

    Antes de la aparición del islam, los habitantes de la península arábiga estaban divididos en tribus nómadas que se desplazaban por el gr...